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En diferentes ocasiones hemos escuchado historias de personas acerca de que no se sienten amados por su papá o por su mamá; expresan que no son apreciados ni valorados, ello les causa tristeza que a veces desemboca en episodios depresivos, con la consecuente infelicidad personal y familiar.

Por lo que hemos escuchado o experimentado, las causas de estos comportamientos son innumerables, por ejemplo, una joven señora fue abandonada por su pareja, con media docena de hijos pequeños. Ella, por exigencias del esposo, era la típica ama de casa; su ocupación, tener hijos, cuidar de ellos y administrar el hogar; al ser abandonada quedó sin marido y sin fuente de ingresos, tuvo que asumir el rol de proveedora del hogar. Tuvo que enfrentar problemas de todo tipo y magnitud que obstaculizaban el trato afable a los hijos, asumió predominantemente estilos de crianza autoritarios, algunos hijos en algún momento se sentían poco apreciados y no amados por ella. La realidad es que esa mujer fue una madre ejemplar, que todo lo hizo por amor a sus hijos.

Conocimos de una mujer que por varios años fue maltratada por el esposo, tenía un hijo que era como una copia del padre, resultado: la madre le daba rienda suelta al resentimiento maltratando al hijo. Este asumía que el maltrato que recibía era porque la madre no lo quería, acumuló rencor contra ella… muchos años después ambos conocieron de Dios, se aproximaron y pidieron perdón, entonces la madre se dio cuenta de que había maltratado a su hijo para desquitarse del esposo. Ella ama a su hijo, pero la impotencia ante el maltrato recibido la inducía a esa conducta.

Existen infinidad de casos y de causas que alimentan sentimientos adversos al amor en la relación madres-hijos, generalmente estos últimos siempre esperan recibir amor, y cuando no lo perciben presuponen que no les quieren… se exponen a experimentar trastornos de estado de ánimo que podrían hacerles sentir infelices y a ser propiciadores de infelicidad en su entorno.

A esos hijos que aún cuentan con su madre, queremos decirles que ella es un regalo de Dios, que es un privilegio tenerla. No olviden nunca que esa madre fue la que les guió cuando empezaron a echar raíces, que sentó las bases sobre la cual se erige su vida, que les alimentó, que les cuidó en la etapa de mayor vulnerabilidad, que veló para que durmieran seguros, que les enseñó los primeros pasos en su vida. Llega un día en que al hijo le toca asumir el relevo, dar de lo mucho que recibió, amar a su madre aun cuando se le haga difícil por circunstancias adversas vividas. No le den cabida a las apariencias, no permitan que los malos momentos les impidan apreciar la bondad, la generosidad, el amor de su madre.

Queridos amigos, apreciadas amigas, les instamos a invitar a Jesús a su corazón, a pedirle que ponga compasión en su corazón para perdonar y pedir perdón a su madre, para que erradique todo rencor de tu corazón hacia ella, con Él todo es posible, díganle: Jesús mío yo lo acepto como mi Señor y Salvador, le pido que me dé humildad para pedir perdón a mi madre, deme fortaleza y decisión para amarla por lo que es y no por lo que hace, sin esperar nada a cambio.

 

Queremos saber de Ud., le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com