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El mes de mayo representa una nueva temporada para nuestras vidas; se inician las lluvias, los campos retoman su color verde esperanza, los agricultores preparan la tierra para sembrar y posteriormente cosechar, mes dedicado a la Virgen María y a las madres.

La madre, ser súper especial, único e insustituible que Dios nos ha dado para que nos ame y la amemos, para que nos proteja y la protejamos, en fin, para que nos críe, forme y guíe en la vida. Dios le asigna una gran importancia a la madre, tan es así, que el primer mandamiento con promesa que dicta es: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tengas larga vida y te vaya bien en todo” (Éxodo 20:12).

En esta ocasión, Raúl nos quiere compartir sus sentimientos acerca de lo que para él representó su mamá, y sería de mucha bendición para nosotros si ello contribuye a acercar a quienes por alguna circunstancia puedan estar distanciados de su madre.

Mi madre se caracterizaba por el amor intenso y permanente que le tenía a mi padre, a mis hermanos y a mí. Fue una mujer trabajadora, se encargaba de los quehaceres de la casa, y se dedicaba a la costura, además nos atendía, era abundante en amor, trabajo, dedicación, disciplina, sacrificio, armonía y paz.

No recuerdo nunca una discusión en mi casa, nunca gritos o maltratos, jamás recriminaciones o quejas por lo que cada quien hacía. Nunca lamentos por limitaciones económicas, aunque las hubiese; tanto mi padre como mi madre nos legaron ese ejemplo.

El resultado de ese estilo de crianza fue una enorme seguridad y una gran confianza en mis padres y en mí mismo, fui buen alumno, me daban reconocimientos al final del año lectivo, etc.., tenía una estima personal muy alta.

Como ya lo he compartido en otras ocasiones, mi madre falleció muy joven (36 años), cuando yo tenía 9 años, ese día mi vida tomó un nuevo rumbo.

Su muerte marcó profundamente mi vida, para mí significó la pérdida de la persona que más me amaba, que me hacía sentirme amado, protegido y seguro; la pérdida de la persona que yo más amaba y admiraba; la pérdida de la familia; la apertura de un abismo profundo en mí corazón, el vacío creado por su ausencia física; la pérdida de la estabilidad. A partir de ese día tomé conciencia de que en cualquier momento te podías morir y, por lo tanto, tenías que vivir la vida ese día; perder el norte y por ende, el propósito para mi vida; perder la fe y la confianza en Dios, empecé a culpar a Dios por la muerte de mi madre, a recriminarle y echarle en cara permanentemente esa muerte.

Lo que estamos tratando de transmitir queridas amigas y amigos, es que madre solo hay una, hay que cuidarla, apapacharla, que este mes de mayo represente un cambio en la relación con ella, que todos los meses sean mayo.

Pídale a Jesús que le apoye para vencer cualquier obstáculo que se interponga entre usted y ella. Dígale desde el fondo de su corazón: Jesús mío, le acepto como mi Señor y Salvador, le pido que me ayude a saber ser un buen hijo o hija, a honrar a mi madre como usted manda.

 

Queremos saber de usted, le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com