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Los cohetes estallan, las marimbas suenan, los promesantes bailan y el sudor corre en medio de un mar de gente, unos movidos por el colorido y la curiosidad de una tradición celebrada hace siglo y medio, y otros por su fe, que mueve montañas.

Así se pintaba ayer la iglesia de Santo Domingo, en la despedida de la imagen del santo de los managuas, que después de sus tradicionales 10 días de visita a la capital, regresa a su santa morada en la Parroquia de las Sierritas, no sin antes dejar su huella en los corazones de los promesantes,

que son la columna vertebral en la celebración.

“Estoy viva gracias a Dios y a Santo Domingo de Guzmán”, es una frase que se repite una y otra vez cuando se consulta a quien le baila a Santo Domingo, al que va de rodillas o a quien le lleva una ofrenda.

Una promesante es Teresa Pérez, de 52 años. Tiene 10 años de pagar promesa. Dice que aunque sea en silla de ruedas lo hace y lo seguirá haciendo siempre que tenga las fuerzas.

“Tuve una enfermedad, pero figúrese que he puesto tanto la fe en Dios y en Santo Domingo que me ayudó. Iba a hacerme unos exámenes y pasé frente a su iglesia, donde me encomendé a él”, expresa entre sollozos la señora Pérez.

Destacó que los médicos la habían desahuciado. “Los médicos dijeron que ya no tenía vida y yo le dije: ‘No señor’. Me dijeron que tenía cirrosis, pero no era eso y me operaron. Primero Dios y con Santo Domingo, quien intercede por mí”, alega la promesante.

Viene desde Miami

Luis Gallo, miembro del comité de cargadores, tiene 17 años como encargado de la vestida del santo, y se viene desde Miami para pagar su promesa, luego de haber sido salvado de un cáncer hace 18 años.

“Míreme dónde estoy después de 18 años. Me ha conservado y pago mi promesa”, indica sonriente Gallo.

Su historia no difiere de muchas otras curaciones, pero él tiene una gran responsabilidad con el Santo Patrono de la capital, a la par de las familias de Leana Romero y de Vilma Gallo. Ellos forman parte de los 155 cargadores que anualmente llevan y traen la imagen del santo.

El promesante nos asegura que “Minguito” no solo tiene promesantes en Managua, sino también en Estados Unidos, ahí también hay cubanos, puertorriqueños y de otras nacionalidades que colaboran para comprar la ropa que viste el santo.

Sanados por la fe

Entre el son de las marimbas encontramos a Sabina Vicente Rodríguez bailándole al Santo. Por cuatro años lo hace desde que “Minguito”, a como le dicen de cariño a la imagen, la sanó de una enfermedad de la garganta.

“El médico me dijo que tenía una enfermedad de la tiroides y era incurable, pero se lo pedí a Santo Domingo y me curó de ese dolor, como que me estaban asfixiando, y ese cansancio que me agobiaba. Por eso mientras esté viva voy a pagar la promesa de venir a bailar”, dijo.

Mencionó que su esposo, Gregorio, igual paga promesa, ya que el poder divino le regresó la vista, después de que los oftalmólogos le dijeron que su padecimiento no tenía remedio.

 

Por una niña especial

Una de tradición de generaciones hasta que las fuerzas le abandonen es doña Aura Marina Medina, de 75 años, recién cumplidos el 3 de agosto.

“Ahorita pago promesas por mi nietecita Patricia. Ella es especial, y le pido al santo que le dé fortaleza, que le permita caminar y hablar, que me haga el milagro”, comenta con una sonrisa la señora Medina.