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La experiencia personal y lo que hemos observado en otras personas, nos enseña que los sentimientos de culpa corroen la unidad en las relaciones de pareja. Creencias interiorizadas en las diversas etapas del desarrollo de la personalidad, conducta social impuesta, normas y reglas religiosas, etc., nos hacen andar por la vida cargando con sentimientos de culpa que impiden disfrutar el día a día.

Nos hacen sentir culpables cuando no somos capaces de controlar algún comportamiento; cuando tratamos de poner las cosas en su lugar; cuando hay manifestaciones de deterioro en la relación de pareja; cuando aparecen indicios reales o aparentes de desenamoramiento de nuestra pareja; cuando nos resistimos a ser sujetos de chantaje emocional y de manipulación. En ocasiones sentimos culpa cuando la ansiedad nos desborda y no podemos controlarla: cuando nos sentimos infelices y no sabemos por qué. En fin, las causas del sentimiento de culpabilidad son innumerables, por ello, es importante que nos equipemos con las herramientas a nuestro alcance, espirituales y conductuales, para disminuir los riesgos de daño a nuestra relación de pareja que este virus emocional pueda causarnos.

“¿Quién no ha sentido la fuerza y el poder del sentimiento de culpa en alguna ocasión? Ese sentimiento agrio y punzante que nos produce una intensa sensación de malestar y que es un arma de doble filo: en oca­siones es beneficioso y en otras es perjudicial. El lado positi­vo es que nos ayuda a gobernar nuestros impulsos. El lado negativo, sin embargo, es que puede ser una emoción muy destructiva, intensa y dolorosa. Con un poder que llega a hacer sucumbir a una persona en la más profunda sensación de infelicidad y de angustia. Con una fuerza abrumadora que consigue menoscabar la autoestima y anular el propio criterio. El sentimiento de culpabilidad no solo es capaz de manipular y controlar nuestras acciones y nuestros pensamientos, sino que puede lograr que uno vaya en contra de su voluntad. La culpa a veces nos zarandea y domina por completo el pensamiento, hasta destruir cualquier resquicio de tranquilidad interior o hasta hacernos sentir que perdemos la cordura” (Aguilar).

El perdón es la herramienta espiritual por excelencia que ayuda liberarse de las cargas generadas por el sentimiento de culpa, la práctica cotidiana de perdonar y de pedir perdón amortigua afectaciones emocionales que pueda causar este mal.

Cuando el apóstol Pedro le pregunta a Jesús: “Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mi? ¿Hasta siete? Jesús le responde: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete”. San Mateo 18:21-22. Luego en El Padre Nuestro, Jesús enseña: “Padre, perdona mis ofensas, así como yo debo perdonar a quienes me ofenden”. Él no se cansa de perdonarnos, y de igual manera nosotros no debemos cansarnos de perdonar a nuestros prójimos y a nosotros mismos.

Amiga, amigo, los sentimientos de culpa son dañinos para las relaciones familiares y de pareja, por ello le invitamos a practicar el perdón en todo momento, pídale a Jesús que venga a su vida y le enseñe a perdonar y a pedir perdón, de tal manera que no quede atrapado(a) en las redes de las culpas.

 

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