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Es el entrevistador principal de la cadena CNN en español y, a la vez, se dedica a otro trabajo muy importante para él, en lo personal, la motivación. Fuera de las cámaras, Ismael Cala imparte charlas a jóvenes sobre cómo ser exitosos en la vida, basándose en su propia experiencia.

Todo comienza “con un pensamiento”, afirma este periodista cubano radicado en Estados Unidos, quien visitará Managua esta semana invitado por la Universidad Americana (UAM). Hoy los ciudadanos están más comunicados, pero poco conectados, comenta Cala.

Con frecuencia mandas mensajes de motivación personal. ¿Tiene eso que ver con una experiencia propia de superación?

Justamente, toda esa experiencia es la plataforma del libro que sale en agosto en Estados Unidos, que se llama “Cala contigo, el poder de escuchar”. Es además el título de la conferencia que voy a dar en la Universidad Americana (UAM), El poder de escuchar, cómo conquistar con tu palabra, ser exitoso, ser un líder. Me considero más un comunicador que un periodista. Cuando mucha gente me dice periodista, no me incomoda, pero creo que la palabra que mejor me define en lo profesional es comunicador. Y siento que tener una ventana como la que uno tiene, a través de un medio como CNN para millones de personas, no se debe quedar en simplemente entrevistar a fulanito, menganito o transmitir una noticia; y más cuando el twitter es tan poderoso. Allí me di cuenta que las redes sociales y el mismo programa, que comienza con una reflexión de humanismo cada noche, me podían servir para esta otra área que es la misión número uno que yo he tenido en mi vida, porque he tenido que luchar contra muchos fantasmas que hay alrededor por problemas de herencias familiares; tres suicidios en mi familia. Mi abuelo se suicidó cuando yo tenía cuatro años, mi tía cuando tenía yo 19, mi padre lo intentó con una sola mano cuando yo no había nacido, él tenía 21 años.

¿Él perdió una mano?

A los 11 años, siendo un niño, él jugando metió una vara de caña de azúcar en una máquina que hace guarapo, que saca el jugo, y se le fue el brazito; le trituró el brazo… Él creció así, fue una mente brillante pero padecía de esquizofrenia y nadie lo sabía. Mi madre se enamoró de mi padre, faltándole el brazo, nacimos nosotros tres, somos tres hermanos, y se divorcian a los cuatro años… Esa historia familiar yo no la he victimizado, al contrario, la he usado para convertirme en mejor ser humano, para superar esas barreras, para romper una supuesta cadena hereditaria, maléfica, porque uno de mis dos hermanos padece la esquizofrenia; se hereda, y teníamos miedo de que la heredaría yo, por ser el más intelectual de los tres. Afortunadamente para mí, pero lamentablemente para mi hermano, a él le tocó esa lotería de genéticamente tener esto. Tampoco mi hermano se preparó, porque no lo esperaba, yo si lo esperaba. Como lo esperaba, empecé a leer muchas cosas de superación personal, empecé a darle la prioridad número uno a la mente, al equilibrio de un ser humano en la vida; y esa es una lección que me ha hecho tener éxito y lograr todas las cosas que he querido, a pesar de esas historias y de ese pasado. Convertí todas esas cosas negativas en una fuerza importante para salir adelante.

Lo que más existe ahora es comunicación, o medios para comunicarse. ¿Y, sin embargo, creés que hace falta motivación?

Claro, estamos comunicados pero muy desconectados. Nos falta la conexión emocional y espiritual. La gente no tiene eso porque la comunicación es el bombardeo de cosas que tenemos, a través de nuestros aparatos electrónicos, radio, televisión, periódicos, website, de todo, hay millones de aplicaciones para nuestros teléfonos inteligentes, para hacer cualquier cosa por nosotros. Sin embargo, siento que cuando nos falta el equilibrio, mucha gente va por la vida haciendo una tarea tras otra; es una oda a la velocidad sin pensar cuáles son las prioridades. Aquí no se trata de comunicar, aquí se trata de conectar. Hay una diferencia entre comunicar, que es informar algo, y conectar, donde hay una comunicación más profunda a nivel sensorial, emocional.

Algunos dicen que los periodistas transmitimos más noticias negativas que positivas. ¿Cómo lográs el balance?

