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Una alternativa que plantea la nueva Ley de Trasplante de Órganos y Tejidos, para quienes sufren de insuficiencia renal crónica y que están frustrados por no encontrar compatibilidad con sus familiares, es la donación de los fallecidos o cadavéricos, los cuales --a juicio de expertos-- clasifican como individuos potenciales para entregar algún órgano.

Entre los fallecidos se involucra a los nicaragüenses que fallecen por traumatismos craneoencefálicos en accidentes de tránsito, según la explicación de los especialistas.

La diputada Argentina Parajón y el trasplantólogo Silvio Rodríguez, coinciden en clasificar a los ciudadanos fallecidos en accidentes de tránsito como potenciales donantes de órganos y tejidos, siempre y cuando estos hayan dejado expresa su voluntad, en vida, de ser donantes; y luego que un equipo de neurocirujanos haya comprobado su muerte encefálica.

La ley contempla la muerte encefálica como la pérdida permanente e irreversible del estado de conciencia, la ausencia de respuesta motora y de reflejos, y la falta de reflejos propios del tallo cerebral.

El doctor Silvio Rodríguez, médico transplantólogo del Hospital --privado-- Salud Integral, dijo que el incremento observado internacionalmente de las enfermedades renales crónicas  ha sido tal, que las donaciones de órganos de donantes vivos o de donantes fallecidos por sí solas no dan abasto  para realizar todos los trasplantes que se necesitan.

“Por ello era necesario elaborar una ley que, entre otras cosas, permitiera y autorizara la obtención de órganos de pacientes que desgraciadamente fallecen en accidentes de tránsito, accidentes vasculares encefálicos y otros, tal como quedó plasmado.

La diputada Argentina Parajón coincide en ello y dijo que “hay tanta gente que muere en accidentes en este país, que a lo mejor con anticipación pudieran decir que quieren ser donantes.

La ley define en su artículo 4 al “donante fallecido”, como la persona que ha dejado constancia expresa para que se le extraigan órganos o componentes anatómicos de su cuerpo, a fin de ser utilizados para trasplantes en otros seres humanos”.

Agrega que “también se es donante fallecida o fallecido, cuando después de ocurrida la muerte encefálica, los deudos (hasta el cuarto grado de consanguinidad y segundo afectivo) autoricen a que del cuerpo del fallecido se extraigan órganos, tejidos y células con el propósito de ser utilizados para trasplante en otras personas, con objetivos terapéuticos.

El artículo 12 de la nueva ley determina todo el andamiaje jurídico para que a un ciudadano nicaragüense se le pueda declarar donante fallecido --siempre y cuando este haya dejado constancia expresa de donar sus órganos, y luego de que un equipo médico (de dos doctores) le declare la muerte encefálica.

La muerte encefálica se argumenta, en el mismo artículo 12, como la pérdida permanente e irreversible del estado de conciencia del donante, la ausencia de sus respuestas motoras ante reflejos de estimulación externa y la ausencia de los reflejos propios del tallo cerebral.

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