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El ciclo vital de las relaciones de pareja se conforma de varias etapas, el paso de una etapa a otra se produce dentro de un espacio de transición en el cual ocurren cambios, y todo cambio necesariamente conlleva a una crisis. Las crisis se suceden a lo largo de toda la vida de la pareja y es necesario prepararse para solucionarlas al menor costo emocional posible.

En la primera etapa priva el deseo de pasar el resto de la vida con la pareja, las horas vuelan mientras se sueña despierto en el ser amado, se disfruta de la compañía de la pareja y se quisiera que el tiempo se prolongue, se intercambian halagos, se dan detalles románticos, etc.

Posterior a esa etapa aparecen las crisis, las cuales posiblemente tengan su origen en cambios emocionales, biológicos, psicológicos y sociales de cada uno de los cónyuges, los que a su vez encuentran sus causas en aspectos tales como: frustraciones por incumplimiento del contrato matrimonial implícito, o a situaciones propias de la vida familiar como: costumbres y hábitos diferentes, problemas con las familias de origen y/o con hijos adolescentes, problemas financieros en la familia o en el negocio, pérdida de empleo, pretender continuar con una vida de soltero(a) siendo casado(a), etc.

Cuando las crisis no se resuelven adecuadamente las chispas del romance comienzan a apagarse, poco a poco, la atención se vuelca al trabajo, a los parientes, a los amigos, a los problemas cotidianos. Luego de un tiempo, se comienza a ignorar las necesidades de la pareja y se tiende a la pérdida de intimidad.

¿En qué momento hace su aparición la personalidad tóxica de uno o ambos cónyuges?, no lo sabemos, lo que sí es evidente, es que estas hacen la vida imposible a infinidad de parejas.

Recientemente una persona nos escribía afirmando que creía que su relación de pareja era tóxica, y que ambos lo eran. Preguntaba: ¿Cómo saber si lo somos, y cómo solucionarlo?

En indagaciones que hemos hecho, nos hemos encontrado con la tesis del Dr. John Hitzig, acerca de lo que denomina el alfabeto emocional. Si bien él lo aplica principalmente al tema de la vida sana después de los cincuenta, nosotros creemos que también puede utilizarse como modelo para evaluar conductas tóxicas y cómo contrarrestarlas.

El Dr. Hitzig establece dos categorías de personas: 1) las que manifiestan conducta “S”, y 2) las de conducta “R”. Las primeras generan actitudes “A”, y las segundas producen actitudes “D”.

La conducta “S” caracteriza a aquellas personas que aun en situaciones de crisis actúan con serenidad, silencio, sabiduría, sueño (descanso, paz), sonrisa (gozo). Las actitudes “A” lo que generan es: amor, ánimo, aprecio, amistad, acercamiento.

Por su parte la conducta “R” está representada por rabia, resentimiento, rencor, reproche, rebeldía. Las actitudes “D” lo que producen es depresión, desesperación, desánimo, desolación.

Amiga, amigo, revise su conducta y actitudes en situaciones de crisis mediante la aplicación de este modelo, y quizá descubra si tiende a propiciar relaciones tóxicas o no, y si prevalece conducta “R”, dispóngase a invertir en un cambio hacia conducta “S” y posiblemente obtenga resultados satisfactorios.

Amigos, cambios transcendentales en los comportamientos se vuelven viables cuando los hacemos tomados de la mano de Dios, recuerden que para Él no hay imposibles. Le instamos a invitar a Jesús a su vida, pídale el discernimiento, la humildad y la valentía de someterse a este autoanálisis e iniciar el proceso de cambio, dígale: Jesús, abro las puertas de mi corazón y lo acepto como mi Señor y Salvador; equípeme para enfrentar cualquier crisis en mi relación de pareja con conducta “S”, especialmente con serenidad, gozo y paz.

 

Queremos saber de Ud., le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com