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“Miren cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía”. Salmo 133:1.

El anuario estadístico 2011 del Instituto de Medicina Legal de Nicaragua registra un total de 64,648 peritajes por causas de violencia a nivel nacional, ello, según dicha publicación, representa 5,387 casos por mes, 177 por día y 7.4 por hora. Estos números son altos, y es presumible que exista subregistro en este tema, es decir, que la cifra podría ser mayor.

Estas estadísticas indican que, como sociedad, debemos reflexionar, poner atención y actuar en pro de incidir en la disminución de hechos de violencia. En la búsqueda de este propósito se requiere tomar conciencia acerca de los factores de riesgo que los propician.

Los factores de riesgo representan una variedad de situaciones que ocurren en el plano individual, familiar y social, contribuyendo a generar, incrementar y agravar manifestaciones de violencia.

La violencia tiene su hábitat natural en las relaciones interpersonales, y es multicausal.

Diversos estudios identifican una cantidad considerable de factores de riesgo, algunos se manifiestan en el ámbito individual, entre otros, se mencionan: baja estima, carencias afectivas, inestabilidad emocional, estrés, egocentrismo, intolerancia, prepotencia, envidia, ausencia de valores respecto a la vida y a la convivencia; otros se dan en el círculo de la familia, tales como: falta de diálogo, ausencia de modelaje adecuado para niños y niñas, consumo de drogas y/o licor, presencia de maltrato y abuso, permisividad, falta de claridad en los roles familiares; y, por último, en el contexto social: inequidad, discriminación, injusticia, desigualdad social, competencias no sanas, fanatismo, desempleo, pandillas, etc.

En fin, los factores de riesgo que propician violencia son innumerables, la Biblia se ocupa de algunos de ellos, y en Proverbios 6 dice: “Seis cosas aborrece el Señor, y aun siete abomina su alma: los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras y los que siembran discordia entre hermanos”.

Es nuestra responsabilidad como personas, como sociedad, reconocer las pautas que nos inducen a manifestar conductas violentas y trabajar con nosotros mismos en la búsqueda de poner en práctica acciones que conduzcan a modificar dichos comportamientos, enfrentando día a día todos aquellos factores de riesgo que impiden vivir en paz y en armonía. Amiga, amigo el cambio se inicia en Usted.

Amiga, amigo, la vida en paz y en armonía con los demás es condición indispensable para optar a una calidad de vida óptima, le instamos a invitar a Jesús a morar en su corazón, Él es el maestro de la paz, diga: “Padre bendito, le pido perdón por ofenderle, pido perdón a las personas que he dañado con conductas violentas, le pido dominio propio para enfrentar y superar factores de riesgo que me han impedido disfrutar la vida diaria que Ud. me da, llene mi corazón de amor, que todo lo haga por amor, con amor y en amor”.

Queremos saber de Usted, le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com