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Es conversador y jovial, pero tímido para las fotografías. Eduardo Rojas Bañuelos es un joven peruano de 27 años, que en diciembre pasado llegó a Nicaragua para escalar los volcanes y se enamoró de Granada. Confiesa que su idea inicial era hacer una gira por algunos países de Sudamérica, pero una amiga nicaragüense, a quien había conocido meses antes en Lima, le recomendó visitar esta tierra.

No lo pensó mucho, recogió el dinero que había ahorrado durante dos años, alistó las maletas, y se enrumbó para iniciar una aventura que cambió positivamente su vida y le ha dejado grandes satisfacciones. “Me mostró un poco cómo era Nicaragua y me emocionó la idea de escalar estos volcanes, así tome la decisión de venirme con ella para esperar el Año Nuevo, y aquí terminamos como novios”, dice con una pícara sonrisa.

Estando en Nicaragua se dedicó a recorrer sitios de atractivo turístico, e hizo amistad con gente de León que residía en Managua, con quienes llegó a compartir la vivienda durante meses. Marcela Piuzzi, quien para entonces ya era su novia, tuvo que regresar a Perú para terminar un trabajo que desempeñaba para la organización Un Techo para mi País, pero él se quedó.

Ese tiempo le sirvió para reflexionar sobre su gran sueño de emprender un negocio turístico. “Yo sabía que si iniciaba algún negocio, tenía que ser turístico, porque siempre me ha gustado el turismo. Entonces empecé a viajar por San Juan del Sur, por León y por Granada para ver dónde era más viable instalarme, y bueno, me decidí por Granada”.

Aunque es amante de las playas, confiesa que le encantó la arquitectura de esta ciudad colonial. “Aquí podés caminar tranquilamente y disfrutar del paseo, todo está céntrico y el turismo está creciendo bastante. Era, realmente, la mejor opción”, comenta.

La oportunidad

Pero antes de decidir quedarse, Rojas buscó noticias sobre Nicaragua. A través del New York Times, por ejemplo, supo que este país figuraba entre los destinos recomendados para visitar en este 2013, supo también que lideraba entre los países más seguros de la región centroamericana, y, sobre todo, durante su estadía aquí corroboró que podía iniciar un negocio con poco dinero.

“El turismo en Perú ha crecido mucho, pero es muchísimo más caro. Por ejemplo, para abrir un restaurante en Cuzco (ciudad al sureste de Perú) hay que pagar unos US$5,000 mensuales por el alquiler de un local; eso significa que una persona como yo, que tenía dos años de estar ahorrando en mi trabajo (en una petrolera), no hubiera podido hacerlo nunca”.

Su negocio, inaugurado hace dos días, se llama “Chakana”. Es un restaurante instalado en el corazón de Granada, sobre la Calle El Caimito, a media cuadra del Parque Central, donde el visitante puede disfrutar de la gastronomía típica nicaragüense y peruana. De la cocina del país del sur, en el menú figuran entradas como pulpo al olivo, causa limeña y bolitas de yuca con queso; y platos de fondo como anticuchos barranquinos y tiradito de pescado con salsa de maracuyá.

“Es un restaurante elegante pero bohemio a la vez. Chakana es una cruz andina, representa el mundo de abajo o mundo de los muertos y el mundo de arriba o mundo de los dioses. Es un símbolo que tiene una forma de escalera de abajo hacia arriba y el centro representa al sol, es parte de la filosofía inca, no tiene nada que ver con religiones”, explica Rojas.

La carta ofrece cuatro entradas y seis platos de fondo, pero con el paso del tiempo podrían aumentar unos cuatro platos más, porque, según Rojas, el propósito es ir probando los platillos con mayor movimiento.

Dos culturas

El negocio está en una hermosa casona de estilo colonial, típica de Granada, y busca promover las raíces culturales de ambos países; está decorado y amenizado con elementos folclóricos. De fondo se escucha música andina, y en una de las paredes del patio se aprecia una figura del santuario histórico de Machu Picchu, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1983.

“La telas que utilizamos para la decoración fueron traídas desde la selva de Perú y están hechas a mano”, acotó, tras confirmar que el local brinda empleo a siete personas jefas de familia, con quienes mantiene una cordial relación de trabajo.

Aunque ha disfrutado de la experiencia en Nicaragua, Rojas señala que una de las situaciones más difíciles para él es permanecer lejos de su familia. “Precisamente, hace pocas semanas mi hermano tuvo un accidente y sufrió heridas graves en la cabeza, no me querían decir para no preocuparme… Realmente, es muy difícil estar lejos. Me alegra que recientemente mi papá viniera a visitarnos;  le gustó bastante lo que estamos haciendo, le gustó esta casa y le gustó Granada”.

Turistas por doquier

El peruano Eduardo Rojas Bañuelos está convencido de que Nicaragua, y particularmente Granada, tiene mucho futuro en el negocio turístico, y confía en que aquí el futuro le depara solo resultados positivos.

“Estoy sorprendido por el movimiento de turistas, siempre veo extranjeros en las calles, es cierto que estamos en temporada baja, pero yo estoy vendiendo aunque sea algo, y eso me permite mantener abierto mi negocio. Estoy contento con lo que se puede vender”.

Asegura no tener temores de ningún tipo. “No creo que vaya a haber algo que frene el movimiento turístico, al contrario, veo un auge cada vez mayor”, enfatiza.

Ese optimismo le hace mantener la vista en otro proyecto, este en la ciudad de León, donde considera abrir un pequeño hotel para mochileros. El proyecto lo está estudiando con su novia y con dos amigos, con quienes haría la inversión. Sin embargo, va con calma. “No lo puedo hacer ahorita, tengo que tener dinero para reinvertirlo”.

Mientras, Rojas hace vida social y contactos con tour-operadoras de la ciudad de Granada, para que conozcan el servicio de su restaurante y lo incluyan en los paquetes para turistas.

En la ciudad de Granada funcionan:

105 restaurantes

100 alojamientos

28 bares y restaurantes

18 tour operadoras

17 cafeterías

15 transporte acuático

6 tragamonedas

2 discotecas

Fuente: Intur