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“Miren cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía”. Salmo 133:1.

Así como existen factores de riesgo que propician violencia, también es posible identificar otros factores, que ayudan a prevenir, evitar, contrarrestar eliminar manifestaciones de violencia, a estos se les denomina factores de protección.

Los factores de protección tienen como propósito principal limitar el impacto de eventos que pueden ser considerados riesgosos para las personas, así mismo, equiparlas con actitudes de compromiso y conductas adecuadas para que puedan enfrentar y salir airosas de situaciones que podrían resultar perjudiciales.

Estudiosos del tema identifican una cantidad de factores de protección, entre otros mencionan: educación en valores y fortalecimiento de la estima personal; Mejorar la capacidad individual de adaptación a las adversidades; Establecer y respetar normas de comportamiento establecidas; Respetar roles que cumplen miembros en la familia, etc.., todos los cuales compartimos plenamente, sin embargo, es nuestro propósito resaltar lo que consideramos el principal factor de protección, Dios y algunos valores (frutos) importantes que Él siembra en quienes deciden abrirle las puertas del corazón: Amor, Gozo, Paz, Paciencia, Benignidad, Bondad, Fidelidad, Mansedumbre, Dominio, Propio. (Gálatas 5:22). Estos valores (frutos) representan factores de protección que potencian capacidades para evitar comportamientos violentos y/o enfrentarlos. De todos ellos queremos resaltar la mansedumbre como armadura en contra de este flagelo.

La mansedumbre, nos introduce en el plano de las relaciones humanas. Es importante entender que las relaciones sanas no dependen de la calidad de las personas que la componen, sino de la existencia de un fundamento espiritual que permite que nos veamos tal como somos. Cuando estamos vestidos de mansedumbre podemos aceptar, con una actitud de paz y sosiego interior, aquellas cosas que nos resultan dolorosas, humillantes o difíciles. Alguien puede señalar nuestros defectos y errores, o incluso insultarnos y estamos capacitados para no reaccionar con airada indignación.

Frente a situaciones de injusticia, somos lentos para la ira y la rebeldía. No nos preocupan señalamientos ofensivos o acciones que pretendan dañar nuestra reputación. Confiamos en que Dios nos defiende y que no requiere de nuestra ayuda para hacerlo. Él nos da una palabra poderosa que reafirma nuestra confianza: “El que habita al amparo del Altísimo, morará a la a la sombra del Omnipotente. Diré yo al Señor: Refugio mío y fortaleza mía, mi Dios en quien confío”. Podemos descansar en Dios, y saber que Él es el que levanta y derriba, el que sostiene y el que quita, Él es generoso para cuidar de la integridad y los intereses de sus hijos

Amiga, amigo: la vida en paz y armonía con los demás es condición indispensable para optar a una calidad de vida óptima, le instamos a invitar a Jesús a morar en su corazón, Él es el Maestro de la Paz, diga: Padre bendito, le pido perdón por ofenderle, pido perdón a las personas que he dañado con conductas violentas, hoy abro las puertas de mi corazón y acepto a Jesús como mi Señor y Salvador, le pido que me equipe con mansedumbre y dominio propio para disfrutar la vida diaria que Usted me da.

Queremos saber de usted. Le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com