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Programas como Hambre Cero, el vaso de leche y otros enfocados en la reducción de la pobreza y el hambre en Nicaragua, han sido exitosos, según los resultados de los estándares internacionales, sin embargo, eso no significa que estemos alimentándonos bien, afirmó Jorge Luis Solórzano, director del Centro de Gestión Empresarial y docente de la Universidad Centroamericana, UCA.

El señalamiento fue hecho por Solórzano en el foro “Soberanía y seguridad alimentaria: pilar de la economía solidaria”, en la cual explicó que todavía cerca de 1,300,000 nicaragüenses padecen el problema del hambre, y la situación se agudiza en mujeres entre las edades de 5 a 9 años. Especialmente la desnutrición de detecta en la zona rural.

Destacó el hambre se mide a través de los indicadores de la ingesta calórica y de la diversidad de la dieta.

Refiriéndose a ese 79% que no padece hambre, las tres cuartas partes de estos satisfacen su necesidad alimentaria vía el consumo de más cereales, aceites y azúcar, que proveen gran cantidad de calorías, pero nutricionalmente no son las más adecuados para el desarrollo corporal, ya que representan altos niveles de obesidad y de problemas de salud”, dijo Solórzano, agregando que los mayores niveles de desnutrición se detectan en el campo.

Rafael Enríquez García, en representación de Oxfam, comentó que junto a otras organizaciones están impulsando una campaña para la puesta en práctica de varias leyes relacionadas con la seguridad alimentaria, entre estas la de Fondo de Tierras y la Ley de Cooperativas.

Añadió que en Nicaragua persiste una serie de problemas, entre ellos, las dificultades en la tenencia de la tierra, la falta de acceso a la tierra por parte de las mujeres y la discriminación contra la mujer para formar cooperativas.