Jorge Eduardo Arellano
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Redacción Central

Un nuevo intento por reducirle la pena al reo Marvin Giovanni Benavides Zárate, autor del asesinato del joven Inti Amaru Gómez Gómez fue confirmado este fin de semana por su progenitora, la periodista Elsa Gómez, también presidenta de la Unión de Periodistas de Nicaragua.

Antes le falló a ese reo otra pretensión similar, pero la entonces juez Primero de Ejecución de Sentencia y Vigilancia Penitenciaria, Roxana Zapata, no le concedió la petición que incluiría libertad condicional.

El representante legal de los padres del joven asesinado, doctor Ricardo Flores, dijo ayer a EL NUEVO DIARIO que es factible la petición del reo, conforme al nuevo Código Penal, pero pidió se le permitiera estudiar más a fondo la situación para hablar con mayores detalles en los próximos días.

Zárate, capturado el 23 de agosto de 1995, fue sentenciado a 30 años de prisión por el delito de asesinato, y un año más de prisión por asociación e instigación para delinquir, después de haber sido señalado como el que torturó a Inti Amaru antes de asesinarlo cuando el jovencito tenía 14 años.

El reo es uno de los cuatro sentenciados por el crimen cometido el 9 de agosto de 1995, después que secuestraron a Inti Amaru, y aún queda un velo de misterio sobre ese asesinato. Los padres de Inti Amaru enviaron a la redacción de EL NUEVO DIARIO, la siguiente carta:

Leyes para proteger o Leyes masoquistas
¿Qué son una madre y un padre sin su hijo asesinado a sus escasos 14 años de edad? Han transcurrido 13 años, dos meses y tantos días y el dolor de su partida duele en lo más profundo como si fuera la primera vez, aunque nadie lo note, porque es verdad: se aprende a vivir con el dolor.

Los asesinos se fueron a la cárcel satisfechos, advirtiendo que no estarían por mucho tiempo, y fue verdad. ¿Qué ganaron arrebatando la vida a un niño? Dos de ellos ya están libres, entre éstos, el que consiguió el vehículo para ir tras la presa. ¿No pudo arrepentirse durante todo el trayecto para recoger a los otros tres? ¿Qué hablaban en el camino? Nada podía persuadirlos de su crimen, ni la desesperación de su víctima que luchaba contra esos hombres, menos aún dejarlo vivo, pues tras las torturas a que fue sometido se alejaban creyéndolo muerto cuando vieron que se movía y regresaron a pegarle en la cabeza con la gata del vehículo.

Estos recuerdos, sacados de las propias declaraciones de los asesinos nos hacen sufrir al borde de la desesperación, y así hoy escribo dentro de mi agonía algo que no quisiera recordar más, pues prefiero hablar de Inti Amaru con sus vivencias y ocurrencias que me hacen feliz al recordarlas.

Pero no todo quedó en el pasado, en las manos de Dios y de la justicia humana, pues para eso hay leyes que se encargan de ensañarse en nuestro dolor. Con mucho masoquismo quieren ponernos frente al cabecilla del asesinato, el hombre que planeó y persiguió durante tres meses a mi hijo para darle muerte, según dijo, por encargo, ¿de quién o de quiénes?
La orden judicial llegó hace tres días, y desde entonces es como si el asesino está dentro de mi casa con el sólo hecho de ver su nombre plasmado en el papel. Notifican que su sentencia a 30 años es promovida a modificación de pena, y para esto me citan al juzgado a una audiencia oral el martes 21 de octubre “para oír sus argumentos legales y resolver conforme a Derecho…” ¿Cómo esperan que actué frente al hombre que le quitó la vida a mi hijo?
Hace tres años pasamos por la misma situación, porque otro de los asesinos también pedía modificación de pena. Éste, que lo fue estrangulando con el cordón de sus zapatos durante el trayecto que los llevó de Las Mercedes hasta Tipitapa.

Qué más argumentos piden de estos padres adoloridos. Inti era nuestro hijo único, nuestra esperanza. Gozaba de gran popularidad entre sus amigos y amigas, no tenía malicia mucho menos vicios. A esos asesinos no los conocíamos.

Si se crearon leyes para beneficiar a criminales como éstos, ¿para qué hacer creer que actúan conforme derecho si de antemano les otorgan la oportunidad de salir en libertad? ¿A quién o a quienes protegen las leyes? ¿Dónde está la seguridad ciudadana? ¿Por qué ensañarse en nuestro dolor?