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Hay momentos en la vida en que para alcanzar estados de salud (afectiva, psicológica y corporal) adecuados, se requiere hacer un inventario de las espinas que llevamos clavadas en el corazón y se han convertido en verdugo de nuestra existencia diaria. ¿Qué mejor momento para sacar esas espinas que destruyen nuestra salud, que la finalización de una temporada como es la conclusión del año calendario?

Quizás, en este o anteriores años su pareja le ha subestimado, o los comportamientos de su pareja hoy nada tienen que ver con lo que era en el noviazgo, o le ha abandonado, o le ha sido infiel; quizá usted ha perdido oportunidades de empleo o negocios debido a señalamientos o calumnias levantadas por personas que han pretendido destruir su honorabilidad.

Quizá usted siente que vive en un mundo hostil, en donde no hay igualdad de oportunidades; quizá su(s) padre(s) le fueron arrebatados; quizá fue víctima de rechazo en algún momento de su vida, y aún hoy siente dolor cuando vienen a su mente esos recuerdos… La lista puede ser interminable, pero la realidad es que las relaciones interpersonales están contaminadas por situaciones dañinas, que cuando nos toca vivirlas y no las tratamos, nos pueden conducir por una espiral que nos lleva desde el enojo hasta el odio, y al final del día puede desembocar en amargura.

Jesucristo, cuyo nacimiento conmemoramos en estas fechas de Navidad, nos enseña acerca del perdón, clave para protegernos y liberarnos de esos verdugos. Él no solo nos dice que perdonemos, sino que Él perdona. En el libro de San Mateo 18:21-22, el apóstol Pedro le pregunta: “¿Cuántas veces debo perdonar a quien me ofende… siete veces?”. Y Jesús contesta: “Hasta setenta veces siete”.

El doctor Augusto Cury, en su obra “El Maestro de Maestros”, dice: “La vida de Jesús siempre fue difícil sin ningún privilegio económico o social. Conoció en la intimidad los dolores de la existencia… en lugar de preocuparse con sus propios dolores y desear que el mundo girase alrededor de sus necesidades, se preocupaba por dolores y necesidades ajenas. El sistema político y religioso no fue tolerante con él, pero él fue tolerante y manso con todos, hasta con sus propios detractores. Cristo vivió sufrimientos y persecuciones desde su niñez. Fue incomprendido, rechazado, se burlaron de él, y hasta escupieron su rostro. Fue herido física y psicológicamente. Pero, a pesar de tantas miserias y sufrimientos, no desarrolló una emoción agresiva y ansiosa; antes, emanaba paz y tranquilidad delante de las más difíciles situaciones y aún tenía aliento para predicar acerca del amor en su sentido más poético”.

Amiga, amigo: grandes resultados obtendríamos en nuestra salud afectiva, psíquica y fisiológica, si nos apropiamos de las palabras y ejemplo de Jesús. Al sacar las espinas que llevamos clavadas en nuestro corazón, se irán el rencor y la amargura; en su lugar Jesús plantará aceptación y hasta compasión por quienes nos han ofendido. En un acto muy personal, permita que Él limpie y sane su alma. Invítelo a entrar y morar en su corazón. Dígale allí, en la intimidad: Jesús, le acepto como mi Señor, Salvador y Libertador; creo que usted es el hijo de Dios, que se hizo hombre, que murió para sanarme y liberarme y resucitó mostrándome el camino a la vida eterna; líbreme del yugo opresor del rencor y la amargura; que el nuevo año lo inicie viviendo en libertad.

Para mayor información sobre El Taller del Maestro, puede escribirnos al correo electrónico: crecetdm@gmail.com.