Jorge Eduardo Arellano
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Madrid / El País

El virus VIH, pese a que los primeros casos de la enfermedad que provoca, el sida, no fueron identificados hasta 1980, estaba ya circulando por África al filo del siglo XX, según la historia evolutiva que han logrado rastrear unos biólogos estadounidenses a partir de una insólita muestra del virus, de 1960.

Sólo se conoce una más antigua, de 1959, y, de momento, ninguna más hasta 1976, explican en ‘Nature’. La muestra clave es una de una colección de 813, de 1958 a 1962, conservadas en parafina y custodiadas ahora en la Universidad de Kinshasa. Ésta en concreto era de una biopsia de nodo linfático de una mujer adulta; la de 1959 era una muestra de plasma sanguíneo de un hombre también de la actual Kinshasa.

Al margen de la anécdota, lo interesante del análisis de Michael Worobey (Universidad de Arizona) y sus colegas es que al estudiar las diferencias genéticas entre estas dos cepas prehistóricas (muy anteriores a la erupción de la pandemia del sida), se ha podido determinar que tuvieron un virus ancestral común en torno a 1900 -y no 1930, como se pensaba.

Ambas cepas son del VIH 1, grupo M, pero sus secuencias genéticas difieren aproximadamente en un 112%. “Las secuencias del VIH-1 anteriores a la identificación del sida son críticas para definir el momento de su origen y la escala de tiempo de la evolución del virus”, dicen Worobey y sus colegas. Y recuerdan que el reservorio ancestral del virus sigue existiendo en poblaciones de chimpancés salvajes de África.

El origen del VIH sería por salto natural del virus de una especie a otra, seguramente por exposición humana a sangre de chimpancés sacrificados para consumo.

¿Si el VIH estaba en África décadas antes de 1980, por qué explotó la pandemia entonces? “Dada la batería de diferentes características sintomáticas del sida y el periodo asintomático a menudo largo tras la infección, es fácil imaginar por qué la epidemia pasó inadvertida al principio”, consideran Paul M.Sharp y Beatrice H.Hah, que comentan en Nature el trabajo de Worobey.

Pudieron pasar décadas de lenta transmisión del virus entre humanos sin que se reconociera. Y la explosión de la enfermedad debe ir asociada al caldo de cultivo que suponen las concentraciones de población al surgir las metrópolis africanas.