Jorge Eduardo Arellano
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Madrid / El País

Dos laboratorios desmantelados, 1.8 millones de dosis de anabolizantes y hormonas de crecimiento interceptadas, y 18 detenidos en siete provincias son los resultados de la Operación Universo, una de las más importantes de la Guardia Civil en 2007.

Es sólo el dato más cercano del tráfico de medicamentos falsos, de graves consecuencias para la salud. En 1998 fallecieron 89 niños en Haití por un jarabe adulterado, y en Nigeria murieron 2,500 personas por la inoculación de vacunas falsas de meningitis. La falsificación de medicamentos es un negocio en auge que representa el 10% del volumen mundial de medicamentos --menos del 1% en los países desarrollados, y más del 40% en los menos desarrollados-- valorado en 45,000 millones de euros.

En los países desarrollados se venden más los medicamentos relacionados con el bienestar, la obesidad, la alopecia y la disfunción eréctil, anabolizantes hormonales y productos milagro; en los menos desarrollados, los más falsificados son tratamientos contra dolencias como la malaria, el cáncer y las enfermedades infecciosas. La mayoría se produce en China, se compra por Internet y se remite por correo o mensajería, lo cual dificulta su incautación.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un medicamento falsificado es aquel que está etiquetado indebidamente de forma deliberada o fraudulenta en cuanto a su identidad o fuente. Puede ser de marca o genérico, y la falsificación puede consistir en alterar la composición o incluso no contener ningún principio activo. A principios de 2006, en Holanda se confiscaron cápsulas de oseltamivir (Tamiflu) que no lo tenían.

Un estudio de la Alianza Europea para el Acceso de Medicamentos Seguros de 2008 revela que más del 95% de las farmacias virtuales investigadas opera de forma ilegal, y que el 94% no cuenta con un farmacéutico identificable.

En la UE es raro encontrar medicamentos falsos en el canal legal de distribución, y en España en el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos no conocen ninguno. 'Nuestro Sistema Nacional de Salud es lo bastante eficiente y eficaz como para que sea prácticamente imposible la falsificación. Desde la producción a la comercialización, todo son garantías, y lo demás es frivolidad', advierte su presidente, Pedro Capilla.

Reunión en Nigeria
Los próximos meses van a ser clave para armonizar algunos de los puntos que hoy se demandan. A finales de octubre se reúne en Nigeria el grupo de trabajo de Infraestructura Reguladora y Legislativa de la Agrupación Médica Internacional de Medicamentos Falsificados (IMPACT, en sus siglas en inglés; www.who.int/impact/en), una entidad de la OMS creada en 2006 para fomentar la coordinación entre los países y frenar la producción, el comercio y la venta de medicinas falsas.

En torno a estas fechas, la Comisión Europea presentará un paquete de propuestas legislativas sobre mercado farmacéutico y farmacovigilancia, que incluirán, entre otras, la Estrategia de medicamentos falsos y de información a pacientes.

Anfetamina en vez de Viagra
David Shore, director adjunto y responsable de Seguridad Global para Europa, Oriente Próximo y África de la farmacéutica Pfizer, conoce muy bien los trucos y habilidades de los falsificadores de medicamentos. Lleva tres años trabajando en esta compañía, pero los 20 anteriores lo hizo en Scotland Yard, donde trabajó en distintos departamentos del crimen organizado.

Ahora tiene bajo su responsabilidad evitar, entre otras, la falsificación de uno de los fármacos más copiados y lucrativos, como es sildenafilo o Viagra, indicado para la disfunción eréctil en pacientes con diabetes, enfermedades cardiovasculares o paraplejia.

Según sus datos, por cada pastilla original hay una falsificada. 'El objetivo en el departamento es prevenir, detectar e investigar las posibles falsificaciones. Nuestro trabajo se basa, por una parte, en acciones proactivas. A partir de la observación, la vigilancia de las páginas web, se contacta con las cámaras de comercio, la policía o la aduana, y una vez que disponemos de los datos los presentamos a la autoridad correspondiente si procede. También actuamos de forma reactiva, a partir de la demanda', explica.

Shore recuerda entre las incautaciones más llamativas una de sildenafilo en la que unos comprimidos tenían una dosis tres veces superior a la correspondiente y otros contenían anfetaminas o éxtasis. En otra, esta vez con atorvastatina (un fármaco para el colesterol), se incautaron de 19.400 kilos de comprimidos en el aeropuerto de Heathrow, de Londres. Esta vez había ocho productos de cinco compañías diferentes, siete de ellos falsos y uno verdadero. 'La falsificación de medicamentos no es sólo un problema de Pfizer, sino que afecta a todas las compañías farmacéuticas, a las administraciones y otras entidades, y es una amenaza para la vida humana', insiste.