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En los hechos, no hubo pelea. La multitud mexicana en el MGM estuvo amordazada, mientras su nuevo ídolo Saúl “Canelo” Álvarez era inutilizado round tras round. En casi todo instante Floyd Mayweather dio la impresión de estar ofreciendo con tranquilidad una clase de boxeo.

¡Qué impresionante estuvo Floyd! Su izquierda relampagueante, su derecha martirizante, sus combinaciones lacerantes, sus piernas permanen-temente ágiles para manejar diferentes perfiles, sus reflejos prodigiosos, nunca resplandecieron tanto. Seguramente, al terminar la pelea que sorprendentemente fue por decisión mayoritaria a favor de Mayweater, por culpa de un juez que se durmió largo rato y despertó imaginando acciones que no ocurrieron, el "Canelo” debe haber sentido la necesidad de matricularse en un curso intensivo de boxeo. Tan desnudo se vio.

Sin ideas, y consecuentemente sin iniciativa, “Canelo” quedó expuesto al golpeo antojadizo de un peleador que sigue siendo magistral y que no tiene rivales de peligro en el horizonte. A menos que alguien sea capaz de restaurar a Manny Pacquiao como se hizo con el David de Miguel Ángel, algo imposible.