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En la pintoresca ciudad colonial de Granada, Nicaragua, los residentes vigilantes que observan de cerca a sus vecinos, conocen a la enigmática mujer como Doña Anita, una peluquera ocasional con muy mal carácter.

Ellos la describen como una noctámbula propensa a maldecir, que compra Coca-Cola por cajas y ve películas subidas de tono, con el volumen tan alto, que los mantiene despiertos por la noche.

El FBI en Miami la conoce como Ana Sol Alliegro, una consultora política y potencial testigo clave en una investigación federal por corrupción sobre si el ex representante federal David Rivera estaba relacionado con una campaña para el Congreso financiada ilegalmente.

En Miami, Alliegro tiene la reputación de ser una asistente política errática, una candidata que ha fracasado tres veces, que se describe a sí misma en Twitter como una “¡Gurú Política Republicana y una Chica Mala Conservadora!”.

Cuando en el otoño pasado se convirtió en el centro de la investigación de su amigo por muchos años, Rivera, Alliegro desapareció.

La consultora reapareció en Granada, donde ha estado viviendo por meses, aspecto este que solo añade a su notoriedad.

Los vecinos, quienes dicen que están tan atemorizados por ella --que piden que no se les identifique por su nombre--, cuentan que ella rompió las ventanillas del auto de su examante y trató de quemar su parabrisas después de acusarlo de haberla agredido sexualmente.

Ocasionalmente, los locales la han visto por la ciudad con Rivera, a quien identificaron rápidamente en fotos que les mostró un reportero del Herald: “¡Ah, Don David!”.

Alliegro, de 43 años, negó todo en una entrevista de la semana pasada con The Miami Herald, desde las despectivas versiones de su comportamiento a haber recibido alguna visita de Rivera.

“Escriba lo que quiera”, dijo Alliegro.

‘Don David’

Alliegro se convirtió en el objetivo de una investigación federal después de que The Miami Herald y El Nuevo Herald dieron a conocer su papel como administradora de facto de la campaña transgresora de la ley, del candidato al Congreso Justin Lamar Sternad.

Sternad, un novato en la política, admitió en febrero, después de que se le acusó en una Corte Federal, que recibió US$81,486 en contribuciones ilegales —y ayuda de “cómplices” no mencionados— en su campaña de primarias en contra de su correligionario demócrata Joe García, un rival de Rivera, y quien posteriormente ganaría la elección general.

Los proveedores de materiales para las campañas dijeron que Alliegro y Rivera eran los conspiradores, aunque ambos lo niegan. Está programado que Sternad sea sentenciado el 3 de junio.

Alliegro se fue a Granada en algún momento en el otoño, después de que The Herald informó que ella le entregó efectivo y cheques a John Borrero, el dueño del negocio de correo que imprimió los volantes de la campaña de Sternad.

En septiembre, el FBI entró en su casa y confiscó su computadora. Alliegro tenía programado reunirse el 6 de septiembre con agentes federales, pero nunca apareció. Los fiscales han obtenido una grabación hecha por Alliegro en un auto en que ella y Rivera discuten la campaña de Sternad.

En Granada, Alliegro insistió la semana pasada en que ella trató de disuadir a Sternad de aspirar al Congreso, y lo urgió a postularse para un cargo municipal. Agregó que no recuerda haber hecho alguna grabación de ella y Rivera (“No tengo idea o recuerdo (de) haber estado en alguna ocasión con el ex representante en un auto”) e insistió en que ella no siguió las órdenes de Rivera en la campaña de Sternad.

“David es mi amigo personal”, dijo. “Nunca hemos trabajado juntos”.

Rick Yabor, quien representa a Sternad, expresó que la grabación sí existe, y que él y su cliente la escucharon en su totalidad acompañados de las autoridades federales.

“Ambos la escuchamos”, afirmó Yabor. “Pero no voy a discutir los detalles específicos”.

Al Lorenzo, un consultor político, le dijo a El Nuevo Herald recientemente que agentes del FBI le mostraron la grabación, y que en ella él reconoció la voz de Rivero, y cree que Alliegro también estaba en la grabación, “porque ella usó muchas palabrotas”.

