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Recientemente tuve la oportunidad de asistir a un evento que tenía como propósito principal fortalecer la salud mental de los participantes. Uno de los tantos aprendizajes en dicha actividad fue obtener claridad meridiana acerca del alto grado de importancia que tiene para la sanidad de la mente la práctica cotidiana de decir lo que uno piensa y lo que uno siente, en el lugar y en el momento en que se está.

Diversos estudios y la experiencia propia sobre los conflictos, y probablemente los rompimientos en las relaciones familiares y de pareja, revelan que los problemas de comunicación representan una de las causas más frecuentes de estos. En muchas ocasiones y en diversas circunstancias enfrentamos situaciones que no son de nuestro agrado, sin embargo, a pesar de que estamos molestos callamos en aras de evitar conflictos, manteniendo una falsa armonía, lo que nos puede llevar a explotar cuando ya no soportamos tantas molestias acumuladas, y entonces, como se dice popularmente, “es peor la cura que la enfermedad”.

Estoy convencido de que en lugar de acumular hay que evacuar, decir lo que siento aquí y ahora, ello podría ser una receta que contribuya a la sanidad del alma. Hablar claro y con la verdad, si la otra persona dice o hace algo que nos hace sentir mal, hay que decirlo, tengamos presente que las personas no tienen por qué adivinar lo que estamos pensando o sintiendo, hay que decirlo sin temor, con respeto, y ello propiciará la sana convivencia que generalmente andamos buscando.

Cuando la persona acumula molestias e incomodidades y explota es capaz de no medir palabras y acciones, irrespeta y puede agredir verbal y/o físicamente. Por el contrario, cuando se dice lo que se siente en el momento preciso, se puede hacer con el respeto debido, haciendo uso de palabras blandas, sin groserías. No se trata de estar de acuerdo en todo, se trata de tolerar, de respetar y de fijar acuerdos y límites en la búsqueda de lo mejor para las partes. Para tener relaciones sanas es importante aprender no imponer, compartir no excluir.

Somos seres sociales, nuestra naturaleza nos conduce a mantener vínculos emocionales con las personas a nuestro alrededor, específicamente con nuestra familia, que es el núcleo de la sociedad. Los expertos dicen que “las relaciones interpersonales se definen como la interacción recíproca entre dos o más individuos. Estas involucran: habilidad de expresión, de comunicación, de escucha y de solución de conflictos”, y una conducta central de esas habilidades es saber decir lo que sentimos y pensamos, aquí y ahora.

Hay situaciones en las que quizá no podamos aplicar las habilidades enumeradas, entonces debemos recurrir, por nuestra propia sanidad, a pedir perdón. Teniendo conciencia de que equivocarse es de humanos, y que lo importante es reconocerlo.

Amiga, amigo, estamos llamados a tener una vida de amor, de disfrute, de paz, Dios quiere eso para nosotros, Invite a Jesús a su corazón, allí donde está en este momento, con confianza dígale: Jesús, aquí está mi corazón para Ud., le acepto como mi Señor y Salvador, y le pido que me respalde, que tenga humildad y valentía para decir lo que siento y pienso en el momento preciso, para disfrutar la vida que me ha dado, y ser factor de felicidad para mis seres queridos y las personas que me rodean.

 

Para mayor información sobre El Taller del Maestro, puede escribirnos al correo electrónico: crecetdm@gmail.com.