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Con la sonrisa a flor de piel, el esfuerzo como premisa y la entrega a su hijo como su principal orgullo, Fidel Calderón es para muchos una rara especie, porque se ha convertido en padre soltero de un hijo con discapacidad al que ha sacado adelante, sin dejar de luchar.

Es un hombre fuerte, no de complexión sino de espíritu. Es padre de tres hijos. Dos de ellos los procreó con su primera pareja y uno con la segunda. Al nacer su tercer hijo empezó a cambiar su vida por completo, pues la falta de ácido fólico conllevó a que este, también llamado Fidel, naciera con espina bífida.

“Él fue operado a los dos días de nacido, yo me concentré en su situación sin dejar descuidados a los otros. Como parte de la integración, varios especialistas sugirieron que sus hermanos estuvieran cerca de él, pero no se logró y tenía que partirme en dos para poderlos atender. Así, los primeros años de vida tenía que ver por él y por los otros, pero finalmente mis hijos se fueron del país en busca de mejores horizontes y yo quedé solo con él”, narra con sinceridad sin par.

Abandonado por su esposa

Hoy, su hijo Fidel tiene 26 años, que representan más de dos décadas de cuidados de este padre que fue abandonado por su compañera, quedándole toda la responsabilidad a él.

“Al principio eran más fáciles las cosas porque yo lo podía cargar por donde él quisiera andar, hasta los ocho años tuve la ayuda de su mamá, pero ella nos dejó y ya quedé prácticamente solo, y ha sido una situación difícil porque tengo que proveer, pero tampoco he podido dejarlo solo a la voluntad de Dios, por eso he tratado de inventarme y de acomodarme a las circunstancias, tanto de viviendas como de apoyo para él porque ha sido el centro de mi vida”, afirma.

Y es que en medio de su lucha, Calderón no ha podido obtener una vivienda propia, así que vive bajo el amparo de algunos familiares que le han dado la oportunidad de contar con techo; así ha tenido que acomodarse con su hijo, tratando de optimizar los pocos recursos de los que disponen, al punto de bañarlo en una mesa.

Casi médico

Este hombre habla de la enfermedad de su hijo con mucha propiedad, con un lenguaje médico que impresiona, al punto que a manera de anécdota cuenta que en cierta ocasión estaba conversando con un muchacho y al finalizar este le preguntó si era médico, y al responderle que no, su interlocutor sonrió y le confesó que él sí lo era y que estaba sorprendido de su dominio de la terminología de los galenos.

“En esta situación hemos tenido diversas etapas, ahí hemos ido haciéndoles frente. A Fidel le han hecho como quince operaciones y esta lucha ha sido juntos. Pienso que cuando uno asume una responsabilidad hay que cumplirla cien por ciento a cabalidad, yo fui militar y reconozco que ahí se me educó integralmente, no solo para tirar balas sino como personas. Yo asumí mi reto de la mejor manera posible, para velar por él día y noche”, enfatizó.

Estudios universitarios de su hijo

Trabajar no ha sido fácil para Calderón, pues su vida ha transcurrido buena parte en los hospitales, sin embargo, actualmente es empleado contratado del Centro de Pinturas Nubia Estrada, ahí trabaja como rotulista y afirma que han comprendido su situación, al punto de que le acomodan los horarios de forma tal que no deje solo a su hijo por mucho tiempo.

Además de ello, al conocer que el joven tenía deseos de continuar sus estudios, en su trabajo le ayudaron a canalizar una beca para que ingresara a la universidad.

“Nos dieron una beca 100% en cuanto a los aranceles y eso nos puso muy contentos. Sin embargo, nos enfrentamos a un grave problema con el transporte. El hecho de atenderlo a él me impide trabajar como yo quisiera al cien por ciento, y eso nos limita en lo económico para darle las comodidades que él necesita”, cuenta Calderón.

En vista de esa circunstancia, le toca llevarlo hasta el recinto universitario, que queda cerca de la Tenderí.

Odisea para transportarlo

“En esta vorágine he topado con un sinfín de situaciones. Si paro un taxi y pregunto en cuánto me llevan a la universidad, me dan un precio, pero cuando ven que él está en esas circunstancias se dispara el precio; no he encontrado solidaridad, sino más bien lo ven como una oportunidad para ellos de cobrar más”, se lamenta.

Y si en el transporte selectivo no ha encontrado respaldo, la situación no mejora en el colectivo. Así, afirma que pensó que “con estos nuevos buses con rampa íbamos a superar un poco esa situación, pero para los señores buseros esto es un negocio y les es más cómodo y rentable llenar sus unidades con personas de pie, que con gente en silla de ruedas que ocupan el espacio en el que alcanzan seis o siete pasajeros de pie”.

Como decía en estas últimas instancias, él comienza su experiencia educativa, que empezó pequeño a través de Los Pipitos.

 

"Mi padre es ejemplar"

Fidel Calderón hijo tiene 26 años y afirma que su discapacidad está en su sistema motor, no en la cabeza.

Al hablar de su papá dijo que “en realidad me siento orgulloso de tener un padre tan ejemplar, porque yo lo he visto que ha tenido que atenderme y enseñarme a adaptarme, y eso no es normal, pues veo cómo los hombres enamoran a las mujeres y luego solo las embarazan y ya. Pero aquí fue al revés, porque él ha sido quien ha visto por mí, no juzgo a mi madre, pero agradezco a mi padre”.

“Hemos luchado juntos”

El joven cuenta que la lucha de su padre ha sido incesante y resalta que una vez estaban a punto de cortarle el pie derecho, y su papá anduvo en diferentes organizaciones, tocando puertas, hasta que encontró una en la que le prestaron ayuda y le salvaron el pie.

“En estos últimos años que he caído en silla de rueda he tenido úlceras por presión de la silla de ruedas. En medio de las limitaciones hemos luchado juntos y ahí vamos, recibiendo lo que la vida nos da”.

 

De San Judas a la Tenderí, empujando la silla

Calderón está convencido de que su hijo llegará a ser un ingeniero en sistemas, por eso no escatima esfuerzos y hasta siente liviana la silla de ruedas, por el amor a ayudarlo a realizar sus sueños.

“Lo voy a dejar por las mañanas, si hay necesidad de ir a trabajar lo hago, si no, me vengo para la casa a lavar la ropa, a limpiar o a cocinar, y luego en la tarde me voy a traerlo. Al regreso es un poco más difícil, porque son solo cuestas, pero vale la pena”, enfatiza.

Desafía la vorágine vehicular

Calderón cuenta que no solo es grande el trecho que tiene que caminar empujando la silla de ruedas, sino que sortea las dificultades del camino, así en algunas partes tiene que llevarla solo con las ruedas traseras porque los adoquines golpean mucho a su hijo.

“En las calles no hay condiciones para que circulen las personas con discapacidad, y ojalá las autoridades se interesaran por facilitar el transporte para ellos, porque económicamente nos es imposible pagar los taxis”, dijo Calderón.

Finalmente, compartió que su gran sueño es ver a su hijo con su título y llegar a tener una casita propia, porque es una necesidad básica para todo ser humano.

 

Apoya sus aspiraciones

Fidel Calderón es un padre soltero que no escatima esfuerzos para sacar adelante a su hijo, por ello lo apoya en todas sus aspiraciones. “Yo asumí mi reto de la mejor manera posible, para velar por él día y noche”, expresa el padre.