Alliegro también negó haberle pagado a Borrero, la persona que hizo los volantes de campaña. “Para nada”, aseguró.

El FBI no ha hablado aún con ella, agregó Alliegro, aunque dice que ellos sabrían dónde contactarla.

“No soy una idiota, ellos siempre saben dónde estoy”, dijo Alliegro. Por ejemplo, agregó, ella fue a la embajada estadounidense en Managua para renovar su pasaporte.

Con su cabello rubio teñido y corto, y con un cigarrillo en su mano izquierda, Alliegro declinó inicialmente que la entrevistaran, cuando respondió a la puerta de su casa en una esquina de la Calle Real Xalteva.

Sin embargo, el mismo día, ella habló largo rato por teléfono con un reportero, y acusó a sus vecinos y conocidos de Granada de mentir, comenzando con las visitas de Rivera.

“David nunca ha venido a verme”, dijo Alliegro a The Herald.

Para corroborar su historia, Alliegro puso al teléfono a su sirvienta de tiempo completo, Luz Marina Ruiz.

Ruiz contradijo a Alliegro.

“Ah, Don David”, expresó Ruiz en español. “El año pasado vino por las fiestas de Navidad, y estuvo aquí hace poco. Él ha venido varias veces”.

Al preguntarle por la discrepancia, Alliegro ofreció volver a pasar a Ruiz al teléfono, para que la sirvienta pudiera cambiar su historia.

Los registros de inmigración de Costa Rica muestran que Rivera ha cruzado la frontera nicaragüense —a unas dos horas de Granada— varias veces este año, en una ocasión con Alliegro. Ella y Rivera ingresaron a Nicaragua por el paso fronterizo de Peñas Blancas el 1 de marzo, con 26 segundos de diferencia.

Su último cruce ocurrió el 23 de abril. No está claro por qué Rivera viajó a Nicaragua a través de Costa Rica, en vez de volar directamente a Managua. Rivera no respondió a una solicitud para que comentara sobre este reporte. Dale Trusty, una miamense que reside a tiempo parcial en Granada, señaló que cuando se encontró por primera vez con Alliegro en un café de Granada, ella esperaba una visita de Rivera.

“La vi con ese representante varias veces, y ella estaba bien vestida, parecía feliz y se veía bien”, dijo Trusty, quien agregó que Alliegro nunca le presentó a Rivera. “Ella comentó que era su novio”.

Sin embargo, Trusty expresó que el resto del tiempo Alliegro parecía atribulada. “La joven estaba estresada”, agregó. “Y aun así era muy inteligente”.

Aunque Rivera y Alliegro son el foco de una investigación federal, el hecho de que él la visite en Nicaragua no es legalmente problemático, a menos que la aconseje o le diga cosas que pudieran obstruir la investigación del FBI, de acuerdo con personas familiarizadas con el caso. Lo mismo se podría aplicar a las interacciones de ella con él.

Tampoco hay nada que prevenga a los agentes del FBI que viajen a Nicaragua para interrogar a Alliegro si ellos desean hacerlo. Normalmente, ellos harían arreglos con las autoridades de ese país antes de reunirse con ella, dijeron personas que conocen el caso.

Pagando el alquiler

Parientes del propietario de la casa en donde vivía Alliegro, en Granada, dijeron que Rivera pagó el alquiler mensual de US$300 de Alliegro, cuando ella vivió durante varios meses en una lóbrega habitación en una vivienda en la Calle La Libertad. Aunque Alliegro se mudó hace semanas, Rivera aún le debe dinero al propietario, señalaron los parientes, quienes pidieron que no se les identificara.

El propietario, Moisés Sánchez, quien reside en Toledo, Ohio, no respondió a solicitudes para un comentario, aunque su esposa indicó que a ella le suena familiar el nombre de Rivera.

