Edgard Barberena
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La primera lección de soberanía ejecutada en tiempos de la dictadura somocista por dos miskitos, un afro descendiente y un periodista masatepino en el mar Caribe, ajustará mañana lunes 20 de octubre, 36 años después que izaron la bandera de Nicaragua en el faro de Quitasueño.

Esos personajes que navegaron 320 millas náuticas durante cuatro días sin llevar radio comunicación a tierra firme fueron Danley Thomson, quien era el contramaestre del barco “La Gacela”; Eusebio Lacayo Saldan, capitán de la nave, y Waggy Ribby. Los tres están muertos.

El único sobreviviente es el periodista Roberto Sánchez Ramírez, quien recordó a EL NUEVO DIARIO que lo hicieron sin imaginarse que 29 años después Nicaragua reivindicaría, ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, sus derechos de soberanía sobre los más de 50 mil kilómetros cuadrados en el mar Caribe donde están los cayos.

La hazaña fue ejecutada el 20 de octubre de 1972 y nació de una inquietud periodística que Roberto tuvo en la redacción del diario La Prensa que dirigía el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, ya que se hablaba mucho de la disputa de Nicaragua con Colombia sobre este territorio en el mar Caribe.

“En una conversación con Horacio Ruiz, nos dimos cuenta que no sabíamos dónde quedaban esos cayos, por lo que nos propusimos ir a hacer un reportaje sobre un territorio nicaragüense desconocido y en el transcurso se nos ocurrió ejecutar un acto de soberanía, como era poner la bandera de Nicaragua”, dice Roberto.


Un amigo hizo carta
de navegación
Cuando viajaba a Puerto Cabezas, en el mismo avión de La Nica que lo trasladó, se encontró a Carlos Argüello, un amigo que había conocido en el Instituto “Ramírez Goyena”.

Carlos resultó ser marinero, por lo que le ayudó a elaborar la carta de navegación hacia Quitasueños. Roberto llevaba a Puerto Cabezas como referencia al señor Ernesto Hooker, quien tenía una embarcación pesquera de nombre “La Gacela”. Él puso el barco y Roberto el combustible.

Otro apoyo fue de Juan Peters, quien se hizo cargo de la parte logística del viaje, y “total que salimos del puerto (ubicado cerca de Puerto Cabezas) Lamblaya, navegamos sobre la laguna de Caratá y el río Huahua para salir a mar abierto, hasta llegar a los cayos miskitos y el 20 de octubre llegamos al faro de Quitasueño”.

Fue Danley Thomson quien se bajó del pesquero para subirse a un pequeño pipante, del que navegó hasta el faro donde puso la bandera de Nicaragua. “Resultó impresionante la reacción a esa hazaña a la que nosotros hasta ese momento no habíamos valorado en toda su dimensión”.


La primera señal
La primera señal de que algo importante había ocurrido con la puesta de la bandera en ese faro fue cuando el The New York Times llamó telefónicamente a Roberto para entrevistarlo.

Cuando la noticia trascendió, Colombia trató también de ejecutar un acto soberano en el mismo faro, pero con la presencia del presidente colombiano de ese entonces, Misael Pastrana, y el jefe de las fuerzas navales de ese país.

Quitaron la bandera de Nicaragua y colocaron la de Colombia, mientras en Managua el gobierno de Anastasio Somoza Debayle no dijo absolutamente nada; “pero es satisfactorio después de 36 años recordar que fue la primera y única vez que ha estado la bandera de Nicaragua izada en Quitasueño”.


Obstáculo en la vida
Nunca pudo reunir después a los otros tres participantes de la histórica acción, ya que el terremoto de 1972 “enterró” para siempre un ideal que tenía el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, quien pensaba traerlos a Managua y hacerles un homenaje para reconocer la hazaña.

Eusebio murió de diabetes y está sepultado en el cementerio de Lamblaya; Rigby, quien era tío del poeta Carlos, no se sabe dónde fue sepultado; y Thompson, a quien el periodista lo visitó en Puerto Cabezas hace más de un año estando en vida, también falleció.


La bandera costó C con 20 centavos
Explica Roberto que la bandera que llevó al faro era de las pequeñas que se vendían en el comercio para las fiestas patrias. Esas banderas costaban 5 córdobas con 20 centavos (7 centavos de dólar, ya que el cambio en esa época era al 7 por 1). Y como Roberto sintió temor para ejecutar eso, “se me ocurrió llevar la bandera dentro de un bollo de pan grande”.

En ese viaje ocurrió una anécdota interesante: estaba de comandante en el Atlántico, el coronel de la Guardia Nacional, Ulises Carrillo; a los días que Roberto estaba en Puerto Cabezas organizando el viaje, alguien lo delató --ante el coronel Carrillo-- y “me mandó a llamar para decirme: ‘Parece que vos vas a ir a poner la bandera de Nicaragua no sé a adónde, pero parece que es a los cayos de Quitasueño’”.

