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El día de su detención, Raquel Alatorre Correa, una morena de pechos voluptuosos, cintura de avispa y actitud soberbia, llevaba un anillo italiano marca Bvlgari en un dedo, y en otro un anillo coronado con un diamante en forma de triángulo. En la muñeca un reloj Cartier, y del cuello le colgaba una cadena con tres dijes de colores.

El 23 de agosto, esta mujer de poco menos de 1.70 metros de estatura, identificada como la jefa de un grupo de 18 mexicanos que ingresaron por última vez al país el 20 de ese mes, vestidos con chalecos azules y amarillos con los logos del gigante mexicano Televisa, fue retenida en las celdas de “El Chipote”, como se conoce a la cárcel de Auxilio Judicial, ubicada en Managua.

Antes de entrar a esa prisión, la “Licenciada” --como la llamaban los 17 hombres que viajaron con ella durante cuatro días, recorriendo el istmo hasta llegar al puesto fronterizo Las Manos-- dejó los artículos de lujo que llevaba consigo: una cámara Sony negra, un iPad de 64 Gb negro, un Blackberry modelo Veryzon 4, sus prendas, un radio-comunicador Motorola Pro 5150, un cargador de baterías múltiples marca Sony, y seis cargadores de radio-comunicación marca Kenwood, entre otros.

Los recibos de ocupación números 0578-12 y 0575-12 revelan que la mexicana portaba accesorios sensibles en la logística y artículos de lujo, que la describen no solo como la cabecilla del grupo, sino como una mujer preocupada por su apariencia, que gusta de prendas caras y lujosas.

Sus “cartas de presentación”

Alatorre Correa se identificó en un inicio como ingeniera en sistemas, y luego como periodista y presentadora del gigante televisivo mexicano. Para confirmar eso mostró a las autoridades el carné de Televisa folio No. A71438, según registra la Fiscalía en el escrito de intercambio de información y pruebas, basado en el expediente policial A-0162-2012-000DAJ.

El vehículo donde viajaba, placas 571-XXD, conducido por Alfredo Mar Hernández, estaba equipado con un radio satelital marca Icom, serie 1109432. En esa camioneta la Policía halló una computadora Sony Vaio negra, dos inversores de voltaje, cuatro monitores, un equipo para micrófonos inalámbricos y un fólder con documentos varios con el emblema de Televisa, a nombre de Narcia Estrada, con la descripción de la camioneta, entre otros. Debajo de una consola de sonido de esa Van, se encontró poco más de US$6 millones, del total de US$9.2 millones incautados.

Los testigos que presentó la Fiscalía en el juicio, describen a la mexicana como alguien controladora. Al ingresar a las instalaciones de Migración nicaragüense, se encargaba de realizar sus trámites y los requeridos por los 17 mexicanos restantes. Portaba los 18 pasaportes, buscaba a los gestores con los que trabajaba, y daba indicaciones de manera imperiosa.

“Una ciudadana con acento extranjero que portaba la credencial de Televisa estaba realizando los trámites migratorios de 18 personas que viajaban en los vehículos de Televisa…”, declaró un oficial identificado bajo el “Código Número Tres”, uno de los que atestiguaron en el juicio.

Toda una autoridad

Alatorre Correa era una autoridad en el grupo. “Existe un alto grado de organización entre ellos, hay evidencias concretas de que era la persona que realizaba todos los trámites, que la señora Alatorre estaba al mando”, precisó el fiscal Rodrigo Zambrana durante la audiencia inicial.

Al momento de ser abordados por los policías, tras su ingreso a Nicaragua el 20 de agosto, poco después de las 10:00 am, los 17 mexicanos indicaron que su jefa era Raquel, la mujer que llevaba una chaqueta amarilla con el logo de Televisa, sobre una camiseta tipo polo color blanca.

“Manifestaban que Raquel era quien recibía orientaciones de sus jefes acerca de quiénes eran las personas que iban a investigar o a entrevistar, y que esa información era confidencial, ya que cuando salían de México firmaban un contrato de confidencialidad”, relató el testigo bajo el “Código Número Dos”.

El 21 de agosto, Alatorre Corea reservó telefónicamente nueve habitaciones en el hotel Holiday Inn, a nombre suyo, identificándose como “de la Empresa Televisa S.A.” Veinte minutos después de que el recepcionista confirmó las reservaciones, se presentó en el lobby.

“El testigo procedió a entregarle la cantidad de nueve habitaciones y procedió a solicitarles los pasaportes, momento en que la mujer dice: ‘Nadie presentará los pasaportes, solamente yo, que soy la que está pagando’”. Nadie abrió su boca, y acto seguido pagó US$1,579.50 y dejó los US$20 del vuelto.

Era su costumbre dejar grandes cantidades de dólares en propinas y no tomar las facturas. El ocho de junio de 2012 también se hospedó en el Holiday Inn, dejando más de US$130 (como propina).

La mujer que el martes vestía sencillamente y de cuyo cuello solo guindaba un hilo negro, se inmuta poco ante el futuro que se le avecina. A veces llora, pocas veces ríe. Nunca baja el rostro y siempre sostiene la mirada.

Viajaron en 20 vehículos entre 2008 y 2012

Siete de los 18 mexicanos procesados por lavado de dinero, crimen organizado y transporte internacional de estupefacientes, entraron al país en 20 vehículos entre 2008 y 2012, revela una comunicación de la subdirectora de Aduanas, Fresialy Centeno, contenida en el escrito de intercambio de información y pruebas que presentó la Fiscalía.

Según la comunicación enviada el pasado 29 de agosto a la Policía Nacional, en el período mencionado, los mexicanos Juan Luis Tórrez Tórrez, Pablo Soza Guerra, Julio César Alvarado Salas, Rodolfo Jiménez, Osvaldo López Uribe, Alfredo Mar Hernández, y Alfonso Martínez Meraz, viajaron en 20 vehículos, seis de ellos los ocupados por la Policía Nacional.

La información suministrada por la DGA solo precisa los números de chasis de los vehículos. Siete de estos son Chervolet, uno (GBA1124765) corresponde a un Ford Transit; otros seis son de fabricación, marca y estilo desconocido, y los seis restantes son los que ocupaban la última vez que entraron al país.

La comunicación tampoco indica quién de los acusados manejaba qué vehículo, pero seis de estos fueron quienes manejaban los vehículos al entrar al suelo patrio.