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En tiempos antiguos, la uva silvestre era utilizada en Las Segovias para extraer un vinagre morado y algo dulcete, el cual los pobladores envasaban y luego usaban como antídoto para tratar los males estomacales.

Con el paso del tiempo y con la introducción de fármacos, su uso medicinal decayó, pues no existen estudios que demuestren sus propiedades curativas. Eso, sumado al avance de la frontera agrícola, representa una amenaza para el particular fruto, porque el campesino la ve como parte de la maleza.

No obstante, cuatro hombres y dos mujeres que conforman el Colectivo Vinícola de Quilalí, desde hace dos años impulsan un proyecto de elaboración de vino a base de esta frutilla. Con una producción a baja escala, el producto es ofrecido principalmente en las ferias.

Según José Miguel Corrales Rodríguez, asociado al grupo, iniciaron procesando una pequeña cantidad, casi a nivel experimental. “Lo llevamos a una feria y la gente nos dijo que les gustaba. Entonces, pasamos a procesar para un barril (500 botellas), y así fuimos afinando la fórmula, que vamos anotando en una bitácora”, explicó.

100% de ganancia porque se cultiva por sí sola

Los socios del Colectivo Vinícola aseguran que en la medida que se incremente su demanda aumentarán su producción, y observan una tendencia positiva.

Un efecto claro es la preservación de la uva silvestre, pues los dueños de bosques donde crece sin intervención de ningún tipo, ahora ven sus viñedos naturales como un rubro que les produce ingresos, pues reciben C$500 por quintal.

La pequeña fábrica con su laboratorio está situada en la comarca El Arenal, y fue financiada con aportes del Fons Mallorquín de España, canalizados a través Instituto de Promoción Humana, Inprhu, organismo que, además, los ha respaldado con capacitación.

Buscan establecer marca

La vinería ya es conocida por algunos consumidores que llegan especialmente a comprar el producto hasta ella. No obstante, la meta de los socios es mejorar la calidad y presentación de su producto.

Boanerge Herrera, coordinador del grupo, comentó que están en el proceso de legalización del colectivo, y luego “vamos a cumplir con todas las normas legales para salir al mercado, con los requisitos de marca, registro sanitario y su código de barras, y vamos a mejorar la etiqueta de presentación”.

Añadió que se están legalizando para poder importar envases de vidrio, corchos y sellos que eleven la calidad de su producto.

La aspiración de los asociados es convertirse en una empresa sostenible que garantice una fuente de empleo.

Vino destaca en CA

En esta región existe otro laboratorio de vinos en la comarca San Pedro de Ula, del municipio de Jícaro, donde trabaja un colectivo de tres mujeres y tres hombres.

Don Nicolás Antonio Valerio Medina ofrece una copa de vino seco a base de piña, y con orgullo dice que estos productos ya trascendieron la frontera, pues han sido llevados por consumidores a Estados Unidos, España, México y El Salvador.

Recordó que cuando comenzaron a elaborarlos, regalaban copas llenas a vecinos o a los transeúntes para que lo probaran. “Y así comenzó la promoción. Ahora vendemos de dos calidades: vino seco y vino dulce. Hace dos años ganamos el primer lugar en vinos, y competimos con vineros nacionales y extranjeros”.

 

Reemplaza uva comercial

Cabe señalar que la uva silvestre fue rescatada por el colectivo de Quilalí para acogerla como alternativa ante el fracaso del cultivo de la uva comercial, principalmente, debido a la dificultad y a los costos que significaba traerla desde otros municipios de la región.

La variedad silvestre tiene el aspecto de la uva comercial que se produce en algunas zonas de Las Segovias desde hace dos décadas, racimos que penden de parras naturales, solo que la frutilla es más pequeña, como del tamaño de un grano de café maduro.

En las montañas vírgenes de Nueva Segovia era uno de los alimentos favoritos de los monos congos y de otros animales silvestres, que ayudaban a esparcir la semilla.

 

De varios frutos

Este proyecto también elabora vinos a base de plátano maduro, noni, marañón, rosa de jamaica, piña y jengibre.