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La noche transcurrió con normalidad hasta las 11:30, cuando un auto avanzó rápidamente por la báscula de Mateare. Jackeline de los Ángeles Membreño López, de 25 años, le hizo la señal de alto, pero el ebrio al volante no acató la orden de la agente policial y la atropelló. La llevaron con vida al hospital, pero falleció horas después por trauma craneoencefálico.

Uno de los 50 alcoholímetros con que cuenta la Policía reflejó que Jewel José Díaz Castillo, de 28 años, tenía 2.36 grados de alcohol por cada litro de sangre, lo que según la Ley de Tránsito y sus Reglamentos, Ley 431, corresponde a un estado de ebriedad.

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El chofer fue condenado y sancionado administrativamente con una multa de C$1,500 más la suspensión de la licencia de conducir por cuatro años, mientras cumple su pena.

El año pasado murieron 185 personas que conducían en estado de ebriedad en los 202 accidentes en que se vieron involucrados choferes borrachos, los que además dejaron a 195 lesionados.

Si uno compara la cantidad de accidentes provocados por ebrios con el total de accidentes ocurridos el año pasado (27,170), descubre que apenas representan el 0.74 por ciento.

“(No obstante), siempre tenemos los días complicados, como los fines de semana, cuando se producen más accidentes de tránsito; pero los sábados son los días críticos, porque la gente sale a relajarse, van a reuniones sociales y, por ende, ingieren licor”, comentó el comisionado Iván Escobar, jefe de la Secretaría Nacional de Tránsito de la Policía Nacional.

Escobar agregó que “aunque sea un trago o una cerveza, eso incrementa el riesgo de accidentarse”.

El comisionado mayor Emilio Rodríguez, jefe de la Policía Nacional del Distrito I de Managua, aseguró que solo en el Distrito que él dirige ocurrieron el año pasado 5,525 accidentes que dejaron 26 muertos y 446 lesionados, pero que no en todos tuvo que ver el alcohol.

“El alcohol es un agravante en los accidentes de tránsito”, expresó el comisionado mayor Rodríguez.

Útil herramienta

Si la Policía no hubiese tenido el alcoholímetro el día que falleció la oficial de tránsito, nunca se hubiese sabido qué tan ebrio estaba Díaz.

Las autoridades policiales reconocen que 50 alcoholímetros con que cuentan son muy pocos para “controlar” a más de 600 mil conductores de vehículos a nivel nacional, pero no todos circulan al mismo tiempo, ni todos andan conduciendo en estado de ebriedad.

En las épocas del año en las que hay “movilizaciones masivas” de vehículos en las vías, como Semana Santa, Navidad y Año Nuevo, las delegaciones policiales que tienen mayor número de alcoholímetros “le prestan” a las que tienen menos, explicó el comisionado Ronald Castillo, subdirector de la Dirección de Seguridad de Tránsito de la Policía Nacional.

Ahora que el Consejo Superior de la Empresa Privada, Cosep, está proponiendo una reforma a la Ley de Tránsito, para que se considere como un conductor ebrio a aquel que ande una concentración de alcohol mayor o igual a los 0.50 grados por litro de sangre, el uso del alcoholímetro toma importancia.

Multa proporcional

“La norma exige determinada cantidad de alcohol. Con base en ese límite, el agente de tránsito establece la multa que aplicará. Si la lectura revela que el conductor excede los 0.5 grados de alcohol por cada litro de sangre, anda ebrio, y la multa es de C$1,500. Si no llega a ese valor y el aparato marca 0.49, ese número corresponde a aliento alcohólico y la multa es de C$100 más alguna sanción conexa, como la suspensión de la licencia por tres meses, si es la primera vez”, explicó el subdirector de Seguridad de Tránsito.

Agregó que la segunda vez la suspensión es por seis meses y la tercera puede ser la suspensión de por vida.

Cuando la persona “sale pegada” con estado de ebriedad, se le retiene hasta por 12 horas para que disminuya el nivel de alcohol en su sangre y pueda conducir hasta su casa.

Luego, el conductor infractor es enviado a un curso que dura dos meses, en el que recibe charlas con psicólogos, cruzrojistas, trabajadores del Ministerio de Salud y Alcohólicos Anónimos, para concienciarlo sobre los peligros y el riesgo económico que representa para él, su familia y la sociedad el que ingiera alcohol mientras conduce.

El comisionado Castillo explicó que no se puede medir cuántos grados de alcohol contiene un trago o una botella de cerveza, porque el nivel de absorción del organismo depende de la contextura y el peso de cada persona.

Peso y talla influyen

“Una persona delgada, de unas 90 libras, que se tomó una cerveza, probablemente marque 0.5 grados de alcohol por litro de sangre; pero si quien se toma la cerveza es una persona recia, que pesa unas 300 libras, posiblemente marque 0.01 grados por litro”, señaló el comisionado Castillo.

Factores en la absorción

El estado psicológico también influye en la forma en que el organismo asimila el alcohol: si la persona está decaída, deprimida o triste, el guaro le llega más rápido al cerebro; pero si el conductor tomado está feliz o alegre, el efecto es diferente.

El tipo y tamaño de las raciones de alimentos también influyen. “Hay personas que dicen: yo me tomo el trago con sopa, porque llega menos; claro, porque si se toma un trago con medio vaso de agua o medio litro de sopa, el alcohol se diluyó en litro y medio de líquido y la afectación para el organismo es mínima”, explicó Castillo.

“Pero hay personas que toman con gaseosa y las burbujas de esa bebida hacen que el alcohol penetre más rápido en el torrente sanguíneo y llegue al cerebro. Hay otros que se pasan (el trago) en seco y ese va más puro”, agregó.

La condición de salud del tomador también influye, porque la literatura médica indica que si la persona tiene el hígado en buen estado, quema 0.6 grados de alcohol.

“Pero si se tomó un litro de ron con 33% de alcohol, usted se bebió la tercera parte del alcohol puro y son 125 centímetros cúbicos de alcohol los que se metió en la sangre. El hígado solo repara medio centímetro cúbico de alcohol por hora, de tal forma que necesitará 250 horas para eliminarlo”, apuntó.

 

51 muertos

En los 30 primeros días del mes de enero de este año se registraron 1,986 accidentes, 50 menos que el año anterior, pero con igual número de fallecidos al comparar ambos períodos: 51.

 

Borracho cansado

El comisionado Ronald Castillo, subdirector de la Dirección de Seguridad de Tránsito de la Policía Nacional, comentó que no es cierto que el baile, una taza de café o un baño ayuden a “bajar” el guaro, porque al final lo que resulta es un borracho cansado en la calle o uno enervado o alterado por efecto de la cafeína, o uno con frío.

Conducir es una actividad que exige la utilización de vista, oído, reflejo y atención para reaccionar ante situaciones complejas.

Según los estudios, la persona que conduce después de tomarse un trago tiene un 40 por ciento más de posibilidades de sufrir un accidente, como el que tuvo Jewel José Díaz Castillo y que le costó la vida a la oficial Jackeline de los Ángeles Membreño López.

 

“El alcohol es un agravante en los accidentes de tránsito”.
Comisionado mayor Emilio Rodríguez, jefe de la Policía Nacional del Distrito I de Managua.