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El ingeniero Francisco Gadea, Director de Áreas Protegidas del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (Marena), señaló que el Estado nicaragüense desde el pasado mayo sentó una posición oficial en defensa del río San Juan, que sería el mayor afectado por la apertura del proyecto minero a cielo abierto Las Crucitas, desarrollado por industrias Infinito, representante de la transnacional canadiense Vannesa Ventures.

De acuerdo con el director de Áreas Protegidas, el ecosistema de la zona es sumamente frágil y posee humedales que son de importancia internacional, como es el caso de Los Guatuzos.

“Nosotros estamos trabajando en la gestión territorial comunitaria en función de país, el gobierno tiene una pronunciamiento oficial sobre el tema, nuestra competencia es continuar realizando acciones de protección a estos ecosistemas prioritarios”, afirmó.


32 municipios afectados en Nicaragua
En mayo, la titular del Marena, licenciada Juana Argeñal, dio a conocer un informe sobre el impacto que ocasionaría en Nicaragua dicho proyecto minero y la negativa nacional para el mismo.

Según estudios técnicos realizados por el Marena, las afectaciones de Las Crucitas redundarían en 32 municipios del país ubicados en las costas del lago de Nicaragua y en las riberas del río San Juan, en forma de sedimentación, afectación de la calidad del agua y del ecosistema fluvial por contaminación de residuos químicos como el cianuro y otras sustancias usadas en el proceso productivo, daños severos a la biodiversidad de las especies del río San Juan, afectación a la calidad paisajística y perjuicios graves al potencial turístico.

También el informe de Marena expresa que con el actuar de la transnacional minera en Costa Rica, se violentan principios elementales y acuerdos internacionales, tales como el dictado en la cumbre de Río de Janeiro, que establece que los proyectos fronterizos deben ser concertados entre los países limítrofes por considerarse que los impactos ambientales no tienen fronteras.

“Éste es un proyecto en una región fronteriza que involucra a una cuenca internacional de manejo delicado, como son los humedales del corredor Biológico Mesoamericano; más que afectar a un país se afecta a un pulmón del planeta”, destaca Marena en su informe.


Lapas por extinguirse
Si bien uno de los grandes retos es conservar el agua, el humedal y las especies que tienen como hábitat el río San Juan, la primera víctima de la tala rasa --aprobada para efectos de establecer la mina a cielo abierto a través del decreto 201 publicado en La Gaceta, diario oficial de Costa Rica, del 17 de octubre pasado, decreto que está siendo recurrido de amparo-- sería la lapa verde (ara ambigua), ave emblemática de la zona.

De acuerdo con el ornitólogo nicaragüense Martín Lezama, esta ave está en peligro de extinción, y en 2003 se contabilizaron apenas 35 parejas en edad reproductiva.

“Está de más decir que las 260 hectáreas que el gobierno costarricense aprobó para que fueran taladas porque la mina es “de interés público y conveniencia nacional”, se encuentran en un núcleo boscoso poblado de árboles de almendro, principal alimento y sitio de anidación de estas aves que podrían contarse como las primeras víctimas del desastre que ocasionarán Las Crucitas, que terminaran crucificándolas”, dijo Lezama.

Cada pareja de lapas verdes requiere para su reproducción de al menos 35 hectáreas para alimentarse. Su período de anidación va de diciembre a junio y sólo tienen dos crías, es importante destacar que no crían todos los años y que son monógamas, es decir, sólo tienen una pareja para reproducirse.


Acciones dignas de réplica
Por su parte, Milton Camacho, ex director de Areas Protegidas de Marena y asesor del Club de Jóvenes Ambientalistas (CJA), señaló que las acciones tomadas por la sociedad civil costarricense en contra de la minería son dignas de replicarse en Nicaragua, que será al fin y al cabo el territorio más devastado por Las Crucitas.

“Nos ha faltado beligerancia en Nicaragua a todos los ambientalistas, no podemos seguir viendo de lejos un problema que acabará con millones de años de adaptación, la sedimentación proveniente de la mina y el despale, no sólo dificultarán la movilización de las personas que habitan estos territorios, sino que influirán en el ingreso de especies emblemáticas como el tiburón y pez sierra; tampoco podemos ver de lejos cómo se pone en riesgo el segundo núcleo boscoso más extenso y mejor conservado del Corredor Biológico Mesoamericano, que al final genera oxígeno y agua para todo el mundo, este entonces es un asunto de interés mundial”, concluyó Camacho.