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El mayor temor de Jairo Rivas, el padre de Ronny Rivas Chávez, el niño quemado, es recibir una llamada con malas noticias sobre la salud de su pequeño hijo, igual que ocurrió a eso de las 11 de la mañana del 16 de julio cuando le avisaron por teléfono que el niño se había quemado con el agua hirviendo de una olla con yuca.

Han transcurrido dos meses desde la trágica mañana y, mientras Ronny lucha por su vida, conectado a un ventilador en el Hospital Infantil “La Mascota”, la familia se aferra con angustia a la ilusión de que el niño vuelva a moverse por la casa, con el inestable andar de un tierno que apenas aprendió a caminar.

No pierden la esperanza

“Nunca se pierde la esperanza de tenerlo aquí (en la casa) de vuelta”, expresa Rivas para contar que la evolución de Ronny Rivas, de un año y dos meses de nacido, ha sido de altibajos, pues hay momentos en que lo notan vivaz.

Relata que a mediados de semana cuando el niño abrió los ojos, se sintieron fortalecidos. “Nosotros nos alegramos porque ya se reía y todo, pero de pronto se volvió a decaer”, expresa apesarado porque asegura que tampoco los médicos les dan un pronóstico alentador.

Pronóstico reservado

“Los doctores me han dicho que está siempre malito de los pulmones, que en las placas siempre sale el reflejo de que está mal”, comparte al tiempo que reflexiona que la situación por la que pasa su hijo es “algo muy duro producto de un descuido”; pero que médicamente se está haciendo todo lo necesario porque se recupere.

Desde que a Ronny lo trasladaron a La Mascota, solo pueden verlo dos veces durante el día. Magdalena Chávez Guillén, su madre, permanece en el albergue del hospital y tiene derecho de estar con el niño durante una hora, mientras que su padre llega a las horas de visita establecidas para estar con él.

Explica que en la sala “está junto con otros niños; hay como unos seis niños más igual que Ronny, entubados y todo”.

De las últimas veces que ha estado con el pequeño, Rivas solo alcanza a decir que Ronny “cambia (de pronto su semblante) a veces se le miran alegritos los ojos y de pronto llega otro día y se mira triste de viaje, los voltea los ojos”.

El tierno de la casa

El hogar de los Rivas – Chávez está ubicado en Villa Virgen de Guadalupe, en el sector de Acahualinca, Managua. Es una de las casitas básicas (sala y dos cuartos) que el gobierno construyó para los refugiados por las inundaciones. En las paredes sin repello de la vivienda se aprecia una foto de Ronny saludable y cachetón, cuando cumplió cuatro meses de vida.

Dice su padre que fue un niño deseado. Tenían tres varones y Magdalena “buscando la niña” concibió a Ronny, quien antes del accidente ya decía papá y mamá.

 

Cuidado con los niños

Según datos brindados a El Nuevo Diario por miembros de la Asociación Pro Niños Quemados, Aproquen, en lo que va del año, 141 niños han sufrido quemaduras con líquidos calientes, siendo los menores de 5 años los más afectados.

David Pérez, jefe de escuadra del Benemérito Cuerpo de Bomberos, coincide que ese grupo es vulnerable debido a la curiosidad propia de su edad y a la falta de supervisión de los adultos.

En caso de un accidente, recomienda solo auxiliar al afectado echándole abundante agua del grifo.

Advierte no suministrarle ningún otro tipo de líquido, ni jabón, ni ungüentos.

Recomienda trasladarlo de emergencia a Aproquen si son menores de 16 o al Hospital “Lenín Fonseca” si son mayores de 16.

 

Tragedia en segundos

Sobre una mesa, se aprecia la cocina eléctrica que el 16 de julio Magdalena Chávez colocó en el patio sobre una tabla, apoyada en un balde plástico donde puso a cocer la yuca para preparar el vigorón para una kermesse.

“Llegó el niño, debió haber halado la tabla y se le vino la porra encima… ella (Chávez) se siente mal, porque no lo pudo ver, solo dio la vuelta a buscar unos tomates a la refrigeradora y cuando vio ya se le había bañado el niño de agua caliente”, relata Rivas. Entre el lugar del accidente y la refrigeradora hay a lo mucho diez pasos.