•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Una joven esposa que enfrenta conflictos con su pareja, con tono de frustración expresaba “qué complicados somos, esta relación no tiene futuro”. Con palabras, gestos faciales y mímicas, prácticamente decretaba el “requiescat in pace” a su relación de pareja. El esposo la observaba con aires de displicencia, asentía con movimientos de cabeza y daba por hecho que todo había llegado a un final nada feliz. Los sueños, ilusiones propias del enamoramiento, quedaban atrás, eran desplazados por recriminaciones y desencantos, todo bajo el influjo del orgullo. Ella persuadida de que el joven esposo no había dado la talla, y él convencido de que la mujer que tenía enfrente hoy se había transformado negativamente, no era ni parecida a la que le había jurado amor para toda la vida.

La situación que atraviesa este matrimonio no es particular, pareciera presentarse cuando la relación de pareja alcanza la etapa de acomodamiento y uno o ambos cónyuges ya no ponen su mejor esfuerzo para agradar a la pareja. La comunicación constructiva y motivadora se convierte en recriminadora, inquisidora; se pierden de vista las cualidades y ahora solamente se resaltan los defectos; no hay disposición de solucionar los conflictos y estos se acumulan diariamente, como globo se van inflando hasta que llega el día en que estalla, y se pronuncia la frase lapidaria: “No hay solución, esto se acabó”.

En una conversación le señalábamos a la joven pareja (y se lo afirmamos a matrimonios que puedan estar viviendo esta situación), que a partir de experiencias ajenas y de la nuestra, podemos decir con autoridad que la relación de pareja “no es complicada” como ellos dicen, lo que sucede es que “nosotros la complicamos”.

Es totalmente cierto que en el camino enfrentamos dificultades más o menos graves; nos asusta y molesta cuando afloran actitudes y conductas en la pareja que nunca las habíamos conocido; nos desconsolamos cuando la relación se torna rutinaria tendiendo al aburrimiento; no se diga lo que sucede en el interior de la relación y de los cónyuges cuando aparece la desconfianza, más grave aún si hay infidelidad, etcétera.

Pero también es cierto, y lo decimos basado en nuestras vivencias pasadas, que cuando la pareja toma la decisión de luchar por recuperar y fortalecer la relación, ello se logra. Por el contrario, cuando no hay decisión, los matrimonios naufragan y se ahogan en un vaso de agua.

Por lo tanto, pareciera que no son los problemas per se los que destruyen relaciones de pareja, sino la falta de disposición, humildad, valentía y habilidades para reconocer errores, enmendarlos y enderezar el rumbo de ese barco llamado matrimonio.

Amiga, amigo, si usted genuinamente se dispone a construir una relación de pareja satisfactoria, que le proporcione momentos de verdadera felicidad, debe saber y aceptar que tiene un vínculo con un ser humano, que como tal es imperfecto(a), que comete errores, que muy probablemente tiene muchos aspectos de su vida y conductas que usted no conoce e irán apareciendo en el camino; por lo tanto debe prepararse para ello; equiparse con humildad, valentía, capacidad de perdonar y habilidades para enfrentar y solucionar conflictos y seguir adelante.

Amiga, amigo, la relación de pareja puede ser para toda la vida, no renuncie a ella, usted lo logrará tomado(a) de la mano de Jesús, invítelo a su vida, clámelo, sencillamente dígale: Jesús, abro las puertas de mi corazón para Usted y lo acepto como mi Señor y Salvador; respáldeme para saber enmendar errores, perdonar y pedir perdón y no abandonar el proyecto de construir un matrimonio y una familia.

Queremos saber de usted. Le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com

 

 

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus