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Un grande del teatro dejó de existir. El argentino Pedro Galarza, director y pedagogo teatral, y gardeliano por excelencia, quien dedicó muchos años de su vida a la promoción del arte en Nicaragua, se doblegó a la muerte.

La noticia nos llegó tarde, pues fue el pasado dos de octubre, producto de un cáncer en el esófago, que Galarza falleció en Berlín, Alemania, donde junto a su familia y amigos residió los últimos años.

Hasta ayer compañeros de muchas batallas artísticas con quienes en Nicaragua no sólo compartió sueños, conocimientos y gusto por el arte, sino una gran amistad, recibieron la noticia de su muerte.

En nuestra tierra
Galarza estrechó lazos que lo retuvieron en suelo pinolero por más de veinte años. Lo retuvo la pasión que únicamente despierta un gran compromiso. El de Galarza era con el teatro y con el tango.

La actriz Eveling Martínez fue una de las personas que acompañaron buena parte de la travesía artística de Galarza en Nicaragua.

Recuerda que llegó como parte de una misión humanitaria de médicos alemanes, entonces República Democrática Alemana (RDA), en calidad de traductor.

Decidió quedarse e inmediatamente se integró en los movimientos teatrales de la época. Fue asesor de la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura (ASTC) y fue miembro ejecutivo de la Unión de Artistas de Teatro.

Además, dictó seminarios, ejerció la cátedra de Actuación en la Escuela Nacional de Ingeniería e impartió talleres sobre teatro.

Martínez menciona entre los grandes logros de Galarza para con el teatro nicaragüense, el haber sido parte importante de la confirmación del Teatro Talía, en febrero de 1989.

A esto añade: “El principal aporte es la calidad y la excelencia en el trabajo artístico teatral”.

Raúl Orozco, también fundador del Teatro Talía, recuerda a Galarza como un hombre apegado al teatro de autor, “del teatro clásico que exige conocimiento y mucha cultura”, señala.

Debutaron con la obra “Los fusiles de la madre Carrer”, de Berthold Brecht, la cual Martínez recuerda que fue catalogada como “la mejor obra de los 80”.

Entre las obras que dirigió como director fundador del Teatro Talía, Martínez menciona “La soledad tiene un nombre”, que “también fue un éxito en el Primer Festival de Teatro de Autor Nicaragüense” en 1991.

También es mérito de Galarza y de los pioneros del Teatro Talía, el haber llevado a escena “La soledad tiene un nombre”, el primer monólogo que se montó en Nicaragua que además se presentó en Honduras y Suecia.

También dirigió: “La señorita Julia”, “Cuesta Abajo” y “El hombre de la flor en la boca”.

La última obra que montó en Nicaragua fue el monólogo “A la sombra de una luz oscura” en 1998.

“No se retiró”, aclaró Martínez, sino que la falta de apoyo que experimentó el teatro en 1990 lo obligó a disminuir la actividad.

Incluso, en una carta que Galarza le hizo llegar hace poco tiempo a Martínez, le manifiesta interés por regresar a Nicaragua y emprender un proyecto teatral. En esa misma misiva le comenta de su enfermedad, del procedimiento médico al que tenía que someterse sin alejar sus planes, y la certeza de ese retorno que no llegó.

Forman parte de la trayectoria artística de Galaza la autoría y dirección de “8 p.m. Un tango para Managua”, el primer espectáculo para café concert, y el “Tango de Laura”, un montaje musical en homenaje a Carlos Gardel.

Y es que el tango fue otra de las pasiones artísticas de Galarza. Junto a un grupo de amantes de ese género fundó el Club Gardeliano de Managua. “Al mismo tiempo que hacíamos teatro él promovió el tango”, dice Martínez.