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Los primeros cohetes se escucharon a las seis de la mañana de ayer. A esa hora ya estaban miles de promesantes en las afueras de la iglesia de Las Sierritas, a la espera de la salida de la imagen de Santo Domingo de Guzmán, para acompañarlo en un trayecto de casi 10 kilómetros, como parte de una tradición que data desde hace 128 años.

La diminuta imagen de tan solo 18 centímetros de altura salió de su santuario rodeada de fieles que aprovechan la ocasión para saldar alguna promesa al milagroso santo, que este año salió resguardado por un inusual cordón policial que concentraba más de un centenar de oficiales en su alrededor.

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El inicio del recorrido se vio empañado apenas había avanzado unos cien metros, cuando un vehículo propiedad de la Alcaldía capitalina perdió control tras una falla en el sistema de frenos y con la parte izquierda delantera arrasó con todo lo que se encontró a su paso, arrollando a unas 16 personas, de las cuales ocho fueron trasladadas al Hospital “Manolo Morales” y dos menores fueron remitidos al centro infantil “La Mascota”.

Granera bailó a “Minguito”

Pero la fiesta continuó al son de los filarmónicos en medio de una multitud poseída por la euforia y el licor. Unos llevaban trajes típicos, otros disfraces de diablitos, y hubo quienes se vistieron de “vaquitas”. Los devotos le bailaron al santo patrono de los capitalinos durante todo el recorrido para enrumbarlo a la entrada de la iglesia Santo Domingo, detrás del Colegio Loyola, en la vieja Managua.

A eso de las 11 de la mañana, la Jefa de la Policía Nacional, primera comisionada Aminta Granera, llegó al recorrido de La Cruz del Paraíso para acompañar a la imagen de Santo Domingo al cual rindió un baile y cargó hasta el sector de La Morita.

La “bajada” de Santo Domingo estuvo resguardada por 4,000 efectivos policiales y alrededor de 120 brigadas de socorristas voluntarios con 12 móviles equipadas para dar asistencia médica a los promesantes.

La historia

La festividad se remonta a 1885, cuando un leñador encontró la imagen del santo en un tronco, la llevó a la iglesia de la ciudad, pero volvió a encontrarla donde mismo, tres veces. Las autoridades eclesiásticas interpretaron el hecho como una señal de que el santo quería que le construyeran una ermita en el lugar de aparición en Las Sierritas, y de ahí comenzó la tradición de viajar cada año a la capital.

Los capitalinos atribuyen a Santo Domingo --un fraile español-- poderes milagrosos y hacen promesas de caminar todo el trayecto, bailar, cargar la pesada base en que es traído o poner ofrendas a cambio de favores.