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Recortaba noticias sobre música --cuenta ella mientras simula una tijera con los dedos--, cantaba unas diez veces al día en inauguraciones de plazas, de callejones, de calles… de todo. Pero un día de tantos se cuestionó: Si dicen que tenemos que integrarnos a la defensa de la Revolución, debo hacer otra cosa.

Entonces se fue donde Omar Cabezas y muy seria le dijo: “Compañero, necesito trabajar en algo más concreto que recortar noticias”.

Así Norma Helena Gadea, una muchacha siempre sonriente que llegó de Ocotal para estudiar Derecho en Managua, pero que no concluyó aquella carrera porque se enroló en la lucha revolucionaria, dejó el Ministerio de Cultura y entró al Ejército. Sí, al Ejército.

Se vistió de verde olivo y aprendió a usar armas, pero siguió cantando (porque canta desde que tiene uso de razón, ya que nació en un hogar donde abundaba el arte).

Oficialmente se integró a la Sección Cultural de la Dirección Política del Ejército. “Ahí me volé tres años. Recorrí Nicaragua entera, de tropa en tropa, cantando”.

Misa Campesina se estrenó en la iglesia de Quilalí

“Hasta se reían de mí. Me hacían bromas. Cuando me tocaba oficialía de guardia, me llamaban de otras secciones y me decían: ‘Cacao, cacao’. Yo me preguntaba qué mierda era cacao. Y no sabía qué decir. Aquellos que me llamaban se morían de la risa. A veces, en vez de coger a la derecha, agarraba a la izquierda”.

Aquellas Brigadas de Cultura que organizaba Norma Helena Gadea estaban compuestas también por teatristas y por poetas. “Más de alguna vez, después de la visita cultural, la gente quedaba estimulada. Les dábamos alimento espiritual a los compañeros”, dice.

Mucho tiempo atrás, de chavala, se había integrado a la lucha revolucionaria de la mano de Carlos Mejía Godoy, a quien siguió cuando este estrenó la Misa Campesina en la iglesia de Quilalí.

“Las Mujeres del Cua” no les gustó a las monjas

“Yo era del coro, ayudaba en la misa… hasta que un día canté ‘Las Mujeres del Cua’ en una velada y no les gustó a las monjas. Cuando me di cuenta, ya me andaba corriendo de la Guardia. Como toda joven de esa generación estaba metida en eso”.

Gadea recuerda que desde las tres tendencias que existían en el Frente Sandinista iban a buscarla para que cantara en determinado lugar. “Yo iba a todo, cantada toda canción de protesta, de Víctor Jara, de Guaraguao, de Carlos (Mejía) por supuesto. De repente apareció Luis Enrique (Mejía) en mi vida. ‘Hilachas de sol’ tiene un montón de canciones con un contenido impresionante”.

Su padre, su ídolo

Norma Helena Gadea es una mujer habladora que hace sentir cómodo a cualquier interlocutor. Siempre amable, se disculpa reiteradamente por los 40 minutos de retraso. Al hablar de sus penas lo hace con la misma sonrisa con la que aborda los temas que la hacen feliz.

Justo ahora tiene 15 minutos hablando de su padre. Deja ver una especie de devoción. Es la segunda de siete hijos nacidos en Ocotal y crecidos en una familia donde abundaban el arte, el tango, las historias de Pancho Madrigal y el amor.

Su padre es su ídolo. A su madre la recuerda con los ojos llorosos, porque murió hace 34 años tras años de sufrir una enfermedad dolorosa.

De su infancia recuerda con cariño cuando su padre los llevaba a escuchar las grabaciones de los cuentos de Pancho Madrigal.

“Esa era una experiencia increíble. Nos sentábamos como en un palco a ver la velada, los ruidos que hacían, cómo Otto de la Rocha se transformaba. Era mágico ver a mi papá haciendo la voz de un viejito o de un gringo. Vivimos entre historias, cuentos, música... Fui y soy muy feliz. Aunque la vida me ha golpeado mucho, sigo siendo una persona feliz”.

“Yo no soy cantautora, soy cantora”

En algún momento le preocupó no componer canciones. Ya no. “Luego te das cuenta de que nacés para algo concreto. No nací para hacer canciones, nací para interpretarlas, para hacer mías las canciones de otros. ¿Para qué ser cantautora si no soy buena en eso?”.

Este año cumple 40 años de cantar, según sus cuentas, pero celebrará esas cuatro décadas hasta el año próximo.

“Soy muy emotiva para cantar, no puedo cantar algo que no siento. Puedo estar deprimida, pero si canto me mejoro. Agarro mi guitarra en la casa un ratito. Me pongo a cantar sola, a capella. El canto para mí es curativo, me cura las penas, me ayuda a vivir”.

En el escenario con Mercedes Soza

En dos ocasiones compartió escenario con Mercedes Soza. “Eso fue como ganarme un Grammy. Era la voz que yo escuchaba de chavala”.

Diez canciones que no pueden faltar nunca en su repertorio son “Gracias a la vida”, “Nicaragua, Nicaragüita”, “Mujer de carne y hueso”, una de Camilo Zapata --“no puedo perder mi identidad”--, un tango --“Yo soy gardeliana”-- algo así como “El día que me quieras”, una canción de Pablo Milanés, otra de Silvio Rodríguez.

Norma Helena Gadea evita sintonizar la radio porque “solo basura ponen, mucha música que lesiona nuestra dignidad de mujer”.

“No soporto los reguetones. Yo seré vieja, pero esas cosas no me gustan. Yo busco a los autores, a Luis Enrique. Hay una mujer que me fascina, una colombiana que se llama Martha Gómez, Juan Luis Guerra. Me encantan Serrat, Boyoi (Salvador Cardenal), me deleito escuchando a la Elsa Basil”.

Así como es de buena para cantar lo es para cocinar. Durante algún tiempo vendió sopa de mondongo. “Hacía un gran perol”, recuerda. Hoy ha dejado de hacerlo porque supone mucho trabajo y porque ella “es temática” y quiere que la comida quede a la perfección.

La entrevista termina sin que dé el secreto de su sopa. Y claro, con una sonrisa suya.

Vive por el canto

“El canto para mí es curativo, me cura las penas, me ayuda a vivir”.