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Es febrero de 2012. En las calles de Granada se observa a un señor entrado en peso y bonachón, un moreno achinado que sonríe sin que nadie le hable. Inspira tranquilidad, una especie de paz interior que se le dibuja en el rostro. En sus manos, un folleto pequeño hecho de páginas amarillentas donde están escritos versos para un carpintero muerto. Esta vez el señor no está vestido como sacerdote, pues visita esta ciudad caliente y bochornosa, en calidad de poeta.

Luis Vega, el abogado, sacerdote anglicano y poeta, de 69 años, quien creció entre los ataúdes que su padre elaboraba con especial esmero y vendía en la funeraria San José, en la Calle 15 de Septiembre, en la Managua bonita antes del terremoto. Está aquí nomás para escuchar poesía.

La devoción por su padre

Pero aprovecha para regalar libros con lo último de su poesía. Los libros revelan esta vez la devoción por su padre, su ídolo. “Fui más alto que mi padre solo en estatura/porque él siempre fue más grande en espíritu/en tenacidad, en fuerza/en los pequeños triunfos y derrotas/cuando siempre hallaba un apoyo/para la siguiente batalla/la que enfrentaba con nuevos bríos/y viejos sueños/que nunca vio cumplidos”.

Ese verso pertenece al poema “Era tenaz”, contenido en “Poemas de madera a mi padre”, que Luis Vega entrega ahora a otros poetas con la sencillez y pasividad que le caracteriza. Estamos en el Festival Internacional de Poesía de Granada, dedicado a Carlos Martínez Rivas.

“Mi padre es carpintero como tú/Por eso amo los bancos/las presas/los formones/los martillos, los cepillos/y los colochos que como rizos rojos/adornan tus pies”, dedicó a su padre, el carpintero José Luis Vega, especialista en hacer ataúdes.

No construye ni una casa para pájaros

El señor que ahora camina lentamente jamás pudo aprender a hacer una caja para muertos. A lo más que llegó fue a construir una casita para pájaros, con tan mala suerte que se cortó el dedo con un formón.

Lo suyo, decía de niño, era el sacerdocio, pero se inhibió hasta poco después de los 40, primero por consejos de su madre y luego porque se casó. “Mi mamá me disuadió, me dijo que eso era para los ricos”, cuenta ahora él.

Un año después, el poeta Luis Vega, a quien se le identifica por su sonrisa franca y sus ojos achinados, presenta sus publicaciones. En una mesa hay por lo menos 13 libros, la mayoría de papel periódico y pequeños. En uno de ellos el poema “Decirte Adiós”, dedicado a Nora, su esposa. Ahí “¡Se murió Cripiano! y otros cuentos”, graficado con un dibujo en el que están tres hombres cargando un ataúd, y “Lucky Seven”.

Los consejos de su abuelo

Luis Vega creció en la Managua de calles angostas, la que tenía un centro y se perdió aquella noche del 23 de diciembre de 1972. Él hubiese querido nacer en un pueblón de calles anchas y alargadas, con cerros a los lados y gente caminando por doquier.

De joven se involucró en partidos políticos. Así llegó al Frente Estudiantil Demócrata Cristiano y al Partido Social Cristiano. “Mi abuelo, que peleó en la guerra de Moncada y que por el Pacto del Espino Negro entregó su arma por US$10, me decía: ‘Cuide a su mamá y no se meta a político, porque la política es para los ricos y para los vivianes’”.

Los consejos del abuelo, también carpintero, no fueron oídos y hoy sigue con la idea de que la política es atractiva, aunque luego de decirlo, comenta que en política él “es ingenuo”.

Su mayor sorpresa

Jubilado, abogado y pastor. Cada domingo Luis Vega decide salir de su casa rumbo a la Iglesia Transfiguración, donde es pastor.

Se convirtió en sacerdote de purita casualidad, aunque esa era una idea que tuvo desde niño. “Mi abuelo me regaló El Mártir del Gólgota y la Historia de la Iglesia. Yo quedé fascinado”.

Estaba en Austin, Texas, cuando decidió visitar una iglesia. Ese templo se llamaba San Francisco. “Entramos y todo era como en la Iglesia Católica Romana. Participamos, comulgamos y después a mi esposa y a mí nos saludó el sacerdote. Luego nos invitó a un café. Cuál fue mi sorpresa, cuando el sacerdote se aparece con un niño en brazos, como de un añito, y dice: les presento a mi esposa y a mi hijo. Me quedé ahí trabajando”, recuerda.

Cómo llegó a ser sacerdote anglicano

Pero un tiempo atrás laboró limpiando pisos en Estados Unidos. “Fue así como me llevaron al Seminario Anglicano. Estuve en el Seminario entre el 94 y el 99, me capacitaron los sacerdotes anglicanos en Nicaragua porque vine recomendado por el Obispo de Austin. En Nicaragua somos más de 30 sacerdotes y 12 diáconos, la mayoría están en la Costa”.

En 2005 regresó a Estados Unidos con la intención de dirigir una iglesia, pero había crisis en ese país y no estaban contratando sacerdotes latinos, así es que trabajó como cura sustituto en Houston.

Pasa sus días entre versos, una novela, noticias y el Círculo Literario del Adulto Mayor, que este año lo homenajeará. Jamás, dice, logró tener dinero como abogado.

Una rutina donde no escapa de Facebook

“A las siete de la mañana salgo a caminar unos 30 minutos para ayudar al cuerpo debido a una agresiva diabetes que padezco desde hace 37 años. Luego enciendo la televisión para ver las entrevistas en diversos canales. Oigo y leo noticias hasta las diez de la mañana. Me gusta estar informado porque me visitan amigos y comento con ellos. Luego reviso mi correo electrónico y mi página en Facebook, que la abrí para subir un resumen de mi mensaje del Evangelio dominical, el cual he meditado en la semana y leo los sábados la radio”.

Entre todo está la imagen de su padre. “Aquí yace un soldado/ poco menos que desconocido/José Luis Vega/quien fabricó barcos de pino/que los hacía flotar en el aire/con la mano en 1950/para vender en el Mercado/Creador de fantasías en los niños/con el polvo mágico de aserrín”.

 

Mi padre carpintero

“Mi padre es carpintero como tú/Por eso amo los bancos/las presas/los formones/los martillos, los cepillos/y los colochos que como rizos rojos/adornan tus pies”.

 

Entre tres pasiones

“Tengo varias pasiones: la primera es la literatura; la segunda es la política, desde 1963 me metí a las luchas universitarias y luego entré al Partido Social Cristiano; la tercera es el sacerdocio”.