Más adelante, el oficial le dice: “Eso es un problema para mí, porque si te impido que vayás, vas a ir a Managua a hacer un escándalo, diciendo que el comandante de la Guardia Nacional no te permitió poner la bandera de Nicaragua; y eso me crea un problema”.

“Si te doy permiso para que vayás, el general Somoza me va a llamar la atención porque esto le va a crear un problema a él; entonces vamos a hacer lo siguiente: en la barra del río Huahua hay un puesto de la GN que te va a pedir el zarpe para poder salir a mar abierto, y el zarpe soy yo quien lo autorizo, pero no te lo puedo dar”, le siguió diciendo el oficial.

El coronel le dijo que se comprara un cartón de cigarrillos y una botella de licor, “y cuando llegués al puerto les decís: -¡Ah! se me olvidó (el zarpe), pero mirá, aquí te traigo de regalo y no hay problemas, porque vamos a pescar”. “Así lo hice, pero al regreso no utilizamos la misma vía, sino que atracamos en Puerto Cabezas”.

Retorno a tierra firme fue duro para Roberto
El regreso a tierra firme fue algo duro e inolvidable para el periodista, porque no estaba acostumbrado a navegar. “Entramos en un oleaje terrible que me provocó más de un día de náuseas antes de llegar a Puerto Cabezas”.

La imagen de Danley al pie del faro, una vez colocada la bandera de Nicaragua, “es una fotografía que se volvió histórica, porque figura en una de las geografías del doctor Jaime Íncer Barquero”.

Dice Roberto no saber nada del coronel que le dijo cómo “burlarlo” a él mismo para salir a navegar a mar abierto. Años después, ese alto oficial estuvo en la Acción Cívica, y “que yo recuerde, a ese coronel no se le señaló nunca ni en crímenes ni en robos, y esto lo digo haciendo justicia”.

Roberto ya conocía a ese coronel porque a como todo periodista de algún modo “nos conocíamos con los oficiales de la Guardia Nacional, y me parece curioso de que él, siendo un guardia, tuvo un buen comportamiento conmigo”. Roberto, cuando fue periodista de La Prensa del doctor Chamorro Cardenal, tenía como fuente la Dirección de Relaciones Públicas de la Guardia Nacional, así como la Policía de Managua.

El ahora también historiador tenía 32 años de edad (ahora anda en los 68) y dijo que pasaron dos horas en Quitasueño. Llegaron en horas de la mañana después de haberse embarcado desde el 18 de octubre, por lo que pasaron dos días navegando, “escoltados” por unos delfines. El retorno a Puerto Cabezas fue más corto, porque “tomamos una dirección en línea recta de Quitasueño a Bilwi”. No pasaron por los cayos miskitos ni entraron en Lamblaya.


Historia del faro
Sobre la historia del faro en el que subió Danley Thompson, Roberto dice que durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos los construyó para evitar que sus barcos se fueran a hundir o encallarse. Esos faros eran alimentados por la luz solar.

Al terminar la guerra “los Estados Unidos (el gobierno), en un gesto abusivo pero propio de las actitudes imperialistas, le cedió ese faro a Colombia, y “cuando le está cediendo el faro al gobierno colombiano le está reconociendo derechos soberanos sobre ese territorio”. Estados Unidos no tenía ninguna autoridad para hacer esa acción, afirma Roberto.


Se le cayó el “bisne” a Somoza
En los días que “pusimos la bandera en el faro de Quitasueño, Somoza había estado en Medellín, Colombia, haciendo negocios, y había autorizado a una compañía de aviación conocida como SAM para volar a Nicaragua; y cuando se armó el alboroto con la bandera nacional en el faro, esto afectó los negocios del dictador”.

En ese momento, el tirano había provocado una especie de “castración política al país, y entonces esta acción de algún modo levantó el ánimo y por lo menos provocó una gran polémica, porque cuando el presidente de Colombia y la Fuerza Naval llegan a quitar la bandera de Nicaragua y poner la de ellos, están ofendiendo nuestra soberanía”.

Cuando Colombia violentó los derechos soberanos de Nicaragua al quitar nuestra estandarte, el gobierno de Somoza no dijo nada y lo único que dijo el canciller Lorenzo Guerrero fue: ¡¿Qué vamos a hacer si nosotros lo que tenemos son aviones fumigadores?!
Así quedó al descubierto la poca dignidad del gobierno nicaragüense.


“Esta acción nos oxigenó patrióticamente a muchos nicaragüenses”, dice Roberto, quien recordó un personaje al cual no se le ha hecho un reconocimiento en su lucha por la reivindicación de nuestro territorio: el doctor Luis Pasos Argüello.

Cuando Roberto estaba organizando la hazaña no tenía dinero para financiar ese viaje, por lo que el doctor Pasos Argüello le dio apoyo económico; además del doctor Ernesto Castillo Martínez y Yomo Parodi Basset.

A los 36 años de esa hazaña Roberto tiene dos capítulos que subrayan su vida: el Concejo Municipal le entregará la orden de Hijo Dilecto de Managua, y la próxima publicación de un libro-memoria que recoge más partes de su movida existencia: “Recuerdo de Managua en la memoria de un poblano”.