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Blanca Landero Betanco tuvo una niñez difícil, marcada por la pobreza. Aprendió muy prematuramente el trabajo duro en el campo, y apenas cumplió los 20 años ya estaba criando al primogénito. Luego vendrían dos más.

El fallecimiento de su hermana llevó a su vida a sus tres sobrinos, y también adoptó a un niño de 11 meses que hoy tiene 19 años.

Cuando cumplió 30 años, y con un don particular para expresar sus ideas, doña Blanca comenzó a hacer contactos con representantes de organismos que entonces apoyaban en la comarca La Grecia 1, del municipio de Chinandega, a mujeres que como ella trabajaban pequeñas parcelas.

Mientras revisa varias revistas agropecuarias, en las que sobresale su labor, doña Blanca cuenta que hace 23 años, cuando fue parte de la directiva departamental de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos, una cooperante danesa la designó para participar en un encuentro centroamericano, y tomó conciencia de cuánto la limitaba no saber leer ni escribir.

“Sentí mucho temor y rechacé el viaje inicialmente, pero la cooperante me instruyó durante 15 días con representaciones gráficas, y llevé muestras de mi trabajo”, recuerda Blanca, quien al final destacó con el primer lugar de los proyectos presentados.

Primaria a los 37

“Me casé a los 19 años y continué analfabeta; mi esposo tiene entonces tercer año de secundaria, pero no tenía tiempo para enseñarme debido a que los dos nos dedicamos a la agricultura”, relata.

Fue hasta los 37 años que doña Blanca aprobó la primaria, y a partir de allí siguió su ruta hacia la secundaria y a un técnico en Agronomía que cursó junto a su hijo, Samir, en el Liceo Agrícola de El Viejo.

Desde entonces, el estudio es faro en su vida, y muy orgullosa muestra sus certificados de Diplomado en Energía Renovable en la Universidad “José Martí”, de Santi Spiritu, Cuba; un Diplomado en Género y Desarrollo Humano en la Universidad Centroamericana, UCA, de Managua; un Diplomado en Agricultura Orgánica y Permacultura, en la Universidad Centroamericana, UCA, de El Salvador, entre otros.

Ha representado a Nicaragua en encuentros de agricultura orgánica en Centroamérica y en Francia. Es madre de Juan Carlos, Samir y Brenda Duarte Betanco, de 35, 33 y 28 años, respectivamente.

Apoya a mujeres campesinas

Frente al campo deportivo San Carlos de la comunidad La Grecia 1, vive doña Blanca, de 56 años, quien ha dedicado la mitad de su vida a la agricultura orgánica, cultivando granos básicos, frutas, legumbres, y verduras.

Es líder en su comunidad, donde ha impulsado programas de cultivo que garanticen la seguridad alimentaria en la localidad.

Doña Blanca preside la Cooperativa “Mujer Ejemplar”, que suma 45 socias beneficiadas con un fondo revolvente que invierten para cubrir los costos de producción de sus parcelas.

Diversifica los cultivos

Doña Blanca ha preparado a sus hijos, sobrinos y a las integrantes de la Cooperativa “Mujer Ejemplar”, en el cultivo de la tierra de manera orgánica, obviando los fertilizantes e insecticidas por el daño que le causan a la tierra.

Actualmente tiene tres manzanas de tierra propias y alquila otras dos manzanas para la siembra de granos básicos, ajonjolí, verduras, frutas, legumbres. Además, se dedica a la crianza de aves de corral y ganado.

“Aquí garantizamos la seguridad alimentaria con productos sanos, sin semillas transgénicas, y todo con abono orgánico que produzco en mis tierras, y de las que hacen uso las integrantes de la cooperativa, y también los comercializamos en ferias”, indicó la especialista en prácticas agroecológicas orgánicas.

Ha gestionado junto a otras productoras orgánicas la aprobación en la Asamblea Nacional de las leyes relacionadas a la no introducción de productos y semillas transgénicas, protección de las semillas criollas, al medio ambiente y al fomento de la agricultura orgánica y la biodiversidad.

Utiliza basura, estiércol, ceniza, semolina, melaza, casulla de arroz, microorganismos de montaña, tierra y agua para la elaboración de abonos orgánicos e insecticidas naturales. Guarda semilla para los próximos ciclos agrícolas, vende una parte de la producción al mercado local, y la otra parte es para el autoconsumo.

Su deseo como madre ejemplar y productora es que paulatinamente las productoras y productores del país, dejen de usar agroquímicos, y opten por productos orgánicos que pueden elaborar en sus fincas, para evitar el deterioro de la tierra y una alimentación sana.

 

Modelo a seguir

Samir Duarte Betanco dijo que su madre es muy inteligente y trabajadora, por lo que es un ejemplo a seguir por otras mujeres. “La admiro porque supo vencer la pobreza, fue alfabetizada y ha triunfado”.
María de la Cruz Olivares, integrante de la Cooperativa “Mujer Ejemplar”, expresó que doña Blanca, trabaja todo el día en la producción y elaboración de abono e insecticidas orgánicos, por lo que es admirada y respetada.
Tomasa García, recién ingresada a la Cooperativa, ve en doña Blanca un ejemplo. “Es impresionante, que lucha incondicionalmente por el bienestar de los demás, sin esperar nada a cambio”, comenta.