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El ex embajador de Nicaragua en Venezuela, Aldo Díaz Lacayo, nos dice: “No soy apologista de Chávez”. Puede valer su declaración o aclaración, porque él colocó otro pie de foto para las imágenes de la madrugada del lunes: “A mí me parece que el triunfo del ‘No’ inevitablemente se va a convertir en un rotundo triunfo del presidente Chávez”. Visión contraria a la de la prensa internacional, el analista subrayó que la oposición terminó aceptando la Constitución que hasta el fin de semana no se la reconocía al mandatario sudamericano.

Las razones del “triunfo” de esta derrota, es que, “en primer lugar, desmiente la abrumadora campaña mediática, de dos meses de duración, en contra de la supuesta voluntad política de Chávez, de imponer la reforma constitucional aun a costa del fraude electoral”.

En segundo lugar, agrega el doctor Díaz, porque una vez más, demuestra que Chávez respeta la voluntad popular. De tal manera que este respeto a la voluntad popular no es un triunfo de la derecha, sino una expresión popular.

“En tercer lugar, porque es evidente que los resultados electorales demuestran que fue la abstención de las propias filas revolucionarias la que produjo el éxito del ‘No’.

“Porque la fuerza de la oposición sólo incrementó 100 mil votos, esto quiere decir, que es el propio movimiento revolucionario del presidente Chávez, a través de la abstención, que se declara por lo menos no estar listo para el cambio de orientación ideológica”.

En cuarto lugar, este proceso electoral inevitablemente se traduce en la aceptación de la oposición de la Constitución actual que jamás habían aceptado. Y en quinto lugar, porque el propio presidente Chávez y el partido que está en formación, necesariamente tendrán que revisar su estrategia en cuanto al cambio ideológico que se le quiere imprimir a la revolución bolivariana.

¿Revisar si están preparados para el socialismo del siglo XXI?

Revisar el concepto ideológico, no quiero ponerle eso, de socialismo, así le llama Chávez. Insisto, están obligados a revisar su estrategia alrededor del cambio ideológico de la revolución bolivariana.

¿No ve que está partida la sociedad?

No lo creo; lo que demuestra la votación es que las propias fuerzas revolucionarias se abstuvieron de votar. Si yo fuera un propagandista, lo que subrayaría del resultado electoral, sería justamente la abstención de las filas del partido de la revolución. Porque es eso lo que se transforma en una campanada de alerta, el rumbo estratégico que se le quiere imprimir a la revolución.

Puede verse que dejaron solo a Chávez.

No quiero pensar eso, sería pensar en términos negativos. El proceso revolucionario de Venezuela va muy bien, y el hecho de que la fuerza de la revolución se haya abstenido, lo que demuestra es que no se sienten con el grado de conciencia necesaria para dar el salto.

Más que cuestión ideológica podría ser que no ven muy bien en la democracia que alguien se quede en el poder por toda la vida.

No sé cuánto pesó la idea de una reelección continua, en la abstención. Voy a insistir que en la abstención tampoco sé cuánto pesaron los cambios estructurales que se pretendían hacer al Estado. Eso no lo sé. Lo que me parece a mí, es que la abstención refleja una voluntad popular que a su vez tiene origen en la falta de conciencia ideológica. La abstención es consciente. Las fuerza revolucionarias una vez que estudiaron el proyecto, o que asistieron a la explicación del proyecto, llegaron a la conclusión de no estar preparadas para el salto. Lo otro sería muy secundario.

¿Ve repercusiones en Nicaragua?

A mí me parece Nicaragua está acostumbrada a esto, y para los sandinista en particular esto no es una novedad. Nosotros también fuimos derrotados por el pueblo en una elección, y asumimos la derrota. Aquí se me ocurre decir que sólo la visión distorsionada de los llamados demócratas representativos, los hace pensar que una revolución está dispuesta a pasar por encima de la voluntad popular, a contradecir su propia naturaleza. Una revolución no puede contradecir la voluntad popular, esa es su naturaleza, no es nada nuevo.

¿Hay que darle, pues, la bienvenida a Chávez al Club de los Perdedores?

No, no, no (se ríe), al contrario, a mí me parece que eso adquirirá una dimensión gigantesca fenomenal. No es lo que digo una apología de Chávez. Estoy viendo la realidad, lo más objetivamente posible.

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