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La vida es un don que Dios nos da para que demos fruto y la disfrutemos, es la mayor y más delicada empresa que debemos cuidar en tanto seres humanos. A nosotros nos corresponde decidir la calidad de vida que queremos tener, lo más importante para lograrlo es practicar estilos de vida sustentados en un carácter forjado en principios y valores adecuados que proporcionen la capacidad y el temple, para saber comportarse en la alegría y en la tristeza, en la abundancia y en la escasez. Uno de estos valores es la paz y la armonía, indispensables para contrarrestar la violencia. La Biblia dice: “Miren cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía”. Salmo 133:1.

La violencia es un mal que día a día azota a nuestra sociedad en todos los niveles. Cotidianamente somos sacudidos por informaciones en las cuales resaltan hechos violentos. Esto nos indica que no debemos perder de vista que la violencia es parte de la realidad humana, que al igual que la convivencia y la paz, es construida por nosotros mismos, que encuentra su hábitat natural en las relaciones

humanas.

La violencia se manifiesta de diversas formas, siendo quizás las más comunes, la verbal y la física, desgraciadamente ambas se practican de manera normal en relaciones de pareja, y destacan en estilos de crianza autoritarios ejercidos por progenitores, que probablemente así fueron tratados.

La violencia se esconde detrás de nuestras palabras y mina las bases de nuestra propia familia cuando daña a nuestros seres queridos, cuando ofendemos su dignidad física, psicológica y emocional. Es doloroso decirlo, pero verdaderamente al ejercer violencia, lo que realmente estamos haciendo es perder nuestra condición de seres humanos.

Hay quienes creen que la violencia les concede autoridad y/o control sobre los demás, pero lo que logran es abrir heridas en el corazón de sus víctimas, perder autoridad y alejarles de ellos. La violencia tiene que ver con cobardía e incapacidad para abordar los problemas sin violentar valores; también es producto de intolerancia para escuchar a la pareja, los hijos, el prójimo y aceptar que ellos tienen derechos que deben ser respetados.

Frecuentemente escuchamos a personas expresar dolor y rencor hacia la pareja, o el padre o la madre, debido al maltrato verbal y/o físico al que son sometidos, bajo la falacia de que lo hacen por amor y con el fin de corregir. Por lo tanto, amiga, estimado amigo, es necesario revisar con honestidad nuestro comportamiento e identificar cualquier rasgo de conducta de violencia que podamos estar practicando, sea consciente o inconscientemente, con el propósito de fijar metas, superar debilidades, y llevar a cabo cambios significativos en tu vida, familia y comunidad.

Amiga, amigo, la vida en paz y armonía con los demás es condición indispensable para optar a una calidad de vida óptima, te instamos a invitar a Jesús a morar en tu corazón, Él es el Maestro de la Paz, diga: Padre bendito, le pido perdón por ofenderle, pido perdón a las personas que he dañado con conductas violentas, deme paz más allá de todo entendimiento, para disfrutar la vida diaria que Usted me da, y saber convivir en paz y armonía con mis seres queridos y con los demás.

Queremos saber de Ud., le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com