•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

El 22 de enero de 1967 podría ser una fecha cualquiera para la mayoría de los nicaragüenses, pero para quienes tenían uso de razón entonces y estuvieron en la Avenida Roosevelt de Managua al despunte de la tarde, ese día marcó sus vidas para siempre.

Un disparo causó el caos en la multitudinaria protesta contra el régimen de ese momento. Enseguida los gritos, más detonaciones, y la sangre comenzó a correr por la Roosevelt, dejando al menos a un mil muertos en lo que hoy conocemos como la Avenida Sandino, que parte de la actual Asamblea Nacional, hasta el monumento al Soldado Desconocido, contiguo al hotel Crowne Plaza.

La cita, a la que había invitado la entonces Unión Nacional Opositora, liderada por su candidato presidencial, Fernando Agüero Rocha, era en protesta contra el presidente de Nicaragua interino, Lorenzo Guerrero Gutiérrez —designado tras la muerte de René Schick Gutiérrez—, y contra el general Anastasio Somoza Debayle, que dominaba con puño de hierro a la nación y era el candidato liberal para la Presidencia.

A 47 años de esa marcha que terminó en masacre, un grupo de sobrevivientes se reunieron para conmemorar el suceso analizando lo que sucedió en ese momento y sus implicaciones.

La teóloga Michelle Najlis, entonces activista del movimiento opositor al régimen, recuerda que ese día, antes de los disparos, perdió la inocencia que tenía frente a la política y su “fauna”, cuyos pensamientos estaban más allá de lograr un cambio legítimo de gobierno.

Agregó que quienes antes lideraban las marchas se quedaron atrás para dejar a los estudiantes al frente, como carne de cañón de la Guardia Nacional que los esperaba.

“Estaba en la marcha y de repente Luis Rocha me avisó que había orden de retirarse y que me llevara a toda la gente que pudiera, porque la marcha no era para exigir elecciones libres, pues era respaldada por la embajada americana con la intención de darle el poder a Agüero”, rememoró Najlis.

Añadió que al conocer esto se subió a una macetera enorme del entonces Banco Nacional de Nicaragua y, con un megáfono, pidió a la gente que regresara, pero la mayoría no le creyó y continuó la funesta marcha.

Danilo Aguirre, quien en ese momento era editor del diario La Prensa, señaló que no suscribe ni rechaza la versión de la intervención extranjera en 1967; sin embargo, los círculos políticos hablaban de que existió un acuerdo de Agüero para ponerlo en la Presidencia, aunque la probabilidad de que removieran del cargo al general Somoza la consideró muy remota.

Aguirre comentó que tras de la masacre, la oposición, que antes marcaba al carismático Agüero, declinó al igual que el movimiento que presidía.

Para el historiador Rafael Casanova, todas y cada una de las experiencias deben rescatarse y conocerse objetivamente los hechos, con el fin de que sean un ejemplo para las nuevas generaciones.

Una acción desorganizada

Pedro Guatemala, en ese entonces un adolescente, expresó que el lema “con Agüero ando y con Agüero muero” ahora es una frase hueca, pero en su momento caló en su idealismo.

“Para mí la marcha de Managua era la culminación de una campaña que veníamos haciendo por todo el país, pero nunca imaginé lo que sucedería. Recuerdo que había quienes gritaban ‘De que se va, se va, pero hoy’, y me preguntaba: ¿Por qué dicen eso?”, comentó Guatemala.

Tanto Olinto Valle como Frank Cortés, entre otros que recordaron los hechos, afirmaron que muchos sabían lo que sucedería ese día y a varios miembros de movimientos opositores se les dio armas cuando comenzó la masacre, pero no era una acción organizada y fácilmente fue repelida.

 

Terrorismo

La manifestación del 22 de enero se convocó en medio de la falta de credibilidad en el proceso electoral, y las cercanías de las elecciones presidenciales del 5 de febrero de 1967.

La masacre del 22 de enero se considera un acto de terrorismo de Estado.

Se desconoce la cantidad exacta de heridos y muertos, aunque se calculan entre 1,000 y 1,500 los fallecidos.