Casi siempre tratamos de contraprogramar y refrescar un poco la pantalla, porque si no sería muy tedioso que de un mismo evento estuviéramos hablando en todos los programas, uno tras otro en CNN que es una cadena de noticias. Por ejemplo, hoy vamos a tratar el tema de las tres chicas aparentemente secuestradas en Ohio, Cleveland, por Ariel Castro. Lo dejamos descansar. Todo el mundo lo trató desde que salió la noticia como breaking news. Nosotros dejamos que pasaran unos días y hoy, que ya hay muchos más elementos de la historia, lo ponemos a profundidad. Hay momentos en que una tragedia nos toca y tratamos aun de esa tragedia sacar un mensaje positivo. Recuerdo la reflexión muy poderosa que hicimos el día que nos tocó hablar de la matanza de los niños de esa escuela en Connecticut. Fue terrible la tragedia y la reflexión fue acerca de que el mal y la violencia no nos definan como seres humanos, porque no somos los seres humanos eso.

¿Qué es lo positivo en esto del secuestro?

Aquí lo positivo es una reflexión, a la gente, sobre que haría en una situación similar, porque nosotros no sabemos lo que la vida nos trae. A veces vemos noticias, vemos películas y vemos historias que nos parecen demasiado lejanas; y todo eso nos puede tocar a nosotros. No sabemos, la vida es así, es una lotería de eventos. Lo positivo es trayendo a una sicóloga, trayendo a alguien que trabaja con víctimas de secuestros de la Policía de Miami, que sabe cómo tratar a estas mujeres víctimas, que tiene la experiencia, que está una información útil para muchas personas, tratar de entender qué pasa por la mente de estas tres chicas, porque muchos se cuestionan cómo es posible que 10 años estuvieran allí sumisas en el cautiverio. Es tratar de entender y ponerse en el lugar del otro.

Comenzaste jovencito en la radio en Cuba. ¿Ejerciste el periodismo allá?

No ejercí el periodismo en Cuba, aunque fui presentador de programas informativos. Es una cosa muy diferente que tú leas un comunicado que manda el Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en un país donde todos los medios son estatales. Eso no lo considero periodismo, yo trabajé en programas informativos del Estado cubano. El periodismo no lo quise estudiar en Cuba por esa misma razón, por eso opté por cinco años de Historia del arte; y lo estudié en Toronto, donde entendí que a partir de ese momento, ya siendo un poco más libre como persona, podría ejercer el periodismo y siempre me inquietó ser un comunicador social. De hecho la carrera que yo estudié es Comunicación social.

¿Cuál es la diferencia entre el periodismo que se realiza en Cuba y el que se ejerce aquí en CNN?

Hay una diferencia como entre la noche y la mañana, porque el periodismo que se realiza en Cuba no tiene oposición, no tiene fiscalización de nadie; es un periodismo donde los periodistas siguen unos lineamientos centrales de un órgano rector de un partido único que es el sistema cubano, del Partido Comunista de Cuba. En parte eso ha contribuido a un estaticismo en el país, porque siento que la prensa y esa pugna de poderes de la prensa con el gobierno, es saludable. Los gobiernos tienen que tener esa fiscalización. Son servidores públicos, en las democracias son gente que son elegidas a través de los votos. Es increíble que muchos de ellos, cuando llegan al poder se olvidan que están siendo contratados para servir al público.

Leí hace poco que un funcionario cubano sugería permitir el debate en los medios. ¿Qué te hace pensar eso? ¿Está cambiando Cuba?

Hay atisbos de que en Cuba se está produciendo un cambio. ¿Cosmético? Al principio muy cosmético, pero poco a poco algunas de las medidas han sido fundamentales, como por ejemplo esta libertad ahora de que los cubanos puedan viajar sin tantas trabas burocráticas... Esta supuesta apertura a la libre empresa, de las pequeñas empresas, o sea de los cuentapropistas como les llaman en Cuba, también. Yo siento que es un plan de cambio muy paulatino el hecho de que Raúl Castro dijera que se retira al término de este su mandato por cinco años, creo; y haber nombrado un sucesor también es el atisbo de un cambio, de que no pretende fosilizarse en el poder. Entonces, como cubano que hace 12 años no ve a su hermano y a mis sobrinas y a mis tías y primos que viven en Cuba, me encantaría. Me encantaría, más allá de la política, que en Cuba hubiese un cambio para reavivar la economía cubana y para darle oxígeno también a todo ese talento que hay dentro de la isla; muchos cirujanos que trabajan como taxistas para el turismo, o sea, una pirámide invertida. Cuando hay cerebros brillantes, cuando la salud pública cubana fue excelente y lo es, cómo se explica que tengas a un anestesiólogo teniéndose que ganar cuatro dólares haciéndole de taxista a un turista. No. Esas cosas, creo, se van a resolver cuando la economía pueda ser más competitiva.

Si volvieras a Cuba, ¿cómo te gustaría que fuera ese país?

