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Ahora que transitamos por la etapa de preadultos mayores (Raúl, 65 años y Velia, 62), asignamos alta prioridad a nuestros estilos de vida, privilegiamos todo aquello que contribuye a mantenernos sanos, física, mental y espiritualmente. Aspiramos a prolongar al máximo nuestra vida útil para ver crecer y para contribuir a la formación de nietos y de bisnietos. Creemos firmemente que si el espíritu está activado, guiando un proceso permanente de renovación del entendimiento, tendremos mente sana, y, consecuentemente, cuerpo saludable. En este tiempo, hemos aprendido que el ánimo es determinante como energizante para alcanzar y para mantener esa calidad de vida sana que tanto anhelamos.

El ánimo, según el diccionario etimológico, es el estado energético de una persona. Cuando hay ánimo sobran las energías para iniciar, desarrollar y completar acciones, actividades, y alcanzar metas en la vida. Por el contrario, el desánimo es fuente de decaimiento, ausencia de vitalidad, propensión a la displicencia y a la falta de disciplina.

La Biblia, en el libro de Proverbios 18:14 dice: “El ánimo del hombre soportará su enfermedad; más ¿Quién soportará al ánimo angustiado?”. Efectivamente, nosotros hemos experimentado que el estado de ánimo condiciona nuestras actuaciones: cuando está elevado nos sentimos verdaderos campeones, por el contrario, si estamos desanimados, afloran sensaciones de debilidad, de inutilidad y hasta de fracaso.

Durante mucho tiempo y hasta hace 11 años, el desánimo prevalecía en nuestra vida, particularmente a partir de la desaparición física de nuestro hijo Raúl Alejandro, por lo que creemos que podemos hablar de este tema del desánimo con algún grado de propiedad.

El estado de ánimo encuentra en el entorno de la persona su principal fuente de alimentación; cuando enfrentamos circunstancias complejas (duelos, separaciones de pareja, abandono, conflictos familiares, enfermedades, problemas laborales, información desesperanzadora, angustias, temores reales o infundados, etc.), tendemos a desanimarnos, y el desánimo nos conduce a estados depresivos. Hoy podemos afirmar que hemos encontrado la solución y se ha revertido lo que experimentábamos hace 11 años. Los episodios de desánimo cada vez son menos frecuentes, diríamos que están en vías de extinción, y el ánimo positivo es parte esencial en nuestra actividad diaria. Durante estos años hemos aprendido que todo tiene solución, aun los episodios más dolorosos en nuestra vida. Sabemos que toda prueba es pasajera y que nunca excederá nuestra capacidad de resistencia.

Hemos encontrado la solución en Jesús, Él nos dice: “Esfuérzate, cobra ánimo, no temas, no tengas miedo de ellos, porque el Señor, tu Dios, está a tu lado, no te dejará ni te desamparará”, Deuteronomio 31:6. Estamos firmemente apropiados de esa palabra, y sabemos que en cualquier circunstancia, por muy difícil que sea, Él está con nosotros, y ello representa un factor de protección poderoso que nos inyecta buen ánimo para esforzarnos y seguir adelante.

Amiga, amigo, si Ud. aspira a ser una persona exitosa en todo lo que emprende; si anhela tener una familia unida y consolidada, ver a sus hijos viviendo plenamente; si desea disfrutar su vida diaria, tener un estado de ánimo óptimo, que le propicie una calidad de vida sana, invite a Jesús a morar en su corazón, diga: Padre bendito, le pido perdón por las ofensas que le hago, ayúdeme a saber perdonar a quienes me ofenden, abro las puertas de mi corazón y acepto a Jesús, como mi Señor, mi salvador y mi sanador. Le pido que me dé ese estado de ánimo para contar con esa calidad de vida sana, tan necesaria para triunfar en la vida.

 

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