Jorge Eduardo Arellano
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Moscú

Rusia ha lanzado una enérgica ofensiva diplomática, económica y cultural en Latinoamérica, pero en el futuro este rumbo dependerá en gran medida de quién gane las elecciones norteamericanas. Si el vencedor es McCain, Moscú mantendrá su línea de respuesta a la política de George Bush. Si gana Obama, el Kremlin deberá sopesar si quiere una relación más constructiva con Washington a costa de moderarse en su trato con los regímenes izquierdistas latinoamericanos, que aún ven impulsos revolucionarios en la Rusia de hoy, si más no como contrapeso a EU.

En su estrategia latinoamericana, Rusia abarca una gama de estados, desde Brasil a Argentina, pero sus principales pilares son Venezuela y Cuba, con los que ha formado un ‘triángulo de influencia’ para ‘debilitar la influencia norteamericana’, afirma Vladímir Simago, vicepresidente del consejo empresarial ruso-venezolano.


Una irritación personal
El origen de este triángulo, opina, es ‘la irritación casi personal’ que la política exterior de Bush ha provocado al jefe de Gobierno Vladímir Putin. El resultado es una cierta simetría de actuación. Movido por los ‘sentimientos’ de Putin, el Kremlin reproduce en América Latina su propia versión de los irritantes generados por Washington y sus aliados atlantistas en torno a las fronteras rusas en Europa y en el Cáucaso. El Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ‘golpeó largos años’ las puertas de Rusia, mientras la prensa le trataba como ‘un personaje impulsivo y algo chalado’, dice Simago.

El Kremlin frenaba sus relaciones con Venezuela para no estropear las relaciones con EU, lo que molestaba mucho a Chávez’, añade. Pero la preocupación por la imagen se ha disipado. El venezolano ha estado dos veces en Rusia este año y Dmitri Medvédev que planea visitar Perú el próximo noviembre para asistir al Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), podría visitar también Venezuela en esas fechas.

Entre el 10 y el 14 de noviembre, Rusia y Venezuela realizarán en el Caribe maniobras navales conjuntas que, de prevalecer el deseo de colaborar con Washington, podrían convertirse, según Simago, en una ‘invitación a la lucha conjunta contra la piratería marítima’.

El comercio de Rusia con América Latina en su conjunto es algo mayor que con España, país que en 2007 supuso el 1,4% del volumen del comercio exterior ruso. Brasil, con un 1%, va a la cabeza, seguido de Argentina con un 0.3%, y México y Chile, con un 0,1%, respectivamente. No obstante, los planes son ambiciosos. Rusia ha firmado con Venezuela un memorando para crear un consorcio entre la compañía estatal de Petróleos de Venezuela (PDVSA) y un grupo de empresas rusas liderado por el monopolio del gas Gazprom, (Rosneft, Lukoil, TNK-VP y Surgutneftegaz).

El consorcio abordará proyectos en Venezuela y en otros países del continente. El capítulo más sólido de la cooperación con América Latina es el de venta de armas, a través del consorcio Rosoboronexport, sancionado por EU por sus tratos con Irán.

Según datos oficiales, en los últimos tres años Rusia y Venezuela han firmado contratos por valor de 4,400 millones de dólares, que incluyen cazas Su-30MKV, helicópteros Mi-17, Kalashnikov y una planta para fabricar estos fusiles. Moscú prevé conceder a Caracas un crédito de 1000 millones de dólares para nuevas compras de armamento y negocia el suministro de Tanques T-72M y sistemas de defensa antiaérea.


Actividad rusa impresionante
La relación económica ruso-venezolana se ha hecho ‘más cerrada y más estatal’ desde que Igor Sechin se ha convertido en el jefe de la comisión mixta ruso-venezolana, opina Simago. Sechin, que como Putin procede de los servicios de seguridad (el antiguo KGB), es el vicejefe de gobierno responsable de la política energética y es considerado el principal artífice del acoso que llevó a la ruina a la petrolera Yukos en beneficio de la estatal Rosneft. La centralización de las relaciones económicas ruso-venezolanas ‘viola el principio del libre comercio y descuida los intereses de las pequeñas y medianas empresas así como de las regiones de Rusia interesadas en Venezuela’, afirma Simago.

La actividad de los allegados y paisanos de Putin en Latinoamérica es impresionante a juzgar por sus viajes. En menos de dos meses, Sechin, que preside también la comisión mixta intergubernamental ruso-cubana, ha estado dos veces en La Habana (una a fines de julio y otra en septiembre), y esta semana estará de nuevo en Caracas. Nikolái Pátrushev, jefe del Consejo de Seguridad, visitó Venezuela, Argentina y Ecuador en octubre tras haber estado en Cuba en julio (con Sechin).

El periódico oficial Parlámentskaia Gazeta presentó la eventual incorporación de Moscú al grupo como una iniciativa de los ‘países latinoamericanos’. En el marco de la UNASUR se puede producir una cierta rivalidad con Brasil, que es el principal productor de armas en América Latina, afirma Simago. Precisamente, Río de Janeiro, ha sido el lugar elegido por Gazprom para establecer su principal sede de Latinoamericana.

La solidaridad de Venezuela o Cuba con Moscú no ha llegado hasta el punto de reconocer a Osetia del Sur y Abjazia como estados, cosa que sí ha hecho Nicaragua. ‘Venezuela no se lo puede permitir por sus tensiones internas y Cuba, por el respeto al principio de la integridad territorial’, afirmaba una fuente latinoamericana. La ofensiva rusa incluye también a la iglesia ortodoxa, que ha inaugurado un templo en La Habana y que se plantea incrementar su red de parroquias en Latinoamérica.