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La vida se desarrolla en temporadas, generalmente condicionadas por el entorno. El mes de enero, en nuestra cultura occidental, representa el comienzo de una nueva temporada, en la que trazamos propósitos y estrategias para alcanzarlos. Evaluamos lo actuado, establecemos lo positivo y lo negativo, tomamos decisiones para corregir lo que no salió bien y fortalecer lo que consideramos va por el rumbo correcto.

Nosotros, en estos últimos días, hemos hecho lo propio. Nos hemos guiado por lo que dice la Biblia acerca de este tema en Romanos 12:2: “No se adapten a las cosas de este mundo, sino transfórmense por medio de la renovación de su entendimiento, para que conozcan la agradable y perfecta voluntad de Dios (para su vidas)”. Hemos decidido apropiarnos de esta palabra y ponerla en práctica todos los días de este 2014. Esta poderosa palabra nos dice que no nos estanquemos, que no nos acomodemos donde estamos, nos exhorta a transformar comportamientos, a deshacernos de todas aquellas conductas que de una u otra forma nos desvían del propósito para el cual estamos aquí, nos indica que ello se logra renovando creencias erróneas por correctas, y entonces conoceremos la voluntad de Dios para nuestras vidas, cual es que vivamos a plenitud, con el carácter adecuado para enfrentarnos y salir airosos de las dificultades que inexorablemente debemos enfrentar en el día a día.

En el ejercicio realizado hemos entendido con mayor claridad que los principales propósitos debemos fijarlos en nuestro interior. Lo que queremos transmitir es que los logros externos a la persona, sean estos: materiales, financieros, laborales etc., pasan por una renovación interior.

El psiquiatra brasilero Dr. Augusto Cury, en su libro “El Maestro de Maestros” escribe: “Los judíos, esperaban a alguien que los liberase del yugo romano, pero vino alguien que quería liberar al ser humano de sus miserias psíquicas. Esperaban por alguien que hiciese una revolución exterior, pero vino alguien que propuso una revolución interior. Porque el éxito más grande no está fuera de las personas, sino en conquistar tierras dentro de uno mismo; la jornada más grande no es la exterior, sino la interior, recorriendo los trayectos del propio existir. En esa escuela, los mejores alumnos no son aquellos que se enorgullecen de sus éxitos, sino los que reconocen sus conflictos y sus limitaciones”.

Somos convencidos de que un proceso de transformación interior debe iniciarse tomando la decisión de comprometerse con la práctica del perdón. El perdón es una expresión hermosa y sublime. El perdón nos da derecho a cambiar y alterar cualquier situación. Es el acto de liberar a alguien de un agravio real o aparente. Da por finalizada aquella cuenta pendiente que ha habido entre usted y la persona que la lastimó. El perdón dará paz a su alma. Nosotros después de experiencias negativas vividas hemos aprendido que debemos pedir perdón y perdonar, y no andar guardando y sacando facturas por ofensas pasadas, la sanidad del alma, la vida plena demanda de un corazón limpio.

Amiga, amigo, le invitamos a abrir su corazón para Jesús, allí en la intimidad de su alma dígale: Jesús le acepto como mi Señor y Salvador, deme un corazón limpio de rencores y odios, enséñeme a saber perdonar, a poner en práctica lo que Ud. manda: perdonar para ser perdonado. Quiero vivir plenamente, tener una familia unida, saber convivir pacíficamente gozando de amor.

Para mayor información sobre El Taller del Maestro, puede escribirnos al correo electrónico: crecetdm@gmail.com.