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Al principio sólo eran noticias lejanas. Se hablaba de una recesión económica en Estados Unidos, de crisis hipotecaria y financiera, términos que miles de inmigrantes, inclusive, miraban con desdén allá, y que sus familiares en Nicaragua sólo creían un problema de algo que todos llaman Wall Street.

El golpe de una economía casi paralizada está haciendo tambalear a millones en el gran país del Norte. Aquí se creía que o tardaría en llegar --como todo lo que ocurre más allá de nuestro perímetro geográfico-- o que no afectaría, porque, ¿quiénes somos nosotros para ser atropellados por una crisis en la bolsa de valores?
Los economistas lo advirtieron y listo, ya es una realidad. Las remesas que llegan de ese país y que sostienen parte de los gastos de familias que viven aquí, están en picada.


Comenzó la pesadilla
Marcia Arróliga, de 38 años, llegaba puntual cada quincena a una oficina de remesas en Managua a recoger los 50 dólares que su pareja le enviaba desde Miami.

Un día llegó a la ventanilla y se llevó la sorpresa de que no había nada para ella. La siguiente quincena ocurrió lo mismo. El mes siguiente, la negativa del dependiente detrás del cristal ya se había convertido en una pesadilla. Entonces iniciaron los recortes en los gastos.

“Yo podía gastar unos mil córdobas semanales en alimentación. Ahora hemos tenido que reducir a 300 ó 500 córdobas. Con suerte, apenas la mitad, y eso porque yo también aquí trabajo”, comenta sin más remedio que resignarse.

Después de tres meses sin recibir un solo centavo de su compañero --cuyo oficio gira en torno al sector de la construcción, uno de los más golpeados en Estados Unidos--, finalmente recibió su remesa: 20 dólares.

“Él estuvo ocho meses sin trabajo, y cuenta que allá esa es la realidad: el desempleo. Dice que todos los negocios están completamente cerrados. Que quizá después de las elecciones de allá se podría estabilizar un poco la situación”, relata, mientras guarda los 20 dólares de esta quincena… escasos, pero vitales.

Empleos se extinguen
Doña María Esperanza Asencio, de 58 años, quedó de encontrarse en las afueras de una oficina de recepción de remesas con un primo. Mientras aguarda por él, comparte con EL NUEVO DIARIO la suerte de algunos de sus familiares que residen en Nueva York.

“Esta crisis se les agudizó al inicio de este año. No tienen trabajo, y tienen que salir a rebuscarse. Antes les era más fácil conseguir empleo aunque fueran inmigrantes”, explica.

Según ella, para los inmigrantes en Estados Unidos, la posibilidad de obtener préstamos para solventar las deudas en sus negocios es nula, y la incertidumbre colectiva entre la comunidad nicaragüense cada día va en aumento.

“Si ellos no tienen acceso a préstamos, aunque tengan un negocio chiquito no lo pueden mantener, y ya la gente se está viniendo. Hace como un mes se vino una doctora que es odontóloga, porque no tenía para darle de comer a sus hijas ni para sobrevivir ella trabajando. Ella trabajaba vendiendo comida”, relata con pesar doña María Esperanza.


¿Los nicaragüenses que reciben remesas deben optimizar el uso de ese dinero?
La gente tiene que organizarse más y saber en qué lo va a invertir. Si es en estudios, limitarme en los alimentos, buscar ofertas de algunas cosas, y hacer menos uso en recreación. Porque la salud y la alimentación es lo más caro, y usted no va a dejar que se le enferme alguien. Creo que la gente tiene que considerar la situación de los que están allá, porque es bien triste la situación del inmigrante, y Estados Unidos está en crisis. Yo estoy consciente de que las remesas van a disminuir.


Proyecciones desalentadoras
Un informe titulado “Ante la incertidumbre de una disminución de las remesas”, a cargo del doctor Pablo Rodas Martini, economista jefe del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), y publicado en septiembre pasado, dibuja el panorama que todos temen, pero que para muchos especialistas ya se empieza a formar.

“Aumento del subempleo; aumento de la pobreza; aumento en la desigualdad en la disminución del ingreso; aumento del trabajo infantil; mayores presiones para migrar (aún cuando fuera más difícil ingresar a Estados Unidos, o mantener un trabajo ahí); perjuicio al desarrollo humano…”, especifica el documento.

Pero, además, el informe advierte que el crecimiento de las remesas está pasando de dos dígitos, a un dígito, “muy preocupante sería que pasara a ser negativo”.

“La incertidumbre de 2008 y 2009 es si llegará a darse un decrecimiento en su recepción”, indica el informe, que a la vez plantea que “la causal principal sería la desaceleración de la economía de Estados Unidos, pero también incidiría el endurecimiento de la política migratoria”.


BCN optimista, pero…
Las autoridades del Banco Central en Nicaragua continúan enviando a la población mensajes alentadores, aunque no pierden la oportunidad de hacer advertencias.

Antenor Rosales, presidente de esa institución, espera que el crecimiento alcance un 18 por ciento en comparación con el año pasado. Afirma que al corte de agosto, el crecimiento era de 16.5 por ciento, pero prefirió no hacer estimaciones para el cierre de año, “porque es muy temprano para valorar el impacto”.

En 2007 el total de los envíos sumó 739 millones de dólares, de acuerdo con el Banco Central, sin embargo, organismos internacionales hacen sus cálculos en más de 900 millones de dólares.