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Mil historias podrán ser contadas sobre su vida, pero ninguna fascinará tanto como la que él mismo revela en cada carta cargada de amor enviada a la mujer que fue para él más que una compañera. Una caligrafía que varía, quizás obedeciendo su estado de ánimo. Un estilo inconfundible que se mantiene incólume en cada correspondencia. Eso se observa en la Exposición Itinerante de Documentos y Manuscritos Personales de Rubén Darío que se encuentra en Nicaragua.

Los facsímiles que permanecerán en Nicaragua hasta marzo, son parte del Archivo Rubén Darío de la Universidad Complutense de Madrid y fueron facilitados por esa mujer que nunca fue su esposa, pero sí su más fiel compañera, a la que le profesó amor, devoción y respeto.

Sobre la historia de la procedencia de los documentos, el doctor Jorge Eduardo Arellano señaló que el 25 de octubre de 1956 fueron trasladados a Madrid dentro de un baúl desde el pueblito de Navalsaúz, de donde era originaria la mujer que los cedió al Ministerio de Educación y Ciencia, su celosa guardiana Francisca Sánchez del Pozo, la joven española analfabeta con la que convivió 15 años, el poeta.

Sus tratos cariñosos

“Coneja: Haciendo un gran sacrificio te mando cien francos. Llegó el director de La Nación, no sé todavía lo que resolverá de mí. Si me quedo en París o me manda otra vez a España. Ojalá me comuniques pronto que tu salud está mejor”, escribió Darío a su Francisca Sánchez el 25 de agosto de 1900.

Imaginar al cantor de las musas refiriéndose a la mujer que ama como “coneja”, quizás resulte inaudito para algunos, pero es uno de sus apelativos con los que en sus cartas trató a Sánchez del Pozo, a quien también llamaba hija y tataya.

Particularmente llamativos también resultan algunos de sus testamentos, en especial el que hizo el 23 de mayo de 1914 en el que declaró: “En mi sano juicio y en la religión católica, declaro que si por cualquier accidente u otra causa llegase a fallecer, Todo lo que yo tengo y puedo tener lo dejo a doña Francisca Sánchez del Pozo”.

Asimismo, impresionan documentos que pertenecen a su faceta como escritor prolijo relacionado con los mejores escritores y editores de su época. Sin olvidar que conservaba sus nombramientos como cónsul en Buenos Aires y París, así como el de embajador en España.

En el archivo también hay recibos que detallan cuánto costaron los muebles con los que Sánchez del Pozo acondicionó su casa. También se aprecia una postal del cortejo fúnebre que León realizó al inmortal Rubén Darío.

El montaje de la exposición es de primera, combina las técnicas “in vitro” tradicionales que permiten ver los documentos tras un cristal con las exhibiciones tecnológicas modernas. En algunos dispositivos electrónicos se pueden apreciar cartas de reconocidos escritores como Gabriela Mistral, Leopoldo Lugones, Manuel y Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Enrique Gómez, Ramón del Valle Inclán, entre otros.

 

La "coneja" del poeta

“Coneja: Haciendo un gran sacrificio te mando cien francos. Llegó el director de La Nación, no sé todavía lo que resolverá de mí… Ojalá me comuniques pronto que tu salud está mejor”, le escribió Rubén Darío a Francisca Sánchez el 25 de agosto de 1900.


La voz de Francisca Sánchez del Pozo en León

Una de las piezas más interesantes de la exhibición es la última entrevista realizada a Francisca Sánchez. En el audio comprende la dimensión de su relación con el poeta; y es la historia de amor narrada por la mujer que se enamoró del bardo en 1899, cuando se conocieron en Madrid.

La exposición estará abierta en la Fundación Ortiz Gurdián, Casa Delgadillo, en León, del 17 al 31 de enero. Luego será llevada a Granada, del 16 al 23 de febrero y por último estará en Managua, en el Palacio de la Cultura, a partir del 7 de marzo.