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En el transcurso de los años, nos ha tocado disfrutar de muchos eventos gratificantes, también hemos tenido que enfrentar circunstancias negativas con diferentes grados de intensidad: muerte de seres queridos, desastres naturales como el terremoto de 1972, estar en medio de enfrentamientos armados como los de finales de los años 70 en Managua, crisis por adicciones o por separaciones, etc.

En ocasiones reflexionamos sobre estos temas con el propósito de dar gracias a Dios por su benevolencia de permitirnos llegar a esta etapa de vida, para transmitir a otras personas, principalmente a nuestra descendencia, acerca de errores y aciertos cometidos e instarlos a que ellos se guarden de los fallos, y pongan la parte que les corresponde para que los acontecimientos negativos que pueden ser controlados no se vuelvan a repetir.

Hemos sentido la necesidad de escribir sobre este tema, ante la inquietud de un matrimonio de jóvenes amigos, que preguntaban ¿Cómo han hecho para salir adelante en las crisis, aun aquellas extremadamente dolorosas, como la pérdida física de dos hijos?

Una respuesta sincera a dicha interrogante es que nosotros no hemos sido capaces de salir adelante en las crisis, algunas nos han rebasado y demolido emocional, cognitiva y físicamente.

Refugio en la fe

En nuestro caso, los efectos acumulados de crisis vividas, empezaron a ser disminuidos a partir de que conocimos y recibimos a Jesús, y fuimos sujetos de ese nuevo nacimiento que Él ofrece a quienes se disponen a creerle. Sin embargo, debemos mencionar que siendo jóvenes, aprendimos que en la vida hay circunstancias en las que podemos incidir y otras que no podemos cambiar.

Cuando este principio de vida se encarna en nosotros y actuamos en consecuencia, tenemos la posibilidad de no poner resistencia a eventos que no dependen de nuestra voluntad, por ejemplo muerte de un ser querido o los desastres naturales. Por ende, aun cuando experimentaremos dolor y seremos sacudidos por el acontecimiento, estaremos en mejores condiciones para enfrentarlo; posiblemente la etapa de negación no sea tan prolongada y la superación de la crisis se logre en menor tiempo.

La armadura que utilizamos es la oración de la serenidad: “Señor concédeme serenidad para aceptar las cosas que no pueda cambiar, valor para cambiar las cosas que pueda y sabiduría para distinguir la diferencia”.

Independiente de creencias religiosas, esta oración es un recurso poderoso, para enfrentar dificultades, momentos cruciales en la vida, más aún cuando suceden por causas externas a nosotros en las que no tenemos incidencia.

Amiga, amigo, Dios quiere que usted tenga paz en medio de tormentas que puedan estarlo azotando, quizá una enfermedad o problemas económicos, o a lo mejor conflictos con la pareja o con los hijos, etc.

El quiere que disfrute la vida a plenitud. Pruebe poniendo su confianza en el autor de la vida, pídale que venga a su corazón, dígale: “Jesús le acepto como mi Señor y Salvador, quiero hacer su voluntad y no la mía, deme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las que pueda y sabiduría para distinguir la diferencia; enséñeme a vivir en paz aun en medio de la tormenta”.

 

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