Alliegro calificó de “mentirosos” a los parientes del propietario, al decir que trataron de elevarle sus cuentas de servicios públicos, y que le deben dinero por renovaciones que ella hizo. Ella negó que Rivera pagara su alquiler.

“¿Por qué lo haría?”, preguntó Alliegro.

Después que llegó a Granada, Alliegro abrió por un corto tiempo una peluquería en la Calle La Libertad, junto con su sirvienta. Agregó que aún recibe a clientes en su nueva casa. Ella está buscando subarrendar una habitación por US$400 mensuales, de acuerdo con un aviso que colocó en Craigslist en Nicaragua.

Desde afuera, la casa parece mejor que sus alojamientos previos.

Durante meses, Alliegro vivió detrás de las dobles puertas azules en una deprimente habitación, con ventanas de celosía, que se abrían hacia un atestado patio que compartía con el Proyecto La Pulsera, una organización sin fines de lucro que promueve artesanías hechas por jóvenes nicaragüenses, quienes a menudo pasan la noche en el taller. Ellos, recientemente, pintaron la fachada de color verde neón.

Dos miembros de la organización sin fines de lucro, José Antonio Calero Dixon y Marcos Antonio Cajina González, dijeron que Alliegro era una vecina combativa que se mantenía despierta toda la noche, raramente salía y hacía que le enviaran sus comidas, y Coca-Colas por docenas o que las recogiera Ruiz. En ocasiones salía olor a marihuana de la habitación de Alliegro, comentaron ellos.

“Ella parecía loca, esa mujer”, expresó Calero.

Sus ventanas estaban siempre cerradas, añadió, aunque los vecinos podían escuchar con frecuencia sus conversaciones, a todo pecho y a menudo vulgares.

“Sólo se oía f..., f…, f…”, dijo Calero, repitiendo la palabrota en inglés.

Alliegro y Ruiz, su criada, señalaron que eran los miembros de la organización sin fines de lucro quienes fumaban marihuana y no las dejaban dormir.

“Ellos hacían ruido todo el día y toda la noche”, afirmó Alliegro. “Eso me estaba afectando los nervios”.

Alliegro hizo caso omiso de los relatos de dos personas que expresaron que ella había intimidado a un examante, a quien acusaba de haberla asaltado sexualmente, al tratar de romper dos ventanillas de uno de los carros de él y prender fuego al parabrisas del otro auto. Un vigilante en la plaza principal de Granada dijo a The Herald que él fue testigo de ambos incidentes, que ocurrieron en medio de la noche. El caso se ha vuelto tema de discusión en el pueblecito, donde otras personas dijeron a The Herald que habían oído hablar de eso.

“Son unos chismosos”, expresó Alliegro, quien señaló que el dueño de los carros era un “asociado” suyo, pero luego afirmó: “Él nunca fue nada mío”.

No se presentaron cargos por los incidentes de los carros, y los cargos de asalto sexual parecen haber sido retirados, dijeron los vecinos del lugar.

Alliegro ha tenido encontronazos anteriores con la ley. Pasó un fin de semana en la cárcel, el año pasado, luego de que la Policía de Miami la recluyó por una vieja orden de arresto por manejar con una licencia suspendida. En 2009 fue arrestada por robarse un par de sandalias de una tienda.

Y en 2007 fue arrestada por una disputa con su exesposo Moshe Cosicher, durante la cual se alega que ella se sentó desnuda en un escritorio con la pierna en alto, comparó una pistola que tenía en la mano con un pene y le disparó, aunque no le dio.

Alliegro, quien es madre soltera, dijo que vino a Granada para evitar que los reporteros acosaran a su familia en Miami.

“Fue algo barato”, expresó, y agregó que tiene intenciones de regresar en algún momento no especificado.

La gente que habla de su vida en Granada, insistió Alliegro, están mintiendo.

¿Por qué iban a hacer eso?

Porque conocen su pasado, dijo: “La gente me puede buscar en Google”.

El reportero político de The Miami Herald Marc Caputo contribuyó a este artículo desde Miami, y el corresponsal especial Tim Rogers contribuyó desde Nicaragua.