Edwin Sánchez
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Los petrodólares también pueden volver “antimarxista” a un presidente que de manera contradictoria propone un “socialismo” no del siglo XXI sino del “que-me-dé-la-gana”. Por eso, el doctor Julio Briceño Dávila describe cómo el propio Hugo Chávez construyó su derrota, que al final de cuentas se convirtió en un golpe contra la izquierda latinoamericana.

Briceño, un marxista de trayectoria, criticó al mandatario venezolano el hecho de que por contar con enormes recursos económicos, puede desdeñar la falta de un partido de los obreros, darse el lujo de despreciar las leyes sociales y pretender un odioso “poder vitalicio”, que sólo recuerda a toda una galería de la infamia: Hitler, Stroessner, Somoza y Duvalier, entre otros.

“Por una parte, por sentido común, las masas trabajadoras no ven muy coherente la lucha por un socialismo que va a convivir con el sistema capitalista en Venezuela, y, por otra, es que las leyes sociales no funcionan de esa manera”.

“Mas bien así pensaban los filósofos franceses del siglo XVII Saint Simón, Fourier y Owen que no consideraban que primero debía emanciparse una clase social, los trabajadores, sino de golpe toda la humanidad”, agregó.

“Fijate, a 124 años de la muerte de Carlos Marx, su legado es una arma poderosa de la Filosofía y de la Economía Política, arma poderosa para escudriñar las leyes sociales y una guía para su aplicación.

“Un columnista antimarxista del Washington Post, uno de los más influyentes periódicos de Norteamérica, decía no hace mucho: ‘En alguna parte del mundo anda hoy el próximo Marx, para recalcar que el marxismo no desaparece porque se haya extinguido la URSS’. El autor fue funcionario de la Secretaría de Comercio Interior de la Administración Clinton”, señaló el doctor Briceño.

Tengo que recurrir a este dato porque Chávez aseguró que “el Partido Socialista de Venezuela no puede calificarse como “marxista-leninista” porque esa “es una tesis dogmática que pasó y no está acorde con la realidad de hoy”. Dijo que para el siglo XXI son categorías “obsoletas”.

“El trabajo hoy es otra cosa, es distinto, está la informática y la telemática, y Carlos Marx ni siquiera podía soñar con estas cosas”, insistió el mandatario venezolano. El Presidente pretende ignorar que el Partido con el que debe construir el socialismo tiene que ser necesariamente el Partido de la Clase Obrera. Allí están los resultados de sus concepciones antimarxistas, cuestionó.

Asimismo, subrayó que “el proyecto de reformas no pudo ser suficientemente bien explicado, y, por consiguiente, no pudo ser digerido por una inmensa mayoría de población, los tres millones que se abstuvieron”.

Proyecto contradictorio de socialismo

La derecha tuvo tiempo y la experiencia de siglos para distorsionar perfectamente el contenido de las propuestas, y la gente no puede entender fácilmente en nueve años un proyecto contradictorio de socialismo mientras permanece la propiedad privada sobre los medios de producción.

¿Qué tanto pesó en el electorado, la oferta de un poder vitalicio, desde una perspectiva de socialismo del siglo XXI?

La idea del poder vitalicio se relaciona con la autoridad y el mando hasta la muerte, y estos conceptos, para los pueblos con su historia, trae la remembranza de toda una galería de dictadores nefastos que han pasado por la humanidad, como Hitler, Stroessner, Somoza, Duvalier, Suharto, Hugo Banzer, y decenas de otros más.

En la misma Venezuela, en la Constitución de 1999, se puso fin a la figura de los ex presidentes ejerciendo el cargo de senadores vitalicios. Realmente es odiosa esa figura para cualquiera, para todos nosotros, aquí en Nicaragua se habla en la propuesta de reformas constitucionales de poder vitalicio para distintos personajes. La gente repudia lo de vitalicio.

Las muletas prestadas

La derecha supo sacarle el jugo a la idea de eliminar el límite de los mandatos presidenciales, y la izquierda no supo defender el planteamiento de concentrar todo el poder en la presidencia, dijo el doctor Julio Briceño. “Esto me recuerda el mandato del peronismo en Argentina cuando Perón había desarrollado un movimiento policlasista, donde el elemento estatal se imponía sobre el elemento clasista de la central obrera argentina. Perón supo maniobrar su populismo con una clase obrera desarrollada, a la cual logró incorporar a la vida política”.

“Si Chávez fuera un marxista contribuiría a conformar una organización revolucionaria de la clase obrera para que ésta tuviera una intervención consciente de clase con su propio plan de acción para llevar a la práctica un programa socialista”.

Dado que el gobierno de Venezuela es muy cercano al nicaragüense, ¿qué influencia podría tener esto en la política nacional y el comportamiento del propio presidente Ortega?

El gobierno nicaragüense es un gobierno burgués y camina como una vieja mal maquillada, y de ajuste agarrada de muletas prestadas. Una muleta se la presta Venezuela y la otra la cúpula de la Iglesia.

De tal suerte, que el golpe dado por la oligarquía venezolana ha hecho traquetear la muleta del presidente Ortega, pero también golpea a toda la izquierda latinoamericana, nos golpea a todos nosotros. La cuestión está planteada de tal manera que cualquier derrota que se propine al Socialismo del Siglo XXI en Venezuela va a repercutir negativamente de alguna forma también contra las fuerzas de izquierda de Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Chile, Argentina y Uruguay de manera particular.

Y ese golpe a cada país, si no nos prevenimos, va a rebotar de nuevo contra Venezuela porque así funciona la naturaleza rapaz del imperio.

Con todo, el doctor Briceño dijo que “visto así el Socialismo del Siglo XXI que preconiza Chávez merece mucha simpatía, por cuanto es un movimiento social progresista que apoyamos en medio de esta vorágine neoliberal, pero que científicamente no es viable”.