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Natalia Ismael, una miskita de Bilwaskarma, comunidad asentada sobre la ribera del río Coco, en Waspam, lleva un reporte fidedigno de todo lo que allí ocurre. El 25 de marzo pasado --anotó Ismael en su diario-- hubo tres balaceras entre los hombres de su comunidad y los colonos hondureños que viven en la otra margen del río. La razón: una porción de tierra de 44 km cuadrados que se disputan los pobladores de ambos países, donde los nicas cultivan y los hondureños meten ganado.

Según los miskitos, para entender la historia hay que remontarse a octubre de 1998, cuando el destructivo huracán Mitch arrasó con varias de las comunidades localizadas en la ribera del río.

Cuentan los comunitarios que el Coco, que sirve de frontera entre Nicaragua y Honduras, daba una especie de vueltas justo frente a sus comunidades. Para ilustrarlo mejor, sacan un mapa y ubican Bilwaskarma y Saupoka. Se ven tres dedos. Son las tres vueltecitas que daba el entonces caudaloso río.

Pero vino el Mitch y el río se desvió en línea recta, quedando esas tierras que en el mapa parecen tres dedos, de lado hondureño, a modo de islotes. Entonces la situación no pasó a más, los miskitos continuaron cultivando en tierra hondureña, como lo han hecho ancestralmente debido a la infertilidad del suelo en esos lados.

la raiz del conflictoSin embargo, desde hace dos años, agricultores y ganaderos hondureños han llegado a asentarse y ha surgido el conflicto, que llegó a su máximo nivel el pasado 25 de marzo, tal como lo tiene registrado Natalia Ismael en su cuaderno, una suerte de diario comunal.

Ese día, entre 60 y 70 hombres de Bilwaskarma cruzaron el río, pero no para cultivar el arroz, los frijoles y los plátanos que siembran de ese lado de la frontera.

Y aquí, la historia

“El varón siempre andaba amenazando a los civiles, tirando balas. Los cayucos se perdían, se quebraban, el pueblo reclamó: ¿por qué (hace eso)? El varón dijo: A mí nadie me puede decir nada. Nos vamos a entender a plomo. Se presentó con unos militares”, relata el wihta de Bilwaskarma, Eliseo Santiago Tuckler.

El varón a quien el juez comunal se refiere, es un hacendado que llegó a la zona recientemente con varias decenas de cabezas de ganado, y a quien identifican como Luis Castillo.

“Para morir con hambre, mejor morir defendiendo”, agrega el wihta, cuya comunidad está compuesta por 1,110 habitantes, y se ubica a unos 45 minutos de Waspam en carretera.

Entre un grupo de hombres reunidos cerca de la única escuela de la comunidad, la mayoría líderes y apenas una mujer, Natalia Ismael, el wihta continúa el relato.

“Salimos de aquí, porque ¿sabe cuántos desempleados hay? Apenas el 2% de nosotros está empleado. Los demás vivimos de la tierra… Y entonces cruzamos. Como 60 o 70 elementos cruzaron con machetes, huleras, algunos con escopetas o rifles, pero con poquitos tiros. Ellos tenían AK, M16, armas calibre 22, Uzi, pero no aguantaron, entonces desertaron”, continúa en un español bastante complicado.

En el diario de Natalia Ismael está escrito que hubo tres “grandes peleas”. Una a las 8:00 a.m., otra a las 10:00 a.m. y una última a la 1:00 p.m. Los miskitos quemaron la casa del hondureño y se trajeron algunas vacas.

“Ganado trasladamos como 11 nomás. Fue peor el daño que le hicieron a nuestra siembra. Regresamos seis (vacas), dos caballos y una mula”, vuelve el wihta.

Sin embargo, los miskitos se quejan de la pasividad policial, e incluso sugieren que el jefe de la Policía de Waspam, capitán Leflys Molina, favorece a los hondureños.

El jefe policial se defiende. “El problema es que entre la etnia miskita se considera que no hay frontera, que la tierra la puede cultivar el miskito nicaragüense y el hondureño, pero no el colono. Hace un tiempo vino un olanchano y se ubicó entre Bilwaskarma y Saupoka, con unas 500 cabezas de ganado”, explica Molina.

Según el jefe policial, la situación empezó a tensionarse el año pasado, cuando unos nicas fueron acusados por abigeato.

“El hondureño llevó dos soldados y dijo: ‘Aquí nadie va a pasar’. Entonces se armaron y hubo un enfrentamiento. Luis Castillo resultó herido de manera superficial en la frente, y ellos saquearon todo. Antes, el wihta había interpuesto una denuncia por amenazas contra Castillo. Le dimos curso y el caso se remitió a Puerto Cabezas”, agregó el capitán Molina.

Efectivamente, agregó el jefe policial: “El Mitch cambió el curso del río, pero ni el Ejército ni la Policía va a entrar allí, se los hemos explicado, pero no entienden. Esas cosas deben arreglarse a un nivel más alto”.

Su subsistencia

Erick Ismael es un hombre de 65 años que aparenta 80. Justo ahora camina hacia la costa del Coco para subirse a un pipante, tal como lo hacen otras personas. Con un machete en una mano y un remo en la otra, baja con dificultad la loma y llega al playón con el fin de cruzar la frontera natural que es el Coco, para ver cómo está su cultivo de frijoles y de plátano.

Este señor tiene sus plantaciones en el terreno que disputan los miskitos y los hondureños, como la mayoría de habitantes de Bilwaskarma y de Saupoka. “Para nosotros antes era mejor porque teníamos dos lugares donde trabajar, aquí, en esas tierras que ahora dicen que son de ellos, y en Honduras”, lamenta.

Río arriba, en Kizalaya, Capistrano Dublón, síndico de esa comunidad, comenta con indignación que los catrachos “hacen potreros encima de nuestros cultivos”.

Tensa situación

Días después del incidente armado entre miskitos y hondureños, se reunieron en Waspam autoridades militares, municipales, los comunitarios y el hondureño Luis Castillo, quien solicitó que se le devolvieran cuatro motosierras, un televisor, una computadora, una panga, y un motor fuera de borda de 60 caballos de fuerza. Aunque tensa, la situación está estable.

Alcalde: urge una negociación bilateral

El alcalde de Waspam, Alex Fernández, sostiene que desde el inicio del conflicto han acompañado a los comunitarios. “Nosotros como autoridad lo que hacemos es dar acompañamiento, pero al ver que la siembra fue afectada por los hondureños, los comunitarios tomaron decisiones propias. Hemos tratado de calmar a la gente”.

Fernández lamenta que el Gobierno central esté más ocupado en los conflictos limítrofes con Costa Rica, y dice que este problema requiere de negociaciones entre los gobiernos de Honduras y de Nicaragua.

“Esta es una nación dividida en dos partes, en la práctica no tenemos frontera, pero los olanchanos están afectando”, dice.

El munícipe cuenta que después de que los miskitos cruzaron la frontera y quemaron la casa del hondureño, llegaron a Waspam el presidente del Consejo Regional de la RAAN, Carlos Alemán, y el vicecanciller para Asuntos Indígenas, Eloy Frank Gómez.

“Se reunieron con una gente en Waspam y ni siquiera tuvieron la gentileza de ir a las comunidades. Yo vi falta de respeto, ni me invitaron a la reunión”.

En la página web de la Cancillería no hay ninguna información oficial sobre el incidente registrado, en marzo pasado entre nicaragüenses y hondureños, ni tampoco información sobre los pasos que se están dando para evitar futuros conflictos.