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Enrique Mencía Fonseca tiene a sus 66 años una memoria privilegiada. Recuerda datos, fechas y nombres con una exactitud asombrosa. Además colecciona objetos. Pero no de cualquier clase, sino cosas relacionadas a su gran pasión: la natación.

En las paredes de su casa guarda recortes de periódicos, fotografías, trofeos, banderines, medallas, diplomas y cronómetros de su larga carrera como instructor de natación que, según él, le ha dado los mayores placeres de su existencia.

Nació un 13 de julio de 1947, en el barrio San Sebastián de Managua. Sus primeros recuerdos de infancia es cuando se iba con su grupo de amigos al lago de Managua “a chapalotear” en el agua.

Madrugaba para ir a Tiscapa

Después en las madrugadas se escapaba de su casa para ir a la Laguna de Tiscapa a ver entrenar a los “salvavidas” de la Cruz Roja. Se quedaba extasiado por horas viéndolos. Así aprendió a nadar. “De ver lo que hacían aprendí, no recibí ningún curso”, comenta.

Dice que el instructor de ver que era el adolescente que más llegaba a ver todos los días le preguntó si estaba interesado en aprender “a nadar bien” y le puso un instructor que le ayudó. Sin saber que descubriría la pasión de su vida.

Tenía 15 años cuando entró al primer curso de guardavidas titulados de Nicaragua que duró dos años hasta octubre 1964. De 74 alumnos solo 13 lograron culminarlo. Don Enrique cuenta que incluso algunos “salvavidas” de muchos años desertaron.

Apasionado por los deportes

Desde niño le gustaron los deportes. Practicó béisbol, fútbol, boxeo y hasta lucha grecorromana. Reflexionando por qué no se quedó en ninguna de ellas dice que es porque solo quería conocer distintas disciplinas y para defenderse de las pandillas.

Empezó a trabajar como encargado de deportes en la Universidad Centroamericana, UCA. Sin embargo, el entonces rector Juan Bautista Arríen, lo impulsó a que diera clases de natación a cuatro niños en la piscina del Nejapa Country Club.

Ahora cuenta en “cientos” los niños a los que les enseñó a nadar. “Yo aprendí a nadar rústicamente, los pies como sapo y la cabeza fuera del agua”, comenta con una sonrisa. Pero también dice que rescató más de 100 personas durante sus 20 años de servicio voluntario en la Cruz Roja Nicaragüense.

Su primer rescate

Su primera vez como rescatista fue en la playa de Masachapa. “Para ser un buen guardavidas hay que ser un buen nadador, tener buena técnica y resistencia. Pero también aprender la técnica de escape cuando los rescatados te agarran y te pueden llevar con ellos”, insiste.

Pero cuenta que “la anécdota de la vida” es cuando le tocó rescatar a la primera persona. Era 1965. Su primera ocasión como rescatista. Dice que estaba “como torito ansioso” por salir a salvarle la vida a alguien. Cuando empezaron a escuchar la bulla que se estaba ahogando una muchacha, él salió corriendo y cuando estaba a la par de la joven lo agarró y no se le pudo soltar.

“Escapé de ahogar, si no hubiera sido porque el segundo rescatista que iba detrás de mi nos soltó”.

Enrique Mencía asegura que se quedó por más de 10 minutos en el agua sin querer salir por la vergüenza. “Me fui nadando hasta el muelle de Masachapa y salí caminando con la camiseta enrollada porque me daba pena”.

Pero al año siguiente en la playa de Huehuete le pasó lo mismo con un señor. Estuvo a punto de salirse de los rescatistas, pero sus compañeros le comentaban que a todos alguna vez le había sucedido lo mismo.

 

Ha cruzado nueve veces la laguna de Apoyo

El profesor Mencía, como le llaman cariñosamente sus estudiantes, dejó el trabajo en la UCA y se dedicó por completo a dar clases de natación. Y también empezó a forjar su estricta disciplina. Nueve veces cruzó nadando, ida y vuelta, la laguna de Apoyo.

Entre sus primeros alumnos de natación estaban los hermanos Richardson, que destacaban entre todos los nadadores. Pero el señor Frank Richardson le dijo que quería que entrenara a su tercera hija, la pequeña Michelle cuando esta recién cumplía tres años.

Desde pequeña empezó a implantar marcas que aún están vigentes en Nicaragua. Años después se convertiría en medallista olímpica al ganar medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles de 1984.

“Cuando ella llegó a estudiar natación a Estados Unidos, me felicitaron porque dijeron que recibieron un diamante en bruto que solo faltaba pulirlo”, dice.

En 1978, los hermanos Richardson salieron del país rumbo a Estados Unidos antes del triunfo de la Revolución Sandinista. Don Enrique cuenta la historia de aquella época en la que se perdió la oportunidad de que Nicaragua ganara su primera y única medalla olímpica.

“El papá de Michelle Richardson me mandó una carta desde Estados Unidos para poner a disposición a su hija para que ella representara al país en cualquier evento internacional sin ningún costo”, recuerda.

Después agrega que le hizo llegar la carta a Moisés Hassan, presidente del Comité Olímpico de Nicaragua en ese entonces, este le respondió que “ella estaba en la gusanera (Estados Unidos) y es hija de burgueses”.

Sin embargo, aún mantiene relación con Richardson y sintió su triunfo como propio. “Yo tuve que ver algo en ese logro”, indica.

En el Salón de la Fama nica

El 23 de mayo del año 2000 fue ingresado al Salón de la Fama del Deporte Nicaragüense por reunir una trayectoria envidiable en la natación pinolera.

Enrique Mencía es valorado de manera indudable como el mejor entrenador de natación en la historia del país.

“Me siento realizado, muy contento por haberle enseñado a nadar a miles de niños y porque me hayan dado este reconocimiento en vida”, confiesa.

Mencía ha sido entrenador del Club del Colegio Centroamericano, Tiburones del Nejapa Country Club, Tiburones de Las Colinas, Delfines de Casa España, Delfines de Las Colinas y ha dado clases en los colegios más importantes de Managua.

Durante su carrera también destacó por haber entrenado a figuras como Frank Richardson, Camparis Knoffler, Noel Navarrete y Walter Sosa.

Actualmente nada 1 hora cada dos días. “Ya no doy clases porque ya me cansé”, comenta. Aunque a veces lo convencen de volver a entrenar.

 

Una larga carrera

De 1968 a 1972 fue profesor de natación del Colegio Centroamérica e impartió clases en la piscina del Club de Villa Fontana.

Fundador del equipo de natación del Club Centroamérica. 

Fundador del Club de Natación “Tiburones del Nejapa”.

Fue entrenador de natación del Nejapa Country Club en Managua, Nicaragua. 

En 1975 se gradúa como Entrenador Internacional en México D.F.

Ha participado en cursos en universidades de Estados Unidos.

Fundador del Club de Natación “Delfines de Las Colinas”.