Matilde Córdoba
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Julio Roque, de 70 años y  diabético, uno de los miembros de la Unidad Nacional del Adulto Mayor que permanecía desde el lunes en el INSS, estaba dormido a la 1:30 de la madrugada, cuando dos policías llegaron a despertarlo: “Levántese que lo vamos a llevar al hospital”, le dijeron.

Los agentes, quienes por órdenes superiores se negaron durante todo el día a darles los alimentos y el agua que la población les llevó, lo subieron a un bus para trasladarlo al hospital Manolo Morales.


Cuenta Isabel Rivas, esposa de Julio Roque, que horas antes los ancianos fueron revisados por médicos del Centro Nacional Oftalmológico, Cenao, que se encuentra ubicado a la par del INSS. Muchos de los protestantes presentaban presión alta y ansiedad.

“Lo trajeron como a las 5:30 am, dice que los llevaron al hospital, que llegaron dos policías a despertarlo, pero que no lo maltrataron. Solo había tomado avena. Está bien cansado y no se complicó de su enfermedad porque andaba su medicamento. Desayunó y se fue a dormir”, comentó Rivas, quien ayer a las 6:00 p.m. se presentó en las cercanías del INSS con una bolsa con comida.

Llorosa y acompañada de su hija Paulina, suplicó a los policías que dejaran pasar los alimentos para su esposo. Ninguno de los agentes contestó. Tampoco la alzaron a ver.

“¿No tienen padres?, ¿ustedes no tienen abuelos? ¡Son unos insensibles! ¡Mi papá se está muriendo de hambre, es diabético, no ha comido desde ayer, no ha tomado agua! Ustedes creen que van a tener trabajo toda la vida para cotizar, ¡no! Y van a ser ustedes los que tendrán que reclamar, pero nadie los apoyará”, gritaba Paulina.