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La Plaza Magdalena fue el escenario donde se concentró la multitud para presenciar la procesión de los Agüizotes, la cual se efectúa el último viernes de octubre de cada año, cuando los participantes mueven sus cuerpos al ritmo de los marimberos y de los filarmónicos que los acompañan hasta las primeras horas de la madrugada de hoy.

En ese multitudinario recorrido, los masayas y los turistas de distintos departamentos del país y extranjeros aprecian los personajes de los cuentos, de los mitos y de las leyendas que recorren las principales calles y avenidas de la Capital del Folclor, en el marco de las fiestas patronales de San Jerónimo.

En la oscuridad de la noche, lo que más predominó fueron los espantos con candiles encendidos, los trajes de los espantos nacionales como la Cegua, la Mocuana, la Llorona, el Padre sin cabeza, la Chancha bruja, la Carretanagua, la Muerte Quirina, el Cadejo y aparecidos, entre otros, se pierden ante el sinnúmero de disfraces alusivos a otras culturas.

La Cegua coqueta

Entre la muchedumbre nos encontramos al bailarín tradicionalista Omar José Calero Huembes, quien ha bailado por 50 años, y su disfraz personificaba a una Cegua coqueta, cuyo fin es seducir y dejar dundos a los hombres.

“La originalidad de mi traje consiste en que la Cegua no puede ser terrorífica, por lógica, ¿cómo te vas a enamorar de una mujer terrorífica?, y la Cegua te enamora para jugarte y que quedés dundo”, justificó Calero Huembes.

Esta festividad de ultratumba se remonta de 1492, cuando América fue testigo de innumerables escenas de espanto y dolor, al ser víctima la población aborigen del más cruel e inhumano exterminio.

Según Silvio José Ortega Centeno, del Consejo de Ancianos del Torovenado del Pueblo, de ese doloroso parto nacen las leyendas que hasta ahora pueblan la mente fértil de nuestra población.