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“Es la fe”. La pequeña Ayling, que este mes cumplirá dos años, resiste el sol y el viento en los hombros de su madre durante ocho horas, sin que le dé ni un poco de insolación, porque tiene fe en la diminuta imagen. Las piernas y brazos de José Narváez, de 77 años, quien carga al santo desde hace 48, resisten por lo mismo. Por la fe.

Igual le pasa a Víctor Jácamo, un chavalo de 21 años que no deja de bailar desde que sale hasta que entra Santo Domingo, mientras carga una réplica de la imagen en su cabeza.

“Dicen que es la fe”, comenta Marcial Aráuz, mientras Santo Domingo pasa por las calles de El Oriental, donde se entremezclan olores, tufos, música religiosa y cumbia, como fuego y candela, que me estoy quemando.

Desde hace 10 años, Aráuz, un jefe policial de la DOEP, recorre Managua llevando y trayendo al santo como parte de las labores que le han sido asignadas. “Casi como un promesante”, dice. Camina dentro del cordón policial que resguarda la imagen del patrono de los capitalinos.

“A esa señora morena” --señala a una viejita--“le dan calambres en las piernas. La sacan, le dan masajes y sigue hasta llegar a Las Sierritas”, cuenta el policía, quien tiene rango de comisionado.

Aunque parezca increíble, Aráuz conoce a una gran parte de esos anónimos que cada primero y diez de agosto participan en las procesiones. La de ayer, conocida como la “subida”, inusualmente se retrasó e inició a las 8:00 a.m. en la Iglesia Santo Domingo, concluyendo poco antes de las 5:00 p.m. en Las Sierritas.

“Ese muchacho andaba el primero (de agosto). Vas a ver que no parará de bailar”, susurra el policía.

Se refiere a Víctor Jácamo, el chavalo flaco, que llama la atención precisamente por eso. Al terminar la misa, a las 7:30 a.m., mientras la gente se amontonaba para acercarse a la imagen, él se ubicó en una parte de la calle lateral de la Iglesia Santo Domingo, y cargando una réplica de la imagen del santo, vestida con flores amarillas, la empezó a bailar. Son las 11 a.m. y sigue bailando.

Hay mujeres y hombres que le piden prestada la imagen, bailan cargándola, la devuelven, y luego siguen su camino. Contrario a los nueve años anteriores, Jácamo acompañó a la procesión el primero y el diez de agosto, y no el cuatro y el nueve.

“Un tío mío fue diagnosticado con cáncer terminal hace diez años… Murió por tres horas y rogamos a Santo Domingo que lo resucitara, como a Lázaro. Hoy continúa vivo. Mi promesa es vestirlo, acompañarlo hasta 2017”, cuenta Jácamo.

dice que cuando inició con esa actividad José Narváez, el señor de 77 años que carga al santo desde 1965, no había tanta gente tomada y tampoco policías evitando que la gente se acercara a la imagen.

“Cuando comencé era brazo con brazo, después vino el mecate… ahora son los policías… Nos tomábamos nuestros traguitos, unos pocos, solo para agarrar energía”, dice un poco molesto.

“Si no hacemos este cordón se arma el alboroto. Hay gente pintada con aceite que solo anda ensuciando a los demás…”, prosigue el policía a unas pocas cuadras de El Gancho de Caminos, en el mercado Oriental, donde la imagen de Santo Domingo de San Andrés de la Palanca, una comunidad de Ciudad Sandino, se une con la de Las Sierritas.

El panameño Guillermo Suira, cura de la Iglesia Santo Domingo, camina dentro del cordón policial resguardado por los agentes. “¿Cuánto tiempo paramos, padre?”, le preguntan los policías cuando la imagen queda estacionada bailando a pedido de un grupo de gente. “Unos cinco minutos”, responde él.

Hace cuatro años llegó al país procedente de Costa Rica. Santo Domingo de Guzmán, rememora, era un noble español que se desprendió de toda riqueza para ayudar a los desposeídos, y fundó la Orden de los Dominicos.

El padre dice que antes de llegar a Nicaragua jamás había participado de una celebración como la del patrono de Managua.

“Aquí se combina lo religioso, lo popular, lo folklórico… En otros lados es más piadoso”, comenta entre el bullicio causado por los chicheros y por un hombre que desde una tarima le baila al santo pidiendo desde un micrófono para abajo, para abajo, para abajo… ¡Viva Santo Domingo!

El padre grita para hacerse oír: “Se ha dicho que estas fiestas hay que mantenerlas, promoverlas y purificarlas… Debería haber menos consumo de licor, pero ¿cómo si no hay una Ley Seca? A nosotros solo nos toca exhortar para que no consuman tanto… pero, esto de la bebida es como una catarsis que puede verse positiva y negativamente”.

Hay gente que a causa del licor va quedando en el camino, y hay niños como Ayling, a quien hace dos años no le daban esperanzas de vida por la neumonía y el H1N1 que padecía, y que ayer parecía contenta pese al sol, a los tufos y a los movimientos bruscos que su madre hacía al bailar desde que salió el santo hasta que entró.

“Es increíble cómo aguantan los niños chiquitos… Dicen sus padres que soportan por la fe”, vuelve el jefe policial.

Mayor asistencia

La Policía Nacional detuvo a 22 personas durante las festividades en honor a Santo Domingo de Guzmán, que concluyeron ayer. El segundo jefe de la Policía de Managua, comisionado mayor Pablo Emilio Ávalos, aseguró que asistieron más personas que el primero de agosto.

Pese a eso, agregó Ávalos, el plan puesto a andar por esa institución, que desplegó a más de 3,000 agentes, fue calificado como exitoso.

Doce personas fueron detenidas por alteración al orden público y liberadas ayer, excepto las que estaban ebrias. A las 7:30 a.m. se reportaron dos robos con violencia, por el Instituto Loyola. Se registraron cuatro robos con intimidación y cuatro niños perdidos, cuyos padres luego fueron encontrados.

Más de 3,000 policías

La Policía Nacional desplegó a unos 3,500 agentes en Managua. Según el comisionado mayor Pablo Emilio Ávalos detuvieron a 22 personas: 12 por alteración al orden público, cuatro por robo con intimidación y dos por robo con violencia.