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Los daños causados hasta el momento por la trocha que el Gobierno de Costa Rica construyó paralela a la ribera sur del río San Juan, son solo una mínima parte del impacto que tendrá en el ecosistema nicaragüense una vez que la carretera esté terminada, consideraron expertos nicaragüenses en el tema.

El estudio “Valoración de impactos ambientales causados por la construcción de la ruta 1856-Juan Rafael Mora Porras, en la parte baja de la cuenca del río San Juan”, realizado por el Centro Humboldt, el Centro de Investigación en Recursos Acuáticos, CIRA, y la Fundación del Río, indica que la obra costarricense ha impactado en las áreas protegidas de ambos países, ha afectado la conectividad biológica y la calidad del agua con la filtración de sedimento.

Sin embargo, Salvador Montenegro, director ejecutivo del CIRA, señaló que los daños aumentarán su dimensión cuando la carretera de 160 kilómetros esté finalizada, porque “será el vehículo de ampliación de las actividades agrícolas, agroindustriales y de otra naturaleza en el norte de Costa Rica”, de acuerdo con el plan de desarrollo que elaboró el Gobierno de la presidenta Laura Chinchilla.

“Los daños ambientales causados sobre territorio nicaragüense se basan en que Costa Rica tiene 13,000 kilómetros cuadrados que drenan al lago Cocibolca y al río San Juan, de los cuales 4,000 se encuentran en el área de Guanacaste, y esa pequeña cantidad aporta 13 millones de toneladas de lodo y sedimento cada año al lago Cocibolca”, refirió.

Montenegro aseguró que en el caso del río San Juan la situación es igual, ya que la parte norte de Costa Rica es una pendiente cuyo punto más alto está a tres kilómetros de la capital, San José.

“Así que desde esa extensión territorial hacia las aguas nicaragüenses, cuando llueve el agua transporta no solamente los sedimentos, sino que todos los residuos tóxicos que se encuentran en el suelo”, dijo.

En ese sentido, el experto recordó que, en el mundo, Costa Rica es el país que utiliza la mayor cantidad de agroquímicos: hasta 51 kilogramos por hectárea, de acuerdo con estudios recientes.

“Y si agregamos que sobre el río San Juan fluyen 8,000 kilómetros cuadrados, que son 800,000 hectáreas, hagamos una simple multiplicación para que estimemos la dimensión del impacto ambiental”, apuntó el director ejecutivo del CIRA.

Montenegro insistió en que “esa cantidad de veneno que recibe Nicaragua va a ser aumentada una vez que la carretera facilite el desarrollo pecuario, agroindustrial y de nuevos asentamientos”.

Por su parte, Víctor Campos, director ejecutivo del Centro Humboldt, rechazó las declaraciones del canciller de Costa Rica, Enrique Castillo, referidas a que la construcción de la carretera no causa daños al río San Juan ni al ecosistema nicaragüense.

“Nosotros tenemos el estudio realizado y presentado al Gobierno de Nicaragua donde se demuestran los daños ambientales a territorio nicaragüense, como resultado de la construcción de la carretera”, expresó.

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