•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

El problema del trabajo infantil, que aleja a miles de niños de las escuelas, no solo está determinado por la situación de pobreza de las familias, sino por la cultura de no reconocer la educación como un derecho fundamental, refleja un estudio del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas, Ieepp.

“Hay padres que saben que sus hijos tienen ese derecho y los mandan al colegio, otros lo saben, pero no quieren gastar, y hay otros que le preguntan a los niños si quieren ir a la escuela, y como les contestan que no, no los mandan”, señaló Álvaro Jarquín Iglesias, coordinador del programa Primero Aprendo, en el departamento de Jinotega, y colaborador del estudio “Efectos del trabajo infantil en la educación rural en Nicaragua”, del Ieepp.

La investigación refiere que según la Encuesta Continua de Hogares, aplicada en abril de este año por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo, Inide, uno de cada cuatro niños y adolescentes de 10 a 16 años está trabando. Sin embargo, aclara que dicha información no es tan precisa para medir la dimensión del trabajo infantil en Nicaragua.

Los datos del Inide reflejan que la principal razón de la no asistencia a clases es que los niños “no quieren”, con un 45.6%, seguida de “problemas económicos”, con 19.8%; “escuela muy distante”, con 6.9%; “trabajo”, con 6.5 por ciento, y “oficios de la casa”, con 5.5%, entre otras.

“Si el papá y la mamá no saben leer ni escribir, no les interesa que sus hijos aprendan a leer y escribir, y priorizan que vaya a trabajar para que gane dinero”, comentó Jarquín Iglesias, quien agregó que en el departamento de Jinotega han detectado que a pesar de que los mandadores y administradores de fincas cafetaleras saben que no deben emplear a infantes, los padres buscan la forma de incluirlos en las jornadas laborales.

“Hay padres que dicen: ‘Mi niño no trabaja’, pero cuando se van al plantío de café, ellos se van por un camino y el niño por otro, y mientras el papá está cortando (los granos de café), el niño está recogiendo lo que se le cae, está completando el trabajo del papá; está trabajando”, indicó.

Jarquín Iglesias también señaló que hay niños que al ver que tienen una madre soltera que se sacrifica por mandarlos a la escuela, deciden dejar de ir a clases y de ir a trabajar para ayudar a sus progenitoras con los gastos del hogar.

 

Bajo rendimiento

La especialista en Educación y autora del estudio “Efectos del trabajo infantil en la educación rural en Nicaragua”, Melba Castillo, aseguró por su parte que los niños que trabajan y estudian, sobre todo en el área rural, tienen bajo rendimiento académico y mayor probabilidad de abandonar las clases.

El estudio del Ieepp resalta que la baja calidad de la educación, la falta de pertinencia de los contenidos curriculares y la deficiencia en la preparación de los docentes, son elementos propios de la educación rural que condicionan la deserción escolar y la búsqueda de opciones laborales.

La tasa de reprobación en el área rural es de entre 3 y 4 veces más alta que en el área urbana. En cuanto al rezago escolar, solo el 29% cursan la primaria en la edad establecida, mientras que el 53% de los estudiantes de secundaria cursan el nivel correspondiente a dos años y más de rezago.

Además, en el área urbana, cinco de cada 10 jóvenes egresan de la secundaria en el tiempo establecido, mientras en el área rural, solo cuatro de cada 10 logra ese objetivo.