Jorge Eduardo Arellano
  •   Managua, Nicaragua  |
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Al iniciar el mes de noviembre, los nicaragüenses celebramos el Día de los Difuntos, miles de personas desbordan los cementerios de todo el país, se esmeran en que las tumbas de sus deudos estén limpias, enfloradas y se llevan a cabo diversos rituales en dichos lugares, según las creencias religiosas de cada quien.

La muerte física es el último eslabón del ciclo vital del ser humano, tarde o temprano llega, todos lo sabemos, sin embargo, no es fácil aceptarla. En mi caso personal, entre los 9 y los 24 años viví la muerte de mis padres; a los 25 mi abuelita, posteriormente el momento más duro, que me desgarró el alma, y redujo mi existencia a cero, lo experimenté con la muerte también inesperada, de mi hijo amado. Luego mi hermano, una hermana querida y varios amigos.

He aprendido que lo único seguro que ofrece la inseguridad del futuro es la muerte. La gran mayoría le tememos, la combatimos, tratamos de alejarla, sin embargo, al final del día ella gana la batalla. Nadie se le escapa: hombres y mujeres; jóvenes y ancianos; ricos y pobres, etc.

Nadie nos prepara para enfrentar la pérdida de un ser querido, nadie nos educa en la administración de las emociones, en mi caso personal, he encontrado el camino para lograrlo, lo cual no significa que no experimente dolor cuando toca a una persona amada.

El dolor en lo más profundo del alma, es inherente a la muerte física de un ser querido, por ello, cuando nosotros u otra persona está enfrentando esta situación, no se debe cometer la imprudencia de invocar raciocinio. No debemos negarnos el derecho de experimentar dolor ni de angustiarnos por la muerte de un ser amado. Jesús mismo lloró cuando murió Lázaro su buen amigo. (Juan 11:35).

Amigo y amiga que estás viviendo momentos de dolor por la partida de un ser querido, debo decirte que hay esperanza. Jesucristo es nuestra esperanza, Él derramó su sangre, murió en la cruz, y resucitó al tercer día, mostrándonos el camino hacia la vida eterna. Jesucristo venció la muerte, librándonos de la angustia y del temor que esta produce, nos indica un nuevo horizonte para la vida y le da un nuevo sentido a la muerte, nos enseña que esta no es más que la puerta hacia esa eternidad.

Qué gratificante es ver a tanta gente manifestando amor por sus seres queridos, recordándolos en estas fechas y siempre. Un apreciado amigo dice “Se muere quien se olvida”, y eso es lo que manifiestan en estos días: que no olvidan a sus deudos, y que la muerte no es el final.

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