• Bluefields, Nicaragua |
  • |
  • |
  • elnuevodiario.com.ni

En Bluefields es común escuchar que las direcciones de las familias krioles o afrodescendientes radicadas en Managua, hagan referencia a Ciudad Jardín, Bello Horizonte, Santa Rosa, Campo Bruce, Ducualí, entre otros sitios en los que en los últimos 30 años se han posicionado los costeños y han creado sitios propios para mantener su cultura.

Oficinas de iglesias, universidades, ONG, gobiernos autónomos, iglesias, bares, restaurantes y hasta discotecas son parte de la gama de negocios que los costeños están desarrollando en el Pacífico nicaragüense, especialmente en Managua.

George Henríquez, coordinador de la Kriol Organization of Nicaragua (Konic) u Organización Kriol de Nicaragua, dijo que varias familias afrodescendientes han dejado la Costa en busca de mejores oportunidades, y esto está desagregando a la comunidad negra.

“La mayoría está en Managua. Muchos mantienen su conexión con sus comunidades, especialmente con Bluefields, pero vemos que cada año muchos jóvenes están viajando a Managua a través de los call center y otras empresas que están ofreciéndoles empleos, y están dejando nuestra región”, agregó Henríquez.

Mantener identidad étnica

Para contrarrestar la homogenización cultural mestiza y que la comunidad afro mantenga intangible su identidad cultural, el gobierno comunal creole de Bluefields, a través de fondos del Fondo de Población de las Naciones Unidas, Unfpa, está ejecutando el proyecto Organización de Afrodescendientes Emigrantes del Atlántico al Pacífico, que busca visibilizar la población del Caribe e incidir en la creación de políticas públicas de protección a esta comunidad.

“Se trata de promover beneficios, especialmente para jóvenes y mujeres a través de la Ley 28 o Ley de Autonomía, o la Ley de Demarcación Territorial y los diferentes instrumentos y mecanismos nacionales e internacionales que protegen a los pueblos afrodescendientes, impulsando de esta manera el fortalecimiento al proceso autonómico, la demarcación y titulación de nuestros territorios y el empoderamiento de jóvenes y mujeres”, dijo Henríquez.

Los organizadores del proyecto trabajan con jóvenes entre los 25 y 35 años, y en el primer taller han abordado temáticas referentes a la población afrodescendiente en las Américas y sus aportes a la humanidad, tales como la situación de vulnerabilidad en el colectivo, la discriminación, el racismo, identidades y culturas en el Atlántico nicaragüense, entre otras.