Yo no conocí la Cuba capitalista. No tengo punto de comparación con la Cuba de antes del 59. Yo nací 10 años después del triunfo de la revolución, pero Cuba es un país alegre, es un país de gente capaz, en un país de gente con mucho sentido de emprendimiento, si no, busca todo lo que ha hecho el cubano con esos Chevrolet de los años 50 que todavía los tienen circulando con motores rusos. Y busca, por ejemplo, los camionautas que de un camión hicieron una lancha y se tiraron al mar. El cubano es inventivo, es creativo. Eso es lo que yo quiero para el país, que toda esa inventiva y creatividad se ponga en función de conquistar el lugar que tuvimos en las Américas en la década del 50, porque dicen que cuan adelanto tecnológico había, en Cuba se estrenaba primero. Entonces, volvamos a eso.

¿Cómo hiciste para salir de Cuba?

Esperé seis años desde que me decidí a salir de Cuba, en 1991, hasta el 98 que logré salir. Me invitaron ejecutivos de una compañía turística del gobierno a que fuera el maestro de ceremonia de la delegación (artística) cubana en Toronto. Yo dije que sí, mentí porque dije que sabía hablar inglés muy bien… Cumplí los 11 días del contrato y luego les dije ‘aquí hay oportunidades de crecer, quiero trabajar en el canal en español de acá’ y, bueno, mandé un fax a Cuba, ellos mandaron otro fax de vuelta, se fue la delegación y ya decidí no hacer más contacto con Cuba.

¿No tuviste problema con el jefe de la delegación?

No, porque yo le comuniqué a Cuba mi intención de quedarme y ellos me mandaron un fax, que yo les mandara 500 dólares americanos todos los meses, como parte de un contrato para quedarme en Canadá. Yo dije, bueno, cuando tenga el contrato firmado les mando el dinero y nunca vieron un centavo, obvio.

¿Qué dificultades pasaste en Toronto?

Tuve un padrino, un dominicano, que fue quien pagó el primer mes de mi renta en un cuarto vacío. Allí dormí 15 días en la alfombra, infección de garganta. Luego un amigo me regaló un sofá cama. El primer televisor lo recogí de la esquina, y así fui armando el mobiliario del cuarto, recogiendo cosas que los vecinos en las esquinas dejaban. Miro hacia atrás y digo, ¡wow!, fue difícil. Fui a las iglesias a pedir comida porque no me alcanzaba el dinero para comer, hasta una quinta vez que me vi en una cola con gente… y yo dije ‘no, no puedo estar aquí’. Había mucha gente que a mí me lucían adictos a la droga, indigentes, y la verdad, me chocó mucho mi autoestima verme en esa misma cola como un desamparado pidiendo comida. Yo me dije ‘vas a subsistir sin esta bolsita con una lata de atún y tres latas de leche evaporada’, lo que daban en esa bolsa de ayuda; empecé a trabajar como mesero en dos restaurantes... Fíjate que los deseos y los sueños se cumplen; dos años más tarde, después de trabajar como mesero, llegué a ese canal que yo había decretado que iba a trabajar allí, me convertí en la figura hispana del canal Telelatino, por cinco años.

¿Cómo que lo decretaste?

Todo lo que en la vida se proyecta, o casi todo porque hay sorpresas que ojalá nos sigan llegando, pero muchas cosas que he hecho en la vida, han sido decretadas, han sido pensadas. Todo ha comenzado con un pensamiento.

¿En qué momento dijiste quiero irme de Cuba? ¿Por qué?

Fui a un congreso nacional de la Federación de Estudiantes Universitarios donde Fidel (Castro) participó, y en esto te estoy dando primicias del libro, está contado en el libro. Yo participé y allí constaté la opulencia que en aquel Palacio de la Revolución había, en comidas, whiskys, vinos, pastas, postres, de todo, cuando en mi casa nos estábamos muriendo prácticamente de hambre con arroz hervido y huevo hervido. Entonces, eso fue un abreojos muy importante para mí, con 21 años. Y el segundo motivo, fue una conversación con Fidel Castro, entre él y cinco estudiantes. Uno de esos cinco estudiantes era yo, pero esa conversación sí te la dejo como primicia para que leas el libro. En esa conversación, el punto final de decir ‘aquí no hago nada’, me lo dio él en una reacción a una pregunta de qué estudias. Todos respondimos qué estudiamos, cuando llegué a mí, dije Historia del arte, y lo que sucedió después le puso broche a mi decisión de salir. Pero tuve que esperar desde ese momento, 1991, hasta 1998, pasando por un intento de salir en balsa